La rebeldía que no se apaga: John Sinclair

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Hace unos siete años, a su paso por el festival Spoken Word de Sevilla, tuve el gozo de poder entrevistar a John Sinclair. Un gurú del rock que, junto al guitarrista Mark Ritsema, venía a presentar su más que notable álbum Criss Cross. Decir algo, a estas alturas, a manera de presentación de este hombre que se ganó los favores de John Lennon, Yoko Ono, Allen Gignsberg o Timothy Leary, fue cerebro, artista e ideólogo destacado tanto del mítico grupo de Detroit, MC5, como de gran parte de la revolución contracultural surgida del país norteamericano en los años 60 y que todavía sigue siendo un referente inexcusable para músicos, poetas y artistas de toda índole como, por ejemplo, Sonic Youth, se me antoja banal. Simplemente me gustaría dejar de manifiesto que Sinclair mostró una naturalidad admirable durante toda la conversación. Lo que unido a sus ganas de vivir y continuar experimentando, nos permitió disfrutar a Javier García y a mí de una hora de conversación más que agradable que nos dejó un grato, muy grato sabor de boca.

En fin, sin más preámbulos, dejo a continuación la entrevista que apareció publicada tanto en la revista El coloquio de los perros como en la página web www.festivalesderock.com. Página esta última en la que estuve colaborando sólo unos meses pero de la que guardo un bonito recuerdo.

La rebeldía que no se apaga: John Sinclair.

JAVIER/ALEJANDRO: Bueno. En primer lugar, ¿qué opinas de este festival de spoken word que te ha traído a España? ¿Te han gustado España y Sevilla?

JOHN SINCLAIR: Bueno, el festival me ha encantado, nos han tratado muy bien, el comportamiento del público ha sido excelente, había sol, muy buen tiempo, los artistas eran muy interesantes y nosotros hemos podido realizar nuestra propuesta sin ningún problema. ¿Qué más se puede pedir? Han sido unos días maravillosos. Además, según creo, el spoken word no es un género muy habitual en España y, sin embargo, la respuesta a nuestra performance ha sido muy buena por lo que… Genial.

J/A: ¿Y os gustó el show que dio Nick Hornby ayer?

MARK RITSEMA: Estuvo bien. Yo leí Alta fidelidad, que me parece un libro bastante irónico y divertido y los comentarios que realizó ayer eran bastante parecidos a los del personaje. Fue un show bastante entretenido. Aunque no compartiera todo lo dicho por Hornby, sí que me resultó bastante interesante.

J/A: ¿Cómo conociste o te pusiste en contacto con Mark Ritsema? ¿Cuál fue el proceso de grabación que seguisteis para grabar vuestro magnífico Criss Cross? ¿Cómo os planteáis los shows?

JS: Yo conocí a Mark en una de las celebraciones de la Cannabis Cup en Amsterdam que, creo, es un lugar ideal para conocerse. Un lugar perfecto para conocerse entre creadores y no tan creadores. Ja, ja, ja, ja… Como sabes, la Cannabis Cup es una competición que se realiza para valorar cuál es el mejor cannabis que se cultiva en la actualidad y, bueno, yo he sido su supervisor en varias ediciones, lo cual es un honor. Se pasa de maravilla y además se pueden hacer todo tipo de contactos artísticos, como nos sucedió a nosotros.

MR: En cuanto al proceso de grabación fue bastante simple. Hablamos un poco de lo que queríamos hacer, pero sin una idea preconcebida y el 1 de enero de 2005 nos metimos en un estudio en Ámsterdam y en dos días completamos la grabación. Fue una grabación espontánea y en la que no usamos productor. Queríamos que la música sonara al natural a la manera de los antiguos bluesman americanos como John Lee Hooker, queríamos dejarnos fluir con ella, discurrir libremente y no estar obligados a someternos a la rigidez de las composiciones o de una estructura previamente organizada.

JS: En cuanto a los shows, intentamos que surjan de manera tan libre como se forjó el disco. Realmente, no sabemos muy bien nunca qué composiciones o temas vamos a tocar y esto nos proporciona una sensación de riesgo, de libertad y de improvisación que es lo que queríamos conseguir. Nuestra meta es llegar a un lugar y, dependiendo de cómo nos sintamos, tocar una u otra canción. Esto es difícil para ambos, porque nunca sabemos cuál va a ser nuestro próximo paso, pero nos estimula y da libertad. Es nuestra manera de ubicarnos en el mundo y la creación. Siempre de manera sorpresiva, siempre anhelando el espacio de la libertad y, claro, rindiendo homenaje a todos esos músicos increíbles de blues que recorrieron toda América cantando sus historias y componiendo sus canciones a medida que las vivían y conforme iban sintiendo los dolores, alegrías y placeres del amor, de la vida. Ellos llegaban a una población, decían su verdad, contaban sus batallas que hacían referencias a sus vidas y se iban, y este es el espíritu que nosotros queríamos recoger. También hemos querido homenajear a todos esos hermanos nuestros que lo pasaron mal, muy mal después de la inundación sufrida hace unos veranos por el huracán Katrina (…) Fíjate que nos planteamos de tal manera la música que cuando los organizadores de este festival nos dijeron que debíamos pasarle un listado de los temas para que pudiéramos realizar la traducción, nos sentimos bastante sorprendidos. Es la primera vez que hemos tocado juntos sabiendo más o menos el orden de las canciones y las letras exactas que íbamos a presentar. En el resto de los conciertos que hemos desarrollados para un público de habla inglesa, los temas que tocamos van surgiendo dependiendo del ánimo que tengamos esa noche, de la inspiración y el momento como hacían todos esos fantásticos y míticos bluesman que recorrían Norteamérica sólo con un instrumento y su voz para narrar las verdades que había en su corazón y encontraban en el camino.

