Matt Elliot: el hombre ebrio

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La banda sonora elegida para trabajar hoy en Ruido del arte, serán los cinco discos hasta ahora publicados por Matt Elliott. Desde The mess with made (2003) hasta The broken man (2012). A Matt lo conocí escuchando tanto a Flying Saucer Attack como a Third eye Foundation. Dos proyectos musicales que me fascinaron en su momento. El segundo en concreto se convirtió para mí en una referencia de primer grado. Discos como You guys kill me consiguieron transportarme a lugares inquietantes y desolares en los que se dibujaba al fondo la catástrofe que vive Occidente actualmente. Algo que da una idea de su capacidad visionaria que sus discos en solitario no han hecho más que corroborar.

Supongo que a muchos les parecería fuera de lugar el que este oriundo de Bristol se dedicase en plena euforia de principios de siglo a rememorar las desgracias y sufrimientos vividos en Europa durante el período de entreguerras y volcarlas como un reflejo en nuestra época. Pero entiendo que el paso del tiempo y el discurrir de los acontecimientos, les habrá demostrado a los escépticos su absoluta clarividencia. Porque Matt se adelantó a los acontecimientos. De tal forma que sus ebrias y dolorosas canciones sobre un tiempo pasado se han convertido en una banda sonora cruda y real del Occidente contemporáneo. Y más que hablarnos de las penurias experimentadas por ciudadanos de otras décadas se diría que se refieren a las nuestras.

A Matt por cierto tuve la ocasión de conocerle en Murcia hace unos años (marzo del 2007) en una noche memorable y de realizarle una entrevista para la revista El coloquio de los perros que dejo a continuación como homenaje a lo mucho que me ha hecho disfrutar su música.

Matt Elliott: el poeta de la postguerra

Matt Elliott estuvo en Murcia el pasado marzo y aprovechamos para llevar a cabo una entrevista que se nos antojó corta debido a que su figura es tan compleja y rica en matices que no nos hubiéramos cansado de preguntarle una y otra vez sobre los contornos sonoros que embellecen sus discos y que a tantos nos han hecho soñar con paisajes siberianos y post-industriales.

Os dejamos sin más con un auténtico genio de la música contemporánea en un momento en que su alargada sombra creativa acaba de entregarnos el bellísimo Failing songs como marco central de una trilogía sobre el dolor y la frustración occidental, de la que ya esperamos ansiosos su tercera y última parte.

EL COLOQUIO DE LOS PERROS: ¿Cómo fue tu formación en el mundo musical? ¿Cuáles son tus primeros recuerdos musicales en tu país o tu familia?

ME: Cuando yo tenía seis o siete años y estaba integrado en la iglesia ortodoxa rusa, escuchaba los impresionantes coros que había allí y comencé a interrogarme sobre el por qué la música me transmitía tristeza cuando yo, realmente, no comprendía exactamente lo que se decía allí. Así, empecé a interesarme por entender esta relación entre música y tristeza y comencé a formularme constantes preguntas sobre las distintas conexiones entre la música y la mente

ECP: Fíjate que yo no sabía nada de este pasado y siempre relacionaba tu música con iglesias o lugares donde se pudiera sentir una espiritualidad intensamente. De hecho, sentía que tu música estaba muy cercana a la de los films de Andrei Tarkovski y que podían ser su soundtrack perfecto.

ME: Oh sí. No lo había pensado, pero sí que me gusta mucho Andrei Rublev. En todo caso, mi música debería ser un soundtrack para un film de Tarkovski en blanco y negro.

ECP: Y quitando la influencia de la música eclesiástica, ¿cuáles son los discos de pop, dance o rock que te llegaron al alma?

ME: Recuerdo que la primera banda que me llegó al alma fue The The y más tarde The Cure, Joy Division, todas las bandas relacionadas con el sello Factory Records o música industrial experimental como la de Coil y, como más tarde estuve trabajando en una tienda de discos, tenía acceso a multitud de discos de todos los estilos como el pop o el jazz.

ECP: ¿Y sentías la conexión entre la tristeza de la iglesia y la tristeza de los músicos que mencionas?

ME: Realmente, fue cuando descubría a todo ese arsenal de grupos que transmitían el dolor y la tristeza en la música cuando sentí que la sensación que había tenido lugar escuchando los coros en la iglesia tenía una conexión y una continuidad. La realidad es que yo nunca he estado interesado en la música o el arte que intenta transmitir la felicidad, sino, ante todo, en la música triste y en este sentido vinculé mis caminos a la música nueva que escuchaba, llegaba a mis manos y que me transmitía esta sensación.

ECP: ¿Cómo fue que te introdujiste en Fliying Saucer Attack?¿Qué piensas que sucedió en Bristol en los años 90 para que se produjera una eclosión musical como la que sucedió?

