Policía

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Police tenían eso tan difícil de definir (que también poseían The Beatles) de lo que pocas bandas han gozado a lo largo de la historia del rock. La capacidad de gustar a todo tipo de públicos sin necesidad de rebajar el nivel de su propuesta artística o adaptarla a los requerimientos comerciales. Cuando los tres notables músicos vislumbraron que ya no se entendían ni personal ni musicalmente y que estaban interesados en seguir por rutas contrapuestas, se separaron. Décadas después, con las heridas un tanto cicatrizadas, decidieron darse un merecido homenaje en uno de esos célebres tours de reunión. Y eso fue todo. Ahí terminó la trayectoria de una banda que, durante una breve temporada, se situó en el primer frente de combate de la música popular y juvenil.

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Se dice que el debut de Police es un trallazo de pop y punk. En realidad, yo no estoy de acuerdo con esta última clasificación. De hecho, les encuentro mucho más parecido con The Jam que con Sex Pistols o Damned. Más bien, creo que la energía punk de la época les permitió realizar canciones instantáneas sin complejos. Apretar el acelerador sin miedo de que la crítica o el público considerara demasiado simple su propuesta y apostar por singles de tres o cuatro minutos que hacían mover los pies del público tanto en bares como en discotecas. Por tanto, diría que emerger en la era punk, les permitió recuperar con absoluta libertad el pasado que realmente reivindicaban -aquellos años en los que el rhythm & blues y el soul reinaban en los jukebox– y el pop inglés se llenó de canciones con idéntico gancho comercial y artístico. Police tenían la fuerza e ira de los 70 en su interior pero su espíritu (tal y como rezaba el título de uno de los himnos contenidos en Outlandos D’Amour) era el de los pioneros del rock. Esos que lograban en escasos minutos transmitir un sinfín de emociones. Por eso conectaron tanto con el público harto de las exquisiteces experimentales del rock progresivo como con esa clase media que consumía pop desde el salón de casa o en el pub de la esquina.

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Los tres integrantes de Police eran músicos magníficos. Creo que ese fue uno de los secretos de su éxito. Pero también uno de los motivos de su triste desbandada final. De ser mediocres, podían haber logrado uno o dos discos buenos pero nunca engarzar cinco tan notables, casi sobresalientes, como los que grabaron. Sting era un cantante con un indudable carisma. Su voz era cálida y sensual. Podía desgarrarse como una exprimidora pero también ser sensible como la de un poeta. Invocaba respeto y transmitía inquietud y deseos de explorar nuevos mundos. Por su parte, Stewart Copeland era capaz de casi todo con la batería. Lo mismo la tocaba con la explosividad de Keith Moon que como un músico vanguardista. Era tan sutil que a veces parecía un artista minimalista a lo Philip Glass puesto que aportaba una infinidad de matices a clásicas y sencillas canciones de consumo rápido. Lo mismo percusiones tribales que sensoriales. Casi siempre, eso sí, sugerentes. Y por último, Andy Summers era un guitarrista con aires experimentales muy marcados. Estaba tan cerca de Robert Fripp como de Kevin Ayers aunque si era necesario, tiraba de ametralladora. Tenía la capacidad de construir enigmáticas atmósferas tocando dos o tres notas y de abrir y amplificar las composiciones de Police al infinito. Provocando emocionantes sensaciones de dicha e intriga muy acusadas.

En realidad, los tres eran aventureros. Investigadores del pop. Sólo así se entiende la incesante evolución que tuvieron. La inteligencia con la que combinaron diversos estilos como el reggae y el funk con sus habituales trallazos rockeros o la fascinante facilidad y naturalidad con la que desarrollaron aspectos teatrales o se sumergieron en los sonidos tecnológicos y realizaron instrumentaciones cálidas y envolventes que realzaban el misterio del pop. Transformando de paso el rock en un estilo que, sin perder instantaneidad, podía transmitir múltiples sensaciones y servir de banda sonora no únicamente a los clásicos fines de semana de parranda sino también a la lectura de un libro o un viaje por un país exótico.

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Aunque me gustaban mucho y había comprado alguno de sus discos, Police no significaban gran cosa en mi vida, hasta que realicé un periplo por el Amazonas. Recuerdo que el guía políglota con el que me desplazaba en un pequeño barco junto a un francés y tres peruanos, pinchó en el radiocasette que llevaba sobre sus hombros Synchronicity y, en ese mismo momento, volé. Me transporté a otro lugar. Sentí el sabor de la aventura. Mis pulmones se hincharon y me llené de vida. Percibí que aquel disco grabado por Police décadas atrás, estaba hecho para escucharse en la selva. En medio de un paraje indómito en el que, de tanto en tanto, aparecían cocodrilos, cocoteros y lanzas clavadas en las orillas que recordaban el principio de la humanidad. La vida tribal y salvaje que, de algún modo, intentaba recuperar el rock. Días después, cuando llegué a tierra firme, lo primero que hice fue escuchar «Message in a bottle» en un locutorio y respirar. Inspirar, expirar y alucinar. Continuar de viaje.