J/A: Sin embargo, en el disco y el show que vimos anoche, no sólo homenajeabais a los bluesman de Nueva Orleáns, sino también y sobre todo a Thelonious Monk.

 J/A: Bueno, claro, es que Thelonious Monk era también un músico negro que se dejaba fluir de manera libérrima en todo lo que hacía. Él era un auténtico genio y estaba conectado de una manera u otra con estos bluesman porque él no sólo era un músico de club. Acuérdate que a mediados de la década de los 30 y años antes de comenzar a tocar junto a Kenny Clark en el Minton´s Playhouse y dar lugar al fascinante bebop, Monk estuvo recorriendo América con su piano junto a un predicador evangelista. Iba recorriendo los pueblos de la América profunda y dando testimonio de todo aquello que observaba con su piano, con su manera original, mágica e inconfundible de tocar el piano que lo hacía un músico especial (…) Monk era otro músico que, dependiendo de las circunstancias del momento, cambiaba las estructuras de las frases musicales y las canciones. Era pura inspiración y su única intención era fluir musicalmente. Monk era un verdadero artista. Todo un artista. Un hombre que era capaz de tocar de diversas maneras un mismo tema, hacerlo diferente y reconocible a la vez pero siempre diferente y que siempre estaba empeñado en ser verdadero, en transmitir únicamente y con toda la sinceridad posible aquello que había en su corazón. Y de esto habla el disco: de todos los artistas que, como Monk, han dado testimonio íntegro de la realidad, no han tenido miedo y han dicho su verdad sin importarles las circunstancias políticas y las modas. Habla de la auténtica música eterna, la del corazón. De los creadores que se recordarán durante décadas y que cambiaron el rumbo de la música (…) Realmente, Monk era un genio y en todo el disco, de manera improvisada, intento seguir su rumbo y conectarlo con otros creadores musicales inmensos como Robert Johnson o Charlie Parker o poetas y escritores como Burroughs o Kerouac. Porque hay algo que quiero que quede claro: en los años del bebop y la generación beat, el arte —como siempre ha de ser— no estaba dividido en estancos diferentes. Al contrario, la manera de escribir de los autores de la generación beat era improvisada, se dejaba fluir y dependía de las circunstancias del momento y del estado de ánimo de sus creadores para forjarse de una manera u otra, como les sucedía, por ejemplo, a los músicos de jazz como Monk, que siempre que tocaba el piano transmitía una sensación diferente y mágica o bluesman como Howlin´ Wolf. A ellos los homenajeo, aunque me centre en Monk, porque su talento era desbordante y porque cuando murió en 1982 sentí un gran vacío en mi persona y observé que se produciría, a su vez, un gran agujero en el mundo musical, pues con él se iba un auténtico creador, un espíritu libre como yo he intentado ser toda mi vida (…) ¿Sabes? yo me he ganado bien toda mi trayectoria la vida, pero no he tenido jamás un trabajo oficial o algo parecido que se entienda normalmente como trabajo estable. He tenido más o menos problemas de dinero, pero siempre he vivido bien, intentando no ofender a nadie, gracias al arte, a mis poemas, mis discos. Esto es lo verdadero y auténtico que se encuentra en la lección de músicos como Monk: la capacidad y necesidad de ser uno mismo, de ser mutable o variable, pero ser siempre fiel a una única verdad que es el arte y que es la máxima manifestación de libertad del ser humano. Lo digo en el primer tema del disco: la gente no sabía qué es lo que tocaba Monk, se reían o menospreciaban su forma de tocar, no creían que fuera capaz de tocar el instrumento, pero Monk era mucho más grande que todas las opiniones que se pudieran decir sobre él y su música y siempre se sobreponía a ellas como el auténtico innovador que era. Les ha pasado a todos los grandes genios de la música (…) Todos los artistas de los años 50 y 60 estábamos comprometidos con la creación artística y no importaba tanto que trabajáramos en un medio u otro. No importaba. Precisamente, te diría que aunque hayamos presentado este disco en un festival de spoken word, no considero a mi disco un disco de este género en su integridad. Es algo más libre, más blues o jazz, algo que tiene que ver con los sentimientos íntimos, la libertad, el corazón y la creatividad: todo aquello que representó Monk durante un tiempo y que siempre simbolizará junto a Charles Mingus, Gillespie y músicos fantásticos como ellos. Yo también me siento así, girando de un lugar a otro, y mis letras, discos o poemas se componen en instantes, casi sin previo plan, me dejo fluir y puedo hablar de mis viajes, de los músicos o escritores que me gustan de manera improvisada o de mis amantes. No importa. Lo que importa es la inspiración, trasladar a la música de manera auténtica aquello que sientes, que los versos de los poemas se encabalguen y fluyan como el piano de Monk o un solo de saxofón siempre buscando los horizontes de la libertad, los lados ocultos de la misma e intentando mostrar todos aquellos mundos que se encuentran en la misma y que muchos no quieren o pueden ver (…) De todas maneras, yo ya había grabado un disco en homenaje a Monk, Book of Monk, que publicó Blue Note, aunque es justo decir que en él no había música.

