MBV

0

MBV es un disco introvertido. Un muelle de tejidos sonoros que se contenta con expandir, alargar y amplificar los cerrados muros de una habitación. Es una prisión. Un viaje mental. Música que lamenta haber sido grabada, quisiera continuar siendo polvo de galaxias y firmamentos, hilos delgados de cometas y tierra roja gravitando por Marte. O Venus. Un disco implosivo. Construido para ser digerido internamente. Planear lentamente por cuerpos dormidos. Una obra de negación insistente del pasado y el futuro, que sólo tiene sentido como presente. Una píldora disolviéndose lentamente en el hígado que poco a poco va convocando imágenes. La mayoría de jaulas cerebrales y habitaciones cubiertas con techos de metal. Camas de hierro donde la gente medita sobre el ocaso y la constante agonía. O salas vacías de arte contemporáneo que habría que incendiar.

Mbv es una instalación. El ruido cerebral procedente de una sociedad drogada. Más una propuesta que una acción. La insinuación de un final. El disco de la soledad total. El fracaso de la búsqueda de una niña llamada Alicia a través de guitarrazos que son trozos de cristal. Voces que son chapoteos de insectos en un acuario sin agua. Lleno de peces muertos. O expirando. Un disco concebido para servir como réquiem infinito de Occidente que dura menos de un hora. Pero podría durar siglos. Porque niega el tiempo. Lo expande y lo concentra y lo arroja fuera de sí como si fuera una pompa de jabón. O una burbuja. Música para autómatas. Ciencia ficción del rock. Canciones abstractas que condensan un sin fin de deseos no logrados. La líbido muerta de Occidente. Cómo será el mundo tras el capitalismo. Un lienzo compuesto con el color de las menstruaciones de las mujeres del futuro. El púrpura y azul de cientos de sueños oblicuos. Un paseo vertiginoso por el laberinto sin salida en que se encuentra la música actual. Y un grito ahogado que pretende destruir sus muros.

MBV es un aspiradora. La psicosis llevada a su extremo. Una casa tan limpia y hermética que daña. Como un cuchillo afilado hasta la extenuación. El límite de lo posible. La hélice de un avión estallando en el aire. O un bafle obstruido del que, después de varios días, emerge sonido. Melodías de ruido que no existen más que en la cabeza de Kevin Shields. O un muerto. Porque MBV es un disco compuesto en el umbral entre la vida y la muerte. No se encuentra en ningún lugar concreto. O fijo. Como un satélite extraviado. Podría haber sido urdido en otro sistema solar. O lunar. Ser el semen de algún astronauta perdido. O las venas del mayor Tom abriéndose lentamente al ser transportado en una cápsula espacial hacia algún remoto planeta. Shalam

أََبْخَلُ مِنْ كَلْبٍ عَلَى جِيفَةٍ

Más tacaño que los cerdos ante la mierda

encabezado_averia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo