La roca

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Glenn Danzig da la impresión de ser duro como una roca. Haber nacido en medio de uno de aquellos castillos que aparecían en las adaptaciones de los cuentos de Poe realizadas por Roger Corman. La mayoría de sus discos son colosales. Son parecidos a los de Black Sabbath. Se encuentran llenos de riffs repetitivos sumamente sugestivos de los que parecen emerger pequeños y jocosos demonios y animales.

Hay algo en la personalidad de Glenn ciertamente misterioso. Debido a su imponente presencia física parece un chulo de pacotilla pero, ciertamente, su pose es real. Tan cortante y áspera que acaba por caer en la exageración; en la teatralidad. Y por ello es más fácil imaginarlo en medio de una pesadilla, un cómic de El castigador o interpretando a un asesino o a un mayordomo en una película de Mario Bava que en la vida cotidiana. Sin embargo, lo que no engañan son ni sus creaciones ni su voz. Una voz agónica que transmite decadencia, ideal para sobrevolar montañas de ruido y sonidos estruendosos pero que, a la vez, posee una sensibilidad especial. Hay algo de hecho de cantor lírico y ángel caído en Danzig; de tenor de ópera y de poeta gótico en esas cuerdas vocales capaces de describir una matanza, un amor enloquecido y la furia metafísica con incontestable poderío y fluidez pero también de recitar las estrofas de una oscura balada con lúgubre dulzura; como si fuera un muerto enamorado que describiera sus experiencias desde el más allá.

Existe un consenso en destacar sus cuatro primeros discos en solitario como sus obras maestras. No seré yo, desde luego, quien lo rompa. Rick Rubin transformó a Glenn en un músico serio. Convirtió a alguien que podía haber acabado perdido en medio de cómicas excentricidades y montañas de ira adolescente, un músico extravagante e incomprendido, en un artista adulto. Alguien que sin traicionarse a sí mismo dio un salto adelante impresionante.

Aquellas obras eran un hito. Ritos. Eran agujeros volcánicos. Estaban completamente fuera del tiempo y de cualquier moda. En cierto modo, la primera de ellas anticipó el estallido de grunge. Es casi la antesala de los incendios invernales provocados por Soundgarden. Pero estaba claro que las vías por las que la personalidad de Glenn transitaba eran distintas de las de Stone Temple Pilots, Pearl Jam y demás bandas que si bien eran ferozmente independientes, tenían una visión de la vida más esteriotipada que la suya. Al fin y al cabo, Danzig parecía dormir en un ataúd, vivir en una mansión medieval y respirar tratados de brujería y fuerza dionisíaca por los cuatro costados. A nadie le hubiera extrañado de hecho que fuera escogido para grabar un audiolibro sobre la obra de Lovecraft o para recitar unos pasajes de Así habló Zaratrusta en un homenaje a Nietzche llevado a cabo en lo más profundo de un bosque germano. Danzig siempre había sido único. Pero Rubin logró hacerlo eterno y comprensible para el resto de mortales. Lo transformó en un icono nocturno y peligroso cuyas creaciones miraban de frente sin complejo alguno tanto a los cachorros del trash metal y el hardcore como a las míticas referencias de Black Sabbath o The Doors. Consiguió algo que parecía realmente imposible: enterrar de golpe su mítico pasado en Misfits y Samhain.

No obstante, yo disfruto también muchísimo del resto de su discografía. Obviamente, no tanto de su etapa industrial y, más concretamente, de Blackaciddevil. Pero sí que soy de los que pienso que tanto Black Aria como Black Aria II encajan perfectamente con su concepción artística (una parece la banda sonora de El paraíso perdido de John Milton y la otra un soundtrack de un cómic de terror) y que, desde que en Satan’s child encontró la forma de entroncar sus negras diabluras místicas con la pulsión y experimentación electrónica de la década de los 90, no ha hecho ningún disco decepcionante.

Si tuviera que hacer una comparación entre ambas etapas de su trayectoria en solitario, diría que la primera tetralogía es similar a Conan el Bárbaro; el filme de John Millius. Un trueno épico perfecto. Y que sus últimos discos serían parecidos a Conan el destructor; el filme de Richard Fleischer. Tal vez no alcancen la maestría de los primeros pero, joder, son sumamente gozosos. Se encuentran llenos de momentos trascendentales y salvajes. Bestiales, abisales y francos. De hecho, creo que en ellos (una prueba clara es su reciente homenaje a Elvis) se trasluce con mayor claridad su verdadera personalidad. Y no tengo dudas de que encajarían perfectamente en medio de cualquier filme de David Lynch. No estaría nada mal de hecho contemplar Carretera Perdida colocando de fondo en ciertos momentos algunos de los temas de Deth red Sabaoth o Black laden crown.

Glenn Danzig es una serpiente negra. Hay algo en su personalidad que parece inmortal. Puedo imaginarlo perfectamente cabalgando con una espada en sus manos a lomos de un caballo negro en Mesopotamia, presidiendo un ritual satánico en los tiempos medievales o subido a una pirámide mexicana con la boca llena de carne y sus manos agarrando el hígado de una víctima. Aunque su hábitat natural es muy parecido al que describe en su línea de cómics y su filme Verotika. Su figura encaja perfectamente entre vampiresas, discos de The Cramps, bañeras llenas de sangre, los clásicos del Giallo, trasnochados trajes vestidos por el Elvis de los 70 en sus conciertos en Las Vegas, parafernalia satánica de algo voltaje, canales de televisión dedicados exclusivamente al cine de terror antiguo, ametralladoras punks y viejos afiches desgastados de filmes del Hollywood clásico.

Prueba, al fin y al cabo, de que este hombre habita en un mundo muy distinto a del resto de los mortales. No tengo dudas de hecho de que es la reencarnación de alguien históricamente importante puesto que su mirada invoca directamente a la eternidad. Hay algo que sus ojos desean decirnos. Tal vez que él fue uno de los ángeles que asestó un golpe a la frente de Dios el aciago día en que se concretó la caída en el tiempo; el perenne exilio humano. Shalam

أفضل الجنون المثير من الحقيقة التي تهبط

Mejor una locura que entusiasme que una verdad que abata

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen: si te agarro te coceo el ossico, mamonazzo………..
    2ºimagen: no tengo porque ser lo que parezco!!, gallo………..
    3ºimagen: estoy en la proa del barco( titanic del horror heavy)……soy muy stronger, jajajjjjj..(y tambien estoy regordete)……..y me cago en toa la mar salaaaaaaa………..
    4ºimagen: me gustaria que cantara eso que esta cantando haciendo el pino como michael jackson hace el moonwalker……….
    PD: no lo conocia…….he puesto una prueba de el en youtube: “twist of cain” demonios en “arrope calabazote”!!!! y el homenaje “sings elvis”,….(es un cercano imitador-interprete)…….

    • Sí. No creo que la personalidad ni el arte de Danzig vaya contigo. Aunque sí creo que te echarías una risas con su filme Verotika. En cuanto a las imágenes, la primera perfecta. La tercera del Titanic muy buena y graciosa. Y obvio, la cuarta no lo veo con el moonwalker..jajajajj…. en cuanto a la segunda, muy graciosa. La verdad es que la imagen de Glenn allí es de gallo.. sí. Creo que sí te podría gustar su homenaje a Elvis. A mí me fascina. Lo veo tan tan real. Sin efectos. Un puñetazo.

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