ME: Bueno, yo trabajaba en una tienda de discos y allí conocí a uno de los miembros de Fliying Saucer Attack, lo que me llevó a conocer al otro y empezar a colaborar haciendo diversas programaciones y ritmos en sus discos. Yo sólo aportaba algunos aspectos de percusión porque, realmente, Fliying Saucer Attack no era mi grupo como ya sí sería totalmente Third Eye Foundation. Fue todo un poco de manera espontánea. Éramos amigos y entre nosotros nos llamábamos para tocar en alguno de nuestros conciertos y así, poco a poco, iban surgiendo distintas colaboraciones o nos implicábamos en diversos proyectos que aparecían (…) Y lo de Bristol fue gracias al dueño de una discográfica. Realmente, eran muy diferentes las distintas escenas que había en la ciudad en los años 90. Por ejemplo, Tricky y Porstishead se conocían entre ellos y más o menos tenían intereses comunes, pero nosotros estábamos en un nivel más underground en el que no nos sentíamos demasiado implicados en lo que ellos realizaban. En lo referente a nosotros todo sucedió gracias al dueño de esta discográfica que fue un poco lo que para el sonido de Manchester fue Tony Wilson, como se muestra en 24 hour party people, pero siempre a una mucho menor escala.

ECP: ¿Y algún libro o película que te marcase en tus años de adolescencia o juventud?

ME: Cielo sobre Berlín de Wim Wenders fue una película que me impactó, así como Fitzcarraldo de Werner Herzog y las de muchos otros directores europeos. El cine europeo siempre me ha atraído mucho. En cuanto a libros te diría que me gustan mucho los libros de Philip K. Dick y Y el asno vio al ángel de Nick Cave me gustó muchísimo.

ECP: Sí. Pero este es un libro muy difícil, ¿no? Yo he comenzado a leerlo en varias ocasiones, pero nunca pude terminarlo.

ME: Sí. Es que es un libro escrito a partir del inglés que se habla en el Sur de la América profunda y es un libro que supongo es muy difícil de traducir y es incluso difícil de leer para un anglosajón.

ECP: ¿Eras consciente cuando empezaste con Third Eye Foundation de estar llevando el sonido y la experimentación musical a otra dimensión?

ME: Bueno, yo lo que me planteé fue comenzar a realizar música o un sonido que yo no hubiera escuchado jamás. Quería expresar algo que hasta entonces pensaba que no existía, algo que sabía que estaba ahí pero no podía oír en ninguna parte y esto fue lo que me llevó a crear esta música. No fue tanto la intención de experimentar o el intentar conscientemente crear algo nuevo, sino el deseo de plasmar musicalmente algo que necesitaba escuchar pero hasta entonces no había podido hacer.

ECP: ¿Me puedes hablar un poco de You guys kill me, que es para mí, sin duda alguna, uno de los discos esenciales de los años 90?

ME: Para este disco, conseguí un nuevo sampler que me ayudó a realizar todo aquello que siempre había querido hacer en términos sonoros y no había podido delimitar del todo quizá por limitaciones técnicas y a partir de ahí comencé a probar y experimentar con sonidos de todo tipo hasta llegar a plasmar lo que sería ese disco. Realmente, yo no tenía una idea prefijada o preconcebida de cómo debía ser ese disco, sino que me fui dejando llevar por los sonidos y matices que me iba permitiendo el nuevo instrumento.

ECP: ¿Y cómo te planteabas tus giras por aquel entonces conociendo tu miedo a volar?

ME: Bueno, ahora mismo sólo hago giras por Europa porque sólo debo utilizar el coche o el tren, pero hace años sí que volaba. De hecho, fui a Estados Unidos y pude girar por allí gracias al avión. Realmente, comencé a tener miedo a volar en la primera gira que realicé con Third Eye Foundation. Jesús, de Acuarela, me trajo aquí y estuve tres días sin comer ni dormir y cuando cogí el avión se originó todo un trauma del que todavía no he podido salir. Si te digo la verdad, alguna que otra vez he volado después de esto, pero si lo puedo evitar, no tengo dudas en hacerlo.

ECP: Por cierto, en tus discos en solitario parece que rompes definitivamente con la muralla de sonido que caracterizaba a Third Eye Foundation. ¿Fue un cambio premeditado?

ME: No creo que realmente sea tan acusada la diferencia, porque independientemente de que ahora haya voces y se haya eliminado gran parte de la base rítmica, el contenido está muy relacionado con mi anterior etapa. De todas maneras, lo que sí es cierto es que estas diferencias entre mi actual y mi anterior etapa nacen de la necesidad consciente de cambiar hacia otra dirección que permitiese que mi yo actual se escuchase con total sinceridad y este cambio no creo que haya roto con mi esencia personal como músico, sino que se trata de una evolución lógica.

ECP: En cierto sentido, estos discos tuyos reflejan un poco toda una idea del declive o la decadencia de la civilización occidental de una manera más íntima que con Third Eye Foundation, ¿no crees?

ME: Realmente, estos conceptos de los que hablan se ven sobre todo en mis dos últimos discos Drinking songs y Failing songs, que forman parte de una trilogía que acabaré con mi próximo disco, ya que mi primer disco The mess we made es una entidad que considero separada de los mismos.

