Letanía

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He disfrutado mucho Europa. Existe algo en la personalidad de Blixa Bargeld que logra convertir en acero todo muro sobre el que se posan sus dos manos de hierro. Una simple lista con los platos que ha degustado en un restaurante se convierte, tras pasar por su filtro, en una pequeña obra de arte. Un autógrafo. Una huella de la era del ruido parecida a un aullido de Michael Gira. Y un gesto tan monótono y en apariencia repetitivo como colocar varias setlits de sus conciertos a lo largo de las páginas de un libro termina por transformarse en un repique de tambor en honor al Viejo Continente. Un acto telúrico a través del que muestra sus entrañas personales y recuerda que los conciertos de Einstürzende neubauten son rituales. Repetitivas danzas del fuego realizadas en salas parecidas a fábricas en la que el ruido ejerce de dios y los músicos de ángeles apocalípticos.


Blixa es un hombre duro. Serio. Un Napoleón de la música industrial. Es alguien a quien nadie quisiera ver enojado. Perfeccionista, rebelde y extremo. Un teutón neurótico con maneras burguesas, sí, pero artista al fin y al cabo. Y tal vez por ello posee un sentido de humor muy sutil que convierte muchas de las (en apariencia) frívolas reflexiones contenidas en Europa en pequeños y certeros aforismos acerca de una época fría, solitaria y gélida. En dañadas llantas de un automóvil a la deriva. Algo que, vinculado a sus reflexiones y recuerdos sobre sus conciertos en el Este, convierte esta letanía en una misa. Una silenciosa odisea sobre la decadencia contemporánea que permite imaginar su lectura a viva voz en auditorios como una fúnebre e intensa experiencia. Porque, en realidad, esta sincera reflexión sobre el aburrimiento cotidiano y el envejecimiento lento y progresivo del punk es un frontal puñetazo sobre los estertores de la era del ruido. Sobre el declive del arte y de la vida moderna. Es una dulce y triste sonata de Max Reger enmascarada de pasatiempo. Shalam

              إنه من الأسهل الخداع بدلاً من الإحباط

Es más fácil engañar que desengañar

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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