Nacido para correr

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No he leído una biografia menos glamurosa que la de Springsteen. Incluso músicos tan disfuncionales como Steven Adler (Guns N’ Roses) han sido capaces de poner sal y pimienta a sus coqueteos con el fracaso y la muerte y que nos sonriamos con sus bajezas y problemas con las drogas. Hay biografías como la de Motley Crüe que son un espectáculo. Un teatro alocado y depravado. Otras, como la de Keith Richards, que son una especie de canción. Un riff de guitarra en el que cada palabra rezuma alcohol y sexo. Experiencias salvajes de las que surgirían melodías icónicas. Pero la de Springsteen (al menos en el tono) no es muy diferente de la de cualquier tipo normal. Por ejemplo, la de un obrero de una fábrica. De hecho, es absolutamente sobria. Bruce no intenta distinguirse de nadie por haberse dedicado a la música y haber logrado el éxito. Relata su vida con absoluta frontalidad. Con autenticidad y sencillez. No parece magnificar ni ocultar nada. Cualquiera que lea el libro puede vislumbrar perfectamente que dice la verdad. Que no baña con la épica y la imaginación sus recuerdos. Ciertamente, los cuenta con detalles pero en voz baja. Logrando que cada lector sienta que le está hablando únicamente a él y que, mismamente, podría estar escuchando esta historia en un bar mezclándose con la de cientos de miles de norteamericanos. Entre otros, por supuesto, muchos de los que rondan por sus canciones.

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Ese tono tan alejado de la espectacularidad de tantas biografías rockeras puede provocar en principio hartazón (¿en qué se distinguen las vivencias con sus abuelos y padres que con tanto empeño relata de las de cualquiera de nosotros?), pero finalmente, eso es lo que termina convenciendo de este libro. Después de leerlo, pocas dudas quedan de quién es Springsteen (alguien que necesita desesperadamente trabajar, tocar, componer para soportarse a sí mismo) y se comprenden mejor ciertos detalles de su música. De hecho, a mí me ha hecho escuchar sus últimos discos de otro modo. Como una batalla feroz de alguien por no sucumbir al peso de su pasado.

Que el arte sana y a veces es un armazón que sostiene y da sentido a la vida, lo corrobora este libro.

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Resulta muy curioso de esta biografía que, tras leerla, se hayan quedado fijados en mi memoria detalles como las pastillas que Springsteen suele consumir para no caer en depresión, sus llantos sin venir a cuento en mitad de cualquier parte, su torpeza juvenil con las chicas o su escasa tolerancia al alcohol más que las típicas anécdotas sexuales o relacionadas con drogas o toda una serie de datos inéditos y personales sobre algunos de sus míticos discos.  Queda de hecho muy claro que el Springsteen escénico es muy diferente del real o más bien, que es una consecuencia de éste. El leñador que controlaba los escenarios con absoluta soltura y hacía moverse a las masas como un vendaval era en su vida personal un hombre angustiado e inseguro que reaccionaba frente a sus miedos ensayando una y otra vez cada tema, ejercitando sus músculos en el gimnasio, realizando extensas giras y componiendo febrilmente hasta quedar exhausto. Todo para no tener que mirarse demasiado tiempo al espejo.

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Las fotografías realizadas por Frank Stefanko a Springsteen dejan muy claro quién era en realidad. Otros fotógrafos han captado perfectamente al icono rockero. Al antihéroe beat. Pero creo que únicamente Frank ha captado su alma al desnudo. Su insatisfacción. Su fragilidad. Sus dudas continuas. Su neurosis. Por eso la portada que realizó para Darkness sigue siendo única. Ahí está el músico de talento pero también el que no sabe si es un imitador más de James Dean y Elvis Presley. El que está dispuesto a dar un salto al vacío para lograr ser un rockstar pero también el que desconfía de sus posibilidades. El hombre enamorado del pasado del rock y de su historia legendaria pero asfixiado por su familia y la vida real. Alguien que podría ser nuestro colega cuya mayor baza artística consiste en estar dispuesto a trabajar dieciséis horas donde otros lo hacen ocho.

Frank nos mostró antes que el propio Springsteen que tras el portentoso músico que ponía en pie auditorios se encontraba un hombre débil. Alguien necesitado de ayuda. Lo que viene a incidir en el tópico de que los grandes artistas son personas sensibles. Con ciertas taras personales. Lo mejor de la biografía de Bruce es que las cuenta todas. No deja un trauma sin tratar. Después de leerla, los discos suenan diferentes. Más sufridos. Más reales. Más trabajados. Frutos no tanto de hombre superdotado sino de alguien que comparte sus penas para sobrevivir. Rezuman vida, pasión, lucha, dolor. ¡Puto y puro rock and roll! ¡La fiesta de los pobres y los marginados!

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Resulta muy sintomático que Springsteen, si no me equivoco, no mencione en ningún momento el par de discos que publicó en 1992: Human touch y Lucky town. Cualquier fan sabe que ambos son discretos. Edulcorados mantras rockeros dignos de un anuncio de tabaco o pantalones vaqueros. Pero rompieron un silencio discográfico de cinco años y poseen varios temas interesantes en su interior. Se percibe en ellos que Bruce comenzaba a bajar el pistón. Su reciente matrimonio, la vida familiar, el paso de los años y una bollante cuenta bancaria lo estaban aburguesando. Y supongo que por esos motivos no tiene deseos de hablar de ellos.

El mejor Springsteen es tanto el más rebelde como el que bucea en sus orígenes. En su Jersey natal, el Nueva York de los 70 y la historia de su país. Da fe de lo mal que tuvo que sentirse con ambos discos el que posteriormente contraatacara con una obra maestra: The Ghost of Tom Joad. Un disco árido con sabor a carromato del Oeste y a la Gran Depresión norteamericana que podría ejercer perfectamente de banda sonora de una serie como Carnivale o sonar de fondo en una exposición fotográfica conmemorando al fotógrafo Walker Evans. Uno de esos discos a los que no hay que faltarles el respeto y no conviene escuchar en cualquier momento y cualquier hora. Hay que reservarle, como también ocurre con el sombrío Nebraska, un momento especial. Ya sea durante un largo viaje en coche o mientras se lee el libro de Steinbeck en que se basa o cualquiera de Tenesse Williams, Arthur Miller o de los integrantes de la Generación perdida.

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Me llama también la atención del libro, las dificultades que Springsteen confiesa haber tenido para lograr el característico sonido que baña algunas de sus obras clásicas.

Darkness suena a estepa. A campo de trigo. A habitación de una rebelde y solitaria adolescente. A un viaje sin fin. Born to run lo hace a club. A noche. A un garito de jazz invadido por unos cuantos músicos de rock. Huele a calle neoyorquina. A una elegante avenida por la que se desplazan unos cuantos muchachos rebeldes. Sabe a sueño y a drogadicción. A oficina policíaca y juerga. Y por último, The river lo hace a casa de campo. A feria de pueblo y concierto juvenil. A brisa adolescente y borrachera en un bar escondido. A celebración matinal, bautizo y primeros besos junto a un río.

Algo que podría parecer fácil y algunos de los fans de Springsteen podríamos pensar equivocadamente que surgía espontáneamente de la magia y la química existentes entre los componentes de la E. Street band. Pero no fue así en absoluto. Springsteen llegó a desquiciarse en muchos momentos creyendo que jamás lograría dar con el sonido que buscaba para todas esas obras. Y tuvo que armarse de paciencia y solicitar en algún caso desesperadamente, como el náufrago que apoya en el último momento en una madera que flota, la ayuda de John Landau para conseguir, aún con reparos, sacarlos adelante. Publicar algo parecido a lo que había imaginado.

Un detalle por cierto que nos habla a las claras de aquello que su biografía evidencia: que mientras muchos músicos de su entorno destrozaban sus vidas en inagotables noches de sexo y alcohol, él intentaba arreglar la suya trabajando obsesivamente. Con la constancia del obrero que va colocando ladrillo tras ladrillo en el edificio donde trabaja. Shalam

الضعيف لا يسامح أبدا

El débil jamás puede perdonar

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:..el ford mustang ha llegado a españa en un anuncio con musica del maximo fauve james brown: ….https://www.youtube.com/watch?v=gSNNryOhReA……….super bad……hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii….
    2ºimagen:….se que lo puedo hacer mucho mejor aunque sea una victima……
    3ºimagen:…..camisa y papel pintado muy guapisimos……..
    4ºimagen:…..sinceridad desafiante y su peinado tambien.
    5ºimagen:…..el del fondo con bigote soy yo….jajajjjjj
    6ºimagen:…..sincero desafiante y me peino como quiero….

    PD:https://www.youtube.com/watch?v=IM9zAl-2x9w……corazon hambriento….andar sobre el agua sintoma de dominio del tiempo………
    PD2: https://www.youtube.com/watch?v=s5sim5B15gQ….tribute prince el 25-4-2016(4 dias despues de su muerte ….purple rain es el hey jude de prince……….(nils lofgren a pasarse tutti frutti)…………

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Impresionante actuación y vestimenta de James Brown. Puro Blaixpotation. Starky. «2) ¿Podré escapar del cerco familiar? 3) Andalucía meets Badlands. Terrence Malick en El sur de España. 4) Mi única baza es ser quien soy pero también mi mayor tortura. 5) Así es. Eso pensé. jajajaj. Tras fumar algo. Esperando el concierto de Zappa. 6) Quisiera protagonizar un western crepuscular. PD: A) Rock de estadio. B) No conocía la versión. ¡Vaya! ¡Qué sorpresa!

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