 J/A: Además, siguiendo con el jazz, y al tiempo que realizabas tu carrera periodística, creo que en los años 60 realizaste otro libro o disco de homenaje a John Coltrane.

JS: Claro. John Coltrane era otro de estos músicos a los que me refiero. Era un creador impresionante que con cada una de sus notas cambiaba la realidad en la que se encontraba envuelto y la hacía distinta. Era otro gran creador como Monk, que fluía espontáneamente como yo intento hacer en mi vida con el objetivo de hacer más libre al ser humano y llevarlo a conocer dimensiones desconocidas, no exploradas.  Coltrane era otro músico impresionante al que puedo catalogar como un auténtico poeta. Un auténtico descubridor que con Monk ayudó a cambiar nuestra concepción de la música y hasta te diría que de la vida. Pero, bueno, también he grabado discos sobre Muddy Waters o Sonny Rollins que, cada uno a su manera, ayudaron a cambiar nuestra concepción del mundo y la música.

 J/A: ¿Y qué me puedes decir de Sun Ra?

JS: ¡Oh! Sun Ra durante un tiempo fueron una de las bandas más imaginativas y creativas de este mundo. Una cosa que me hizo mucha gracia cuando conocí a Sun Ra es que cuando lo veías en un escenario, alucinabas con él porque pensabas que estaba en otra galaxia, tanto por su música como por su personalidad, pero luego resulta que fuera del escenario era totalmente igual. No había prácticamente diferencias entre el Sun Ra músico y el Sun Ra persona. Él estaba en otra dimensión donde la música y la poesía caminaban libremente, como se puede observar en su obra, y sucedió en su vida. Lo conocí en el año 1966. Recuerdo que pasé un tiempo con él y los miembros Arquestra en Nueva York y conseguí entrevistarlos para el periódico underground de Detroit para el que solía escribir, The Warren-Forest Sun. Más tarde conseguí que fuera a Detroit e hiciera algunos conciertos en nuestra ciudad que fueron muy minoritarios, pero que con el tiempo se han mitificado junto a MC5 y The Magic Veil Light Show y, posteriormente, mi amistad y trabajo con él se fue amplificando. Siempre me sentí interesado por su particular concepción cósmica de la música y en la medida en que su creatividad continuó fluyendo, como la de Monk, me sentí muy cercano a él.

J/A: ¿Y tu relación con Timothy Leary? ¿Llegaste a realizar alguna ingestión de ácido con él?

JS: Bueno. No llegué a participar en directo en ninguna de las famosas ingestiones de Leary, pero sí que lo hice en alguna ocasión, en el recorrido de su autobús mágico. Es curioso que se me relacione con Leary constantemente. Así también ha ocurrido en mis participaciones en la Cannabis Cup, donde ejerzo, prácticamente, como un sacerdote o gurú que ha de integrar a los participantes en la ceremonia del cannabis. Ja, ja. Está todo bien porque, al fin y al cabo, se trata de llegar a ser libres, de buscar la paz con uno mismo y los demás sin la violencia, el odio o las armas, como hacen tantos estados modernos.

J/A: ¿Cuál consideras que era la diferencia entre los grupos ideológicos de Detroit y los de California dentro del movimiento contracultural de finales de los años 60?

JS: Bueno, las diferencias eran bien claras. Los chicos que vivían en California estaban rodeados de playa, parajes más o menos paradisíacos, un clima soleado y calmo, y esto les ayudaba a formular una visión más pacifista, menos violenta y mucho más utópica de los cambios que querían acometer en la sociedad, de aquello por lo que luchaban. Entre la playa y la arena y los cigarrillos de droga o la experimentación, las proclamas del Sun Flower eran muy interesantes, pero es lógico que tenían que ser muy diferentes de las que produjeron MC5 o The Stooges en la medida en que nosotros vivíamos en una ciudad industrial, rodeados de edificios y oficinas burocráticas por todos lados y con un clima frío en bastantes momentos. Así, cuando queríamos expresar nuestro malestar no podíamos darnos un baño en el mar, sino que de manera violenta expulsábamos toda la ira con esa fría sociedad industrial que nos rodeaba, nos guiábamos más por la descarga automática de nuestra rabia y no tanto por nuestros sueños y anhelos. Éramos mucho más punk sin plantearnos ningún aparato teórico para defender nuestros proyectos y como consecuencia lógica del lugar donde procedíamos. Si hubiéramos vivido en California, lo más normal es que hubiéramos sido radicalmente diferentes. En fin, lo importante es que luchábamos por cambiar el sistema y no tanto nuestras diferencias. Había algo que nos unía por encima de la forma en que manifestábamos nuestro malestar: el deseo de luchar a muerte por defender nuestros ideales y que una nueva sociedad más justa y libre se hiciera posible.

J/A: ¿Cuáles fueron a tu entender los grupos musicales más importantes de aquella época?

JS: Es una cuestión difícil. Había muchos y en parte ya te lo he respondido, porque amaba a los bluesman como Lighting Hopkins, Howlin´ Wolf, a músicos de jazz como Parker o Monk, y en cuanto a grupos de rock además de MC5 o Sun Ra, debo confesar que me gustaba mucho el grupo de Janis Joplin, Big Brother and the Holding Company o Canned Heat y, aunque fueran de otro país y de otro movimiento, también me gustaron mucho Can, a los que amo más con el paso del tiempo.

J/A: Hablando de personas y personalidades de los 60, ¿por qué crees que estaban tan conectadas la escena musical con la ideológica en aquellos años?

JS: Es que, realmente, nosotros no teníamos la sensación de tener una escena ideológica artística. Todo surgió de repente y todas las personalidades de los distintos campos y ámbitos artísticos comenzaron a entrar en contacto de manera casual y fortuita, pero con mucha energía y un empuje tal que muchos han pensado que todo el movimiento contracultural norteamericano surgido a finales de los años 60 y el que rodeaba a toda la ciudad de Chicago había sido preparado. Pero no fue así. Estaba en el espíritu de los tiempos y, simplemente, ocurrió que una serie de personalidades representantes de una gran parte de la población unimos nuestras fuerzas y nos vinculamos para expresar nuestro desprecio al sistema y los valores establecidos y proponer un nuevo sistema de vida, pero nunca nos organizamos. Todo fue muy espontáneo, como la música de Monk o mis poemas. Surgió del libre hacerse de la vida y de la sociedad (…) Lo que sí ocurre, a diferencia de ahora, es que antes las personas nos uníamos, no teníamos las nociones individuales que hay ahora. Dejábamos escuchar nuestras voces por encima de nuestros egos y las distintas personalidades en pos de conseguir un objetivo común, de proseguir en nuestra lucha por las libertades y la libre expresión de nuestros pensamientos. Realmente, podías encontrar un feeling especial entre todos los artistas si exceptuamos al infame de Ted Nugent, que era un auténtico estúpido y ególatra que no estaba interesado más que en sí mismo, en su propio lucimiento y sus propias cacerías, que producían auténtica pena. Era, desde luego, el artista —preocupado más por lucirse, cazar y hacer sus solos de guitarra que en la vida real que se encontraba alrededor suya— que más desentonaba en una ciudad, Detroit, en la que todos nos sentíamos unidos por una especie de raro espíritu creativo.

J/A: ¿Cuál es el acontecimiento fundamental o la fecha en que tú piensas que el sueño hippie murió?

JS: Mira. Sobre este asunto, quiero aclarar algo. Se suele citar que fueron los sucesos acaecidos en Altamont o los asesinatos cometidos por Charles Manson los que dieron final a toda una época e incluso hay gente que cita el encarcelamiento de Leary como punto final de esta época, pero no creo que esto sea del todo cierto o, al menos, nosotros no lo vivimos así. A finales de los años 60 sucedían muchas, muchas cosas, todo el mundo estaba en contacto, había una excitación especial y en el clima de la época se hizo referencia a estos sucesos, pero no le dimos la importancia simbólica que más tarde le concedieron los medios. Para nosotros fueron unos sucesos más que ocurrieron entre otros muchos que sucedieron en aquella época y que tuvieron, en ocasiones, más importancia para nosotros. Cuando nos enteramos de estos sucesos les prestamos atención y los comentamos, pero como otros muchos más. Estados Unidos estaba en efervescencia y cada semana sucedían acontecimientos que nos desbordaban y llamaban nuestra atención, así como nos hacían seguir adelante con nuestra lucha o desarrollar nuestras inquietudes al máximo. Para mí y mis compañeros, al menos, estos sucesos no fueron tan importantes como se ha señalado, en ocasiones, décadas después y por personas que únicamente los conocen por referencia y que no llegaron a vivir con intensidad esta época apasionante. No (…) Fíjate que yo te diría que fue una serie de elementos que se juntaron y terminaron desembocando en el final de un algo, de un sueño y te diría que fue el gobierno y las asociaciones de extrema derecha las que propiciaron que el mundo hippie terminara y no tanto las matanzas de Altamont o de Manson, que fueron hechos aislados. No creo que sea casualidad que Martin Luther King, Kennedy, Morrison, Hendrix o Joplin murieran a finales de esta década. Creo que hubo una conspiración real por parte de la derecha conservadora norteamericana por acabar con un estado de cosas que estaba poniendo en peligro real al sistema, lo estaba agitando y parecía que podía cambiar sus sistemas retrógrados de control social. De hecho, en aquella época no sólo estaban los hippies, los rockeros, las panteras blancas o los artistas, sino que muchas veces nos encontrábamos rodeados por el partido de supremacía blanca con el que tuvimos muchos, muchos problemas o los Hell Angels, que hacían la guerra por su lado y que no favorecieron los objetivos comunales de toda la sociedad contrarrevolucionaria (…) Por ello, te diría que el final de la época hippie tiene más que ver con los objetivos y planes estratégicos diseñados por los grupos de extrema derecha o conservadores norteamericanos que por algún acontecimiento concreto. Todo fue parte de un plan y de una estrategia más o menos meditada para acabar con nosotros, hacernos pasar por impresentables, reducir nuestros manifiestos a la nada y apuntar lo peligrosos que podíamos llegar a ser para nosotros, lo peligroso que podía ser convivir con nosotros.

