Om: la mística del ruido

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Los cinco insólitos, místicos discos de Om, Variations on a Theme (2005), Conference of the Birds (2006), Pilgrimage(2007), God is Good (2009) y Advaitic Songs (2012), han sido la  banda sonora elegida hoy para continuar sumergiéndome en Ruido del arte. Y lo cierto es que se han acoplado sin estridencia alguna a mi trabajo. Creo que porque la música de estos norteamericanos posee varias de las cualidades y características que intento reflejar en la novela debido a su capacidad de extraer espiritualidad de la psicosis y esquizofrenia contemporánea. Algo que realizan, sí, a través de la distorsión y el ruido, como tantos y tantos grupos de su generación. Aunque lo que los distingue del resto consiste en que reflejan este hastío y desasosiego alargando la recurrente y en ocasiones monótona melodía hasta el límite, consiguiendo que, con el paso de los minutos, lo que parecía una oda ruidista más se convierta en una especie de catártico mantra que une lo divino con lo mundano, el espíritu con el cuerpo y los cielos con el bar. Un canto a la fe en medio del Apocalipsis.

Hay muchos aspectos que sobresalen en la propuesta de OM. Entre ellos, por supuesto, los nombres de algunos de sus temas que hacen referencia a lugares arcanos, (Tebas) o a determinados espacios clásicos, (el jardín de Getsemaní y el monte Sinaí), esenciales en el mundo espiritual y mítico. Referencias a través de la que entiendo que intentan elevarnos por encima de las circunstancias presentes y que nos sintamos parte de un tiempo eterno y circular del que la mayoría nos sentimos exiliados actualmente. Pero que a través de sus alargadas tonadas, esas drogas que vibran y se mueven sin cesar y traen consigo jirones del cuerpo y la sangre de Cristo y una gotas del perfume de Krishna, podemos recuperar. Encontrando en nuestro dolor y desorientación presentes, cierta inocencia, pureza y santidad que por lo general cuesta encontrar y a la que OM aluden a través del riego distorsionado de sus guitarras y esa temblorosa y enigmática voz que se eleva a través del ruido.

Muchas imágenes me vienen a la mente al sumergirme en estas travesías ruidistas. Y lo cierto es que prácticamente ninguna es nihilista. Razón de más para considerar a OM, sí, un grupo que apunta a otros planos. De hecho, al escucharlo me acuerdo de los films de Andrei Tarkovski, la partida de ajedrez entre la muerte y el caballero de El séptimo sello, los gestos de algunas figuras retratadas por el Giotto y los viajes que realicé hace algunos años a Rumanía o Bulgaría como de ciertos vitrales que contemplé en una catedral situada sobre un acantilado. Y siento esperanza. Pues su música es consuelo de viejos guerreros antiguos, ángeles, gitanos, borrachos y santones y aspira a ser la banda sonora de la futura Jerusalem. Esa ciudad celeste que resplandece en el centro del cielo donde algún día reinará la justicia. Aunque para ello deban caer truenos y tormentas a la tierra tan estruendosos y ariscos como la cólera de Aquiles o la ira de San Jorge. Esos rayos de furia que, de alguna forma, OM consiguen transformar en iracundas gemas sonoras que parecen metáforas recién salidas de un ensayo de Georges Bataille. Shalam

ما حكّ جْلْْْْْدك مثل ظْفرك

La vejez comienza cuando el recuerdo es más fuerte que la esperanza

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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