ECP: ¿Te dicen algo los nombres de Bertolt Bretch o Kurt Weill, que yo intuyo esenciales para comprender con totalidad tu música?

ME: Realmente, a Kurt Weill lo he escuchado en muy pocas ocasiones, aunque me ha gustado bastante, pero creo que la conexión a la que tú apuntas procede de mi interés por los artistas del período de entreguerras. Si te das cuenta, esta es una época donde Occidente se encontró con verdaderos problemas, fue un tiempo muy difícil, pues la gente venía de recuperarse de una guerra, debía convivir con el hambre, las penurias o la reconstrucción de sus ciudades y tenía al mismo tiempo que asumir el ascenso del fascismo. Sin embargo, a pesar de o gracias a todas esas circunstancias los artistas y la creación en general se desarrolló de una manera espectacular. En cuanto a Bertolt Brecht me interesa sobre todo Auge y caída de Mahagony tanto por la obra en sí como por la colaboración musical de Weill, pero como te he dicho antes no soy un conocedor exhaustivo de estos artistas.

ECP: ¿Cómo te ves a ti mismo a la hora de interpretar tu música en términos de técnica e inspiración?

ME: Para mí, la parte técnica va siendo poco a poco menos importante en beneficio de la desnudez de la misma música. Sin embargo, sí que necesito de pedales y otros medios técnicos para concebir el entramado sonoro de mis discos, así como realizar su interpretación en directo, pues sin ellos no terminaría de realizar del todo aquello que deseo. De todas maneras, ningún aparato técnico es básico para mí. Me ayudan a conseguir lo que quiero, pero son sólo un medio para arropar la creación. Ahora mismo, por ejemplo, mi elemento de composición más importante es la guitarra clásica y todo lo que surge a partir de mi relación con ella es la base de mi creatividad.

ECP: ¿Qué nos puedes decir de Failing songs y del próximo álbum que cerrará tu particular trilogía?

ME: Realmente, todo esto nace de la frustración originada por ver que el mundo no aprende de sus propios errores y camina hacia un lugar que no es precisamente el mejor (…) Uno va viajando por diversos países y piensa o se ilusiona con que la situación pueda cambiar de uno a otro pero se da cuenta que siempre están dominados por la misma gente, que en todos hay la misma mierda (…) Recuerdo cuando las profecías decían que el siglo XXI sería un mejor siglo, pero cuando las campanadas dieron la entrada a este siglo yo sentí que nada absolutamente había cambiado. Todo seguía siendo igual en esencia. No había más que ver las noticias que daban en la televisión para darse cuenta de que todo seguía estando igual de mal. De ahí nace el disco: de la rabia ante un mundo que está jodido en su esencia. Nace de la frustración de estar viviendo en el siglo XXI y no encontrar más refugio que el arte para aguantar una realidad que está lejos de ser la ideal y para la que necesitamos un cambio de rumbo (…) Y bueno, sobre mi nuevo disco podrás opinar ahora, porque voy a tocar alguna de las canciones que lo compondrán, que nacen básicamente de la misma sensación.

ECP: ¿Y cuál es el país con el cuál te sientes más identificado o con el que piensas que tu música podría conectar más?

ME: Me siento realmente una persona desarraigada. Actualmente vivo en Francia, pero viendo cómo está la situación política ahora allí no sé si voy a mudarme en breve. Tal vez elija España, porque su gente es muy cálida y me trata muy bien, pero no hay ningún país con el que me sienta excesivamente identificado. Todos los países tienen sus cosas buenas y malas y todos influyen de una manera u otra en mi música. Fíjate que una parte de mi familia es estonia, pero como yo no he vivido esas raíces tampoco me siento exactamente de allí y aunque soy inglés tampoco me siento demasiado a gusto o me identifico con la forma de pensar de los ingleses. Te diría, por así decir, que soy una especie de inglés errante.

ECP: ¿Y no piensas que tu música conecta de algún modo con la de los países del Este?

ME: Bueno, yo amo la música de los países del Este, que son capaces de expresar con profundidad sentimientos de dolor, desarraigo, tristeza o sentimientos de pérdida. Amo la música judía, gitana o balcánica, la música rusa y folkie del Este ruso. De todas maneras, no he frecuentado mucho estos países y las veces que he ido me he llevado una pequeña decepción. Fui una vez a Polonia y encontré gente fantástica, pero también sentí que muchos ciudadanos de allí proyectaban en mí una situación que no era real, porque parecían pensar que yo era una especie de conquistador inglés o una personalidad mucho más cool o positiva de la que realmente soy. Por todo esto, me sentí un poco aislado y triste cuando fui allí, pues pensé que esta proyección no les permitía conectar con la persona que soy realmente y la música que hago. Aunque, si te digo la verdad, tal vez esta proyección fuera producto mío. De todas maneras, adoro la idea de ir a Rusia o a Rumanía a presentar mi música o seguir investigando sobre las raíces de unos estilos musicales que amo. Shalam.

 كُنْ ذكورا إذا كُنْت كذوبا

 ¿Qué ve el ciego aunque se le ponga una lámpara en la mano?

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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