J/A: ¿Y cuál es tu concepción de la actual situación del continente sudamericano?

JS: Bueno, tengo que decirte que a mí Sudamérica es un continente que me encanta y al que adoro. Además, si comparas los líderes de estos países y la lucha que están intentando realizar con los de mi país, comprenderás que me sienta identificado con personajes como Evo Morales en Bolivia o Hugo Chávez en Venezuela. Los adoro. Adoro países como México y Perú. Me encanta la llamada nueva izquierda sudamericana.

 J/A: ¿Y Fidel Castro?

 MR: ¡Ah! ¡El comandante!

 JS: Claro que me encanta Fidel Castro. Por supuesto. Mira todo lo que ha hecho y realizado. Mira su forma de enfrentarse a los fascistas que dirigen mi país. Es único.

 J/A: ¿Piensas que la actual situación política del mundo puede cambiar?

JS: No lo sé. No soy futurólogo. Si no ha cambiado demasiado en los últimos años, no sé cómo puede cambiar en el futuro pero, desde luego, es necesario. Al menos habría que huir del individualismo. Antes no importaba que fueras negro, indio, blanco, pintor, escritor o cineasta o que no te dedicases al arte, lo que importaba era el objetivo final de la lucha, la unión y no tanto la personalidad de cada uno. Por ello, creo que es muy difícil que tal y como está el mundo, se vuelva a producir una situación similar a la vivida en los años 60 en el futuro.

MR: Sí. John tiene razón. Es difícil comparar nuestra época con la suya y que un proceso similar pueda repetirse porque ahora tendemos a encasillar a las personas en torno a conceptos y casilleros artísticos muy delimitados. Están los amantes del techno y luego los fanáticos del rock, pero incluso en estos ambientes están quienes aman el ambient y detestan el house o quienes aman el hardcore y no soportan el rock duro y viceversa. Cada persona elige su camino en torno a la oferta inmensa que hay para delimitar los márgenes de su personalidad y amplificar su persona, pero no con la intención de luchar o con la conciencia de estar formando parte de un movimiento global, grupal o comunal que pueda ayudar a cambiar el estado de las cosas en nuestra sociedad.

JS: Sí. Además, ahora mismo, sucede un fenómeno esencial que diferencia ambas épocas. Por ejemplo, la guerra de Vietnam era, realmente, una guerra ideológica. Había una confrontación entre distintas maneras de entender el mundo, pero las últimas guerras promovidas por el gobierno de Bush son de odio. Hay un interés económico superlativo, una gran ignorancia en la sociedad y un odio hacia el enemigo árabe o quien piensa diferente de nosotros que está extendido por todo nuestro sistema social y que reside en el fondo de las motivaciones, sobre todo, económicas de la guerra (…) Por ello, te diría que uno de los aspectos que más me han gustado de España y de mi estancia en Sevilla es que no he observado el odio radical y el miedo que se respira en los Estados Unidos. Por ejemplo, aquí sucedieron los atentados del 11 de marzo y, sin embargo, puedes observar en convivencia armónica a gitanos, blancos, negros y árabes sin que se respire un clima tenso. Esto es realmente difícil en mi país y una de las cosas que más me ha gustado y sorprendido de Sevilla, en donde aparentemente hay una integración —más allá del poder económico— más auténtica y real entre los individuos.

J/A: ¿Y tú, Mark, cómo entiendes o vives lo que cuenta John?

MR: Yo, como holandés, me siento muy sorprendido con todo lo que cuenta y cómo vive la situación política del mundo John. Ten en cuenta que en Holanda vivimos realmente bien. Hay, como en todas partes, problemas, pero en mi país hay una fuerte base democrática y cultural y no concebimos la situación de la que nos habla John.

JS: Claro, pero ten en cuenta que yo he estado en la cárcel en mi país por consumir cannabis y en el tuyo está legalizado, hemos tenido que luchar y todavía seguimos haciéndolo por los derechos fundamentales de los individuos y el clima fascista y las decisiones del poder fascista que provocaron las últimas guerras promovidas por el odio. El odio está presente en muchas escalas en mi país. De todas maneras, como sabes, tampoco estuvo mal estar encarcelado, pues esto me llevó a ganarme el respeto y aprecio de Stevie Wonder o de John Lennon, que me dedicó una canción que me emocionó y me acompañará siempre o Yoko Ono, que también me envió una simpática felicitación de Navidad. Luchar por la libertad puede llegar a engrandecernos si no te rindes.

J/A: ¿Y estás contento con la reedición que se ha hecho de tu libro de batalla de 1972 Guitar army?

JS: Sí. Estoy realmente contento. Creo que es un acto de justicia. Hemos trabajado mucho para conseguirlo y me siento realmente satisfecho.

MR: Pero, ¿crees que todavía tiene relevancia?

JS: Sí. Sin duda. ¿Cómo si no entiendes la situación política que estamos viviendo? Es claro que estamos dentro de otro contexto, pero en mi opinión el libro sigue estando vigente en cuanto hace referencia al esfuerzo de los hombres por ser libres y creativos, por imponerse a los sistemas de poder que no nos permiten ser nosotros mismos. Realmente, las ideas que planteo en el libro creo que todavía pueden llevarse a cabo. No es una cuestión de tiempo. Es una cuestión de integridad y ética.

J/A: ¿Qué nos puedes decir de la película que ha realizado Steve Gebhardt 20 to life: the life and the times of John Sinclairsobre tu vida? ¿Has supervisado el contenido?

JS: Soy coproductor de la película, por lo que estoy bastante implicado en ella y puedo decirte que estoy contentísimo. Claro que he podido intervenir, valorar y trabajar en el contenido de ella, pues iba dedicada a mí y Gebhardt es un buen amigo y tengo que decirte que estoy feliz de cómo ha quedado. No tengo nada que objetar. Me parece un buen documento sobre mi persona y vivencias y sobre toda la época que me tocó vivir, en la que me eduqué y llegué a ser quien soy ahora mismo.

ECP: ¿Y has pensado en comenzar a redactar alguna autobiografía sobre tu vida?

JS: Ummmm… Bueno, en parte, la película es ya un testimonio sobre mi vida, pero si te digo la verdad no se me ocurre de dónde puedo sacar tiempo para realizar esta autobiografía, pues estoy ocupadísimo con todos mis proyectos: radio, libro, conciertos, etc, lo cual creo que es una buena señal, porque significa que estoy vivo. Vivo y coleando, y luchando por la paz y la libertad. ¿Sabes? Si no tuviera tantos proyectos no me sentiría tan joven como me siento. Por ello prefiero seguir así y si debo hacer una autobiografía ya la haré, pero confío que sea lo más tarde posible, porque estar todavía en pie es un signo claro de vitalidad. Todavía tengo muchas cosas que hacer. El pasado me acompaña, pero ya se fue.

J/A: ¿Qué nos puedes decir sobre tu último Va tutto bene / It´s all good? ¿Por qué está traducido también al italiano?

JS: Bueno, sorprendentemente, nuestra propuesta ha tenido una muy buena aceptación en Italia y los editores de Stampa Alternativa decidieron publicar mi libro y traducirlo conjuntamente al italiano. Por cierto, ahora partimos a Italia a tocar.

MR: Sí. La verdad es que Stampa Alternativa es una editorial sumamente interesante y peculiar, con unos precios muy accesibles y un catálogo muy jugoso. Observabas los números que disponían y en seguida te ponías a suspirar. Tenían todo un catálogo de libros sobre serialismo y autores alternativos que es sumamente interesante.

JS: Y el libro es un compendio de ensayo, poesía y diversos artículos realizado a la manera jazzística, de forma libérrima. En él hablo tanto de mi experiencia con Sun Ra o MC5 como de Jack Kerouac o mis años en la cárcel, así como hay algún poema dedicado a la Cannabis Cup o a Mark (…) Como puedes comprobar, yo concibo la creación como un todo. Ahí están mis discos, mis artículos, mis libros o mis discos. Todos están concebidos a partir de la libre experimentación y las posibilidades infinitas que tenemos como seres humanos. Gracias, por ejemplo, a los discos, he contactado a gente interesada en desarrollar nuevos proyectos, en llevar el spoken word y el arte musical a otros terrenos. Mira, por ejemplo, fue un placer conocer a Greg Ginn, el guitarrista de Black Flag, la banda de Henry Rollins, con el que tuve un proyecto para editar un disco en su sello SST Records. Desde mi primer disco grabado, Full moon night, hasta mis colaboraciones con Wayne Kramer o mis producciones de Big Walter Horton o Detroit Blues Revues siempre me he guiado por el instinto, por el ansia de experimentar, ser honesto y llegar a transmitir el sentimiento auténtico de la música realizada desde el corazón, desde el fondo del alma de los seres humanos. ¿Entiendes lo que quiero decir? La música auténtica, la música del alma, la que cambia las vidas y remueve el corazón de los seres humanos. La música que concede paz a las gentes y que no destruye sus vidas como tantos gobiernos y contra la que muchos poderes quieren luchar porque saben que no pueden controlarla (…) Además, en este libro tengo un poema llamado ‘Brilliant corners’ donde —ya que te has interesado por los que considero mis músicos favoritos— hablo de los que a mi entender fueron los músicos más importantes del jazz y los escritores fundamentales de la generación beat y los que más me han influido. Son las cuatro esquinas del mundo de la literatura beat y de la música bebop. Por un lado, Thelonious Monk al piano, Charlie Parker al saxofón, Dizzy Gillespie a la trompeta y Kenny Clarke a la batería y, por otro lado, William Burroughs, Jack Kerouac, Allen Ginsberg y Neal Cassady.

J/A: ¿Te gustan los cómics de Gilbert Shelton?

JS: Claro, por supuesto. ¡Qué bueno hablar de Gilbert! Me encantaban los Freak Brothers. Me encantaban los dibujos, el sentido del humor de Gilbert y su crítica a la contracultura como, por otra parte, también adoraba la de Robert Crumb. Ambos eran muy diferentes, pero muy valiosos y divertidos. A Crumb lo conocí en el 67 y a Gilbert en el 69 y con ambos mantuve de una manera u otra la amistad. Gente muy divertida y comprometida y que desde su particular campo de maniobras, el cómic, también ayudó a intentar transformar el rostro de la sociedad norteamericana. Era otro de los tantos frentes en los que se podía aglutinar y subdividirse la lucha contracultural en mi país. Ahora recuerdo un póster que me regaló Gilbert. Muy buen tipo y muy gracioso, como sus cómics. Inteligentes y libres. Además, los Freak Brothers también participaron en alguna Cannabis Cup.

J/A: ¿Qué nos puedes decir de tu vida en Amsterdam?

JS: La verdad es que me siento muy a gusto en Holanda y en esta ciudad. Desde el primer momento que llegué a la ciudad me sentí bien y fue de manera natural que a comienzos de esta década pensara en asentarme y vivir en ella cómodamente. Toda la historia con los coffee shops que tienen allí, su respeto a las libertades, su amor a la cultura y la posibilidad de realizarme como un ciudadano allí de una manera más autónoma que en Estados Unidos me decidieron a instalarme en este país. Además, tengo un programa de radio habitual en Radio Free Amsterdam en el que me siento muy cómodo y doy un repaso a mis grupos de música favoritos. Todo lo realizo de manera muy libre y a través de mi página web puedes tener acceso a la mayoría de estas grabaciones. En el programa puedo hacer todo aquello que desee y por esto he invitado a gente como mis queridos Wayne Kramer y Michael Davis o Thurston Moore y he dedicado programas a la Cannabis Cup o al fantástico historiador de las raíces del blues y el jazz Tom Morgam, además de realizar selecciones musicales de tantos y tantos músicos que amo procedentes de New Orleans, Detroit, el norte del Mississippi o el Delta. Ya sabes, músicos como Earline Harris, Dave Bartholomew, Earl King o DuWayne Burnside.

J/A: Oye, ¿y os gustó la versión que hizo Cronenberg de El almuerzo desnudo de Burroughs?

JS: No recuerdo haberla visto pero, como sabes, mi relación con el libro de Burroughs es muy cercana, pues me gradué en la Universidad de Detroit con una tesis sobre este libro. Me siento muy, muy próximo a ese libro y no sé si me gustaría esta película.

MR: A mí, sin embargo, me gustó mucho. Toda una experiencia lisérgica. De todas maneras, hay un libro de Burroughs del que me siento mucho más cercano, The soft machine, que es también el nombre del genial grupo de Robert Wyatt y Kevin Ayers, como sabrás.

J/A: Centrándonos un poco más en ti, Mark, para terminar, ¿cuál piensas que es la década fundamental para la música rock? ¿Cuáles son tus influencias a la hora de tocar la guitarra?

MR: Yo estoy sobre todo influenciado por la década de los 70. Creo que esta es la década fundamental. Y mi estilo de tocar tiene mucho que ver con lo que supuso la entrada de grupos como Talking Heads o Bauhaus en el mundo musical. Fíjate que ahora comparto un escenario con David J y yo era un auténtico fan tanto de Bauhaus como de Love and Rockets y para mí este hecho es sensacional.

J/A: ¿Y los grupos de ahora?

MR: Bueno, por ejemplo, me gustan bastante Arctic Monkeys. Y también me gustan bastante Tindersticks. Por cierto, el disco que ha hecho el cantante Stuart Staples en solitario es bastante bueno y muy soul.

