Nino and Radiah

0

Nino and Radiah es sin dudas mi disco favorito de Nino Ferrer. Un disco campestre, agreste, en el que el artista franco-italiano canta y compone con la sencillez e inocencia de un pintor fauvista. De hecho, en la época en que lo grabó se encontraba viviendo en una mansión de aspecto colonial que recordaba a esas angostas casas llenas de enredaderas descritas por Faulkner en sus novelas (y que tan habituales son en Nueva Orleans) y a muchas de las que pueblan el paisaje Nueva Caledonia donde pasó su infancia. La edad de oro de cualquier artista.

Desde niño, la vocación de Nino Ferrer era ser explorador. Se soñaba a sí mismo visitando nuevos lugares. Descubriendo ambientes. Y por eso rehuía del éxito fácil. Le digustaban los lugares comunes. Y, a pesar de que le hubiera bastado con mantenerse en su zona de confort, para engordar su fama y llenar de ceros su cuenta bancaria, siempre fue en busca de algo más en ocasiones de manera suicida. Luchando contra sí mismo. Por lo que no se conformó con ser considerado el rey de la fiesta y el sarcasmo. Un arlequín napolitano. El bello Adonis de feroz inteligencia que transformaba los escenarios en tablados cómicos. Un huracán pop que, en su faceta burlesca, era capaz de poner patas arriba cualquier sala de conciertos. Ni de hecho, se sintió excesivamente satisfecho al ser catalogado como sensible cantautor gracias al éxito de “Le Sud” o como presentador televisivo. No. Ferrer deseaba ser un explorador. Llevaba dentro una fiera. Un gusano corrosivo. Un peligroso lince. Y fue en cierto modo su mayor enemigo. Un culo inquieto de tendencias depresivas que se identificaba con los jazzmen. Con los maestros del Bop. Esos músicos imprevisibles que convertían cada disco, cada nota, cada día en una aventura y se alimentaban de la agitación y la sorpresa. Por lo que, ante la incomprensión del público en general, fue experimentando con el prog, la vanguardia, la música carnavalesca, el jazz, el pop experimental, la música disco o la canción francesa, en un incansable ritornello. Protagonizando una imparable montaña rusa de fracasos, incontenibles éxitos, desapariciones y decepciones que sólo pudo detener su sincera dedicación a la pintura y su triste y furtivo suicidio. Un golpe brutal en los estertores de la genialidad. Del riesgo y el amor.

Nino and Radiah es el disco soul de Ferrer. Pero como siempre ocurría con él, su aproximación al estilo fue muy personal. Tanto que hay quienes comparan esta obra con Astral Weeks de Van Morrison. Palabras mayores que en parte tienen su sentido. Porque Nino and Radiah es una maravillosa oda al amor y al bucolismo. Un mágico encuentro entre el folk y la música negra en el que Nino aporta la poesía, la lírica y el lamento y Radiah la modulación y el groove. Acompañando con su voz las letanías mágicas de un artista que nunca pareció más estar en paz consigo mismo que con este disco. Un LP que huele a aceptación y despedida. A alegría pero también a decadencia. Y que en parte, es una celebración de la vida sencilla pero también un lamento por la inocencia perdida. Y en gran medida, es el retoño más natural y menos forzado de Ferrer. El menos sobreactuado. El más auténtico surgido de su corazón.

Existe en verdad cierta tristeza sobrevolando todos los temas pero no por ejemplo con la intensidad desoladora y mayestática que habría unos años después en Blanat. Probablemente porque Radiah le aporta sensualidad y vitalidad extremas a cada uno de ellos. Y la mayoría de las composiciones se encuentran tamizadas por un leve cristal psicodélico que desdobla y ramifica el descarnamiento con el que son interpretadas. Además, también se encuentran sabiamente contenidas. Detenidas en el tiempo por una producción que elimina sus aspectos superfluos para resaltar su sencillez. Una simplicidad que aplasta, a pesar de que gran parte de ellas podrían mirar de frente (o al menos de costado) a muchas de las bestialidades musicales que por aquel tiempo llevaban a cabo los artistas negros en los que se Ferrer se inspiró.

  En cierto sentido, Nino and Radiah resume esos 70 que no fueron ni prog ni punk ni glam. Fueron soul. De hecho, es un disco que me recuerda -salvando las distancias- a lo realizado por David Bowie en Young Americans. Aunque -repito- a Ferrer este disco le salió mucho más natural que al genio británico. Tanto que no que parece una vuelta de tuerca más en su recorrido vital sino el exponente normal de su genialidad. El retrato más real de un hombre que fue devorado por su artista y personaje y de un músico que fue aniquilado (a la vez que alimentado) por el ser humano que latía en su interior. Una lucha a muerte entre Jekyll y Hyde que se saldó con el triunfo del diablo y la derrota de ambos el día en el que cerca de Perpignan, en medio de unos campos de trigo, Nino se disparó crepuscularmente con su escopeta de caza en el pecho, incapaz de soportar el dolor por la muerte de su madre. La única persona que siempre estuvo junto a él en medio de todas sus crisis y transformaciones. Shalam

الاِنْسان عدو ما يجْهل

El lobo ataca con los dientes, el toro con los cuernos

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo