Nebraska

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Bruce Springsteen ha legado hasta ahora tres obras maestras –Darkness of the edge of town, Nebraska y The ghost of Tom Joad- entre las que me quedo con su desnudo disco de 1982. Una obra fantasmagórica, grabada en una sola toma, que es tal vez el retrato más personal del rocker de New Yersey. Springsteen se encontraba atravesando una grave crisis de identidad cuando apareció Nebraska. Solía alargar sus conciertos al máximo no tanto por amor al rock (que también) sino para retrasar lo máximo posible su encuentro consigo mismo en su habitación. Y tal vez por ello, se implicó hasta el fondo en un proyecto tan personal como oscuro. Un LP donde narraba las visicitudes y penurias de marginados, asesinos, ladrones y gentes mucho más perdidas y desorientadas que él en la vida. Nebraska es un disco negro y verdadero. Un disco desolado y desolador. Harapiento y solitario. Visionario e hiriente. Una crónica del desahucio y el asesinato. Del robo y el malestar. Un disco depresivo que es tanto un retrato ajustado de la tétrica América profunda y olvidada como de un músico bipolar. Adorado por las multitudes y amante de la soledad. Un huracán escénico como pocas veces se han visto que sin embargo, ha dado sus mayores frutos cuando se ha enfrentado con dureza y calma, sin concesiones, casi como un vagabundo, a sus creaciones. Cuando ha obviado el optimismo, el músculo, la poesía trovadoresca y el rock de rodeo y se ha lanzado a retratar la faceta más salvaje y miserable de la vida. Se ha concentrado en sí mismo, olvidándose del público y cualquiera de sus compromisos para sacar de su alma la furia y la tormenta. Los llantos contenidos y la sensación de incomprensión.

En Nebraska no hay prácticamente esperanza. Casi todo es sórdido y apagado. Springsteen se olvidó de su propia personalidad y logró aparcar su ego, poniendo todo su talento al servicio de unas odas que son prácticamente susurros violentos. Se encuentran cantadas a media voz y evocan sentimientos ásperos y quejumbrosos. Son el anticipo perfecto de las historias de perdidos emigrantes que pueblan The Ghost of Thom Joad. Cada tema es una cicatriz. Una huella violenta. Una batalla perdida. Obreros cuyos derechos son mancillados, asesinos a los que la mediocridad de la vida no dio otra oportunidad, veteranos de guerra desorientados, almas resignadas a la derrota, trabajadores de vida desgarrada. Cualquiera de los sentimientos más tortuosos caben en Nebraska. Una obra invernal que es imprescindible citar entre las que mostraron con entereza y verdad el reverso del sueño americano, cuyo desgarrador aliento puso además a Springsteen a la altura de los más grandes cantautores norteamericanos. Lo convirtió en un tenso narrador de la injusticia y el mal. Un depresivo bardo que igual evocaba los años del crack o las fracturas provocadas por la guerra del Vietnam que la soledad y la impotencia de los muchachos nacidos en pueblos de la América profunda. Un espíritu torturado capaz de filtrar en sus venas varias capas del talento de Pete Seeger, Bob Dylan, Johnny Cash y Woody Guthrie, recogiendo de paso el testigo de sus luchas sociales. Shalam

إنَّ الْهَدَيَا عَلَى قَدْرِ مُهْدِيهَا

A veces, la mejor manera de educar es dar un ejemplo espantoso

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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