J/A: ¿Por qué crees que los grupos holandeses no tienen una gran repercusión musical como los norteamericanos, ingleses e incluso los alemanes?

MR: No sabría decirte con exactitud, pero creo que esto se debe a que Holanda es un país muy pequeño y alejado de los grandes centros de repercusión mass-mediática. No es un país que esté situado en el centro de la vorágine, sino tangencialmente y esto hace que podamos adaptarnos a los proyectos musicales de medio mundo y los absorbamos con naturalidad y nos integremos en ellos, pero no los protagonicemos.

J/A: ¿Y conoces a Dick El Demasiado?

MR: No. La verdad no lo conozco. ¿Es un grupo holandés?

J/A: Sí. Su cantante es holandés y lo entrevisté hace poco, lo que sucede es que ha desarrollado su carrera, sobre todo, en Sudamérica. ¿Y, por ejemplo, te gusta Hermann Brood?

MR: Sí, claro. No es que sea un fan absoluto, pero me gusta bastante.

J/A: Por el carácter experimental de tocar la guitarra y concebir la música, se diría que podrías estar integrado en algún tipo de grupo electrónico. ¿No te interesa esta vertiente musical?

MR: Bueno, mi concepción de la música es mucho más vital. Comprendo que haya gente que pueda estar recluido en su habitación sin hablar con nadie y pueda, a partir de sus conocimientos musicales, componer todo un disco desde allí, pero yo no lo comparto. A mí me gusta la música natural, la que parte del corazón y experimenta a partir de unas nociones frontales, directas, en contacto con la gente y los creadores. Me gusta mucho la música que nace de los instrumentos tradicionales, aunque me encante experimentar con ellos. De verdad, no me veo a mí mismo sumergido en mi hogar sin salir a contactar con otros músicos, escritores o poetas. Sin embargo, esto no significa que esté en contra de la música electrónica. Por ejemplo, Kraftwerk me parece un grupo muy imaginativo y valioso y también, entre otros, me gustan The Human League.

J/A: Y bueno, la pregunta acostumbrada a los músicos actualmente. ¿Qué opinas de internet y la descarga de mp3? ¿Crees que esta práctica acabará con la industria o perjudicará la música?

MR: No. Para nada. Cuando surgió la radio y los singles de los cantantes comenzaron a pasarse allí, hubo muchos críticos agoreros que decretaron el fin de la industria musical, el fin de la era del disco, pero esto, como pudimos comprobar, no sucedió así. ¿Sabes? Decían que cómo se iban a vender discos cuando cualquiera podía escuchar su canción favorita un día tras otro en la radio. Lo cierto es que yo sólo encuentro ventajas a internet, pues puedes acceder a grabaciones desconocidas y descatalogadas que de otra manera no podrías conseguir. Además, creo que quien realmente ama un grupo o un disco termina por adquirirlo, como también pienso que el precio de los discos es demasiado caro y que, tal vez, gracias a internet, comiencen a abaratarse los mismos.

J/A: Por cierto, y el grupo habitual en el que tocas, The Raskolnikovs, ¿me puedes explicar el porqué del nombre? Es por Dostoievsky, ¿no?

MR: Claro. Mira, yo, como Sinclair, no hago mucha diferencia entre medios artísticos de distintas disciplinas y considero a Dostoievsky un músico a la misma altura que Thelonious Monk o Lightin Hopkins. No encuentro diferencias en la libre estructura de sus frases literarias y las frases musicales realizadas por gente como James Brown, que dibujaban melodías a partir del desorden o subvertían los conceptos habituales de la música para llegar a construir su propio e intransferible discurso original (…) Sí. Es obvio que The Raskolnikovs es un homenaje al personaje principal de Crimen y castigo. De todas maneras, ahora mismo tengo apartado momentáneamente mi trabajo en este grupo y entre medias de mi colaboración con John, por ejemplo, voy a ir al estudio de Rui Veloso en Portugal a grabar un nuevo disco y formalizar un nuevo proyecto que tengo.

J/A: Bueno, pues si os parece podemos dejarlo aquí. De verdad, que ha sido un placer para nosotros poder hablar con vosotros.

JS: Para nosotros también. Y, de verdad, quiero felicitaros por esta entrevista. Estoy encantado con ella. La mayoría de las personas sólo me preguntan por mi relación con MC5 o con Gingsberg y demás personalidades, pero no se interesan para nada en mi persona. Me entrevistan para saber cosas de otras personas, pero yo tengo todo un background detrás y toda una vida llena de incidentes. A veces no sé bien por qué se interesan en entrevistarme si no son aficionados a mi obra. A la vez, suelo recibir una gran cantidad de preguntas sobre mi pasado, pero lo cierto es que yo no soy ningún fósil. Como habéis podido comprobar, sigo activo. Afortunadamente, tengo un presente emocionante del que ayer, por ejemplo, visteis sólo una parte: mi colaboración actual con Mark. Shalam

 ما حكّ جْلْْْْْدك مثل ظْفرك

        La pobreza hace ladrones y el amor poetas

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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