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Creo también que la música de Police es ideal para escucharla en los puertos. Puedo imaginarme paseando por muchas ciudades portuarias escuchando con absoluta naturalidad al grupo inglés. Creo que ese era también uno de sus méritos. Jóvenes viajeros que conocíamos en nuestros viajes por el extranjero, los hacían sonar en sus walkman y, por lo general, nos resultaban agradables. En los cafés de Hispanoamérica donde escuchaba a Police siempre solía sentirme bien. Porque su música tenía la cocción precisa entre el romanticismo y la experimentación; la diversión y la relajación. Un cocktail atractivo muy sugestivo cuando se conocen nuevos parajes. Otra cosa, claro, es la carrera de Sting. Yo al menos desde principios de los 90 no puedo soportarla. Tendrá, supongo, discos buenos, pero lo que yo he escuchado me transmite apatía y aburrimiento. Todo lo contrario que Police. Un grupo que quedaba bien en múltiples paisajes porque su música tenía un fondo realmente emocionante. Era un océano de vitalidad.

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Police y The Beatles se parecen también en que ambas bandas, además de una notable discografía a sus espaldas, grabaron dos singles eternos que rompieron las listas de éxitos y se escucharán eternamente, que poseen una calidad indiscutible. Nadie sabe (ni, supongo, sabrá nunca) cuál es el brebaje y la fórmula alquímica para componer «Yesterday» y «Every breath you take». Ese es el misterio del pop. Se le pueden dar muchas vueltas y formular diversas teorías. Hay quien puede acusarlas de comerciales o demasiado sencillas, pero la única verdad es que ambas melodías seguirán surcando los tiempos y siendo la banda sonora de juveniles juegos amorosos y búsquedas personales. Ambas fueron grabadas hace ya un tiempo. Pero continúan sonando completamente actuales. Cuando las escuchamos, asentimos. Sabemos que están ahí. No nos pasan desapercibidas. Algo nos dice que capturaron un sentimiento eterno y lo hicieron contemporáneo. Actual. Válido para años futuros y pasados. Shalam

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

6 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..cuando veo a sting de joven veo al mod «guaperas» de quadrophenia……sonrisa…..
    2ºimagen:…..me gusta mucho la pintura fuchi-fuchi de las baterias antiguas…….parecen pechos de palomo……
    3ºimagen:……frente a la licoreria…vino blanco ayuso, nada bueno, todo quimica,……..
    4ºimagen:…..los pezones los tiene jimmy cliff:..https://www.youtube.com/watch?v=7Znh0OM9jiA………….
    5ºimagen:…..el teatro chino de manolita chen: «el cabaret de los pobres»……holanda……
    6ºimagen:..sting me recuerda a gino paoli….no se porque los relaciono…..»ese es el misterio de la musica»….
    gran facilidad melodica ….sonrisa….

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Yo veo al personaje de Dune. ..otra sonrisa. 2) El guitarrista con traje de hombre araña. Sting directamente llegado de las islas Bahamas. El batería enloquecido a punto de transformarse en Hulk. 3) La era punk atacando fotos como la del Morrison Hotel. 4) Sudor, Brasilia, selva. 5) ¿A qué te refieres con Manolita Chen y el cabaret de los pobres. 6) Camiseta retro de Sting que nunca pasa de moda. Bitter Kas.

  3. andresrosiquemoreno on

    ……..el «morrison hotel»…. el «roadhouse blues» le gustaba-gusta mucho tocarlo a antonio fidel (atenas) c/san francisco, cartagena, bajista del «ultimo de la fila»……..
    ….alejandro, lo de manolita chen y el cabaret de los pobres me lo sugiere la alegria, el torso denudo del polis y su cancion emblema «roxane»…….

    • Alejandro Hermosilla on

      Sí. Fidel lo tengo de amigo en facebook. Ha leído, creo, algún avería como el dedicado a Sisa. Recuerdo comprar algún que otro libro en su librería. Ah… bueno.. entiendo mejor lo del cabaret de los pobres. Veo que Manolita chen es un restaurante chino. ¿Quién sabe ya?

  4. andresrosiquemoreno on

    no….alejandro….hombre….es el teatro chino de manolita chen no un restaurante chino….. era un teatro de variedades fundado en 1950 hasta 1986 que hacia circo y revista musical, mira wiki…hasta juanito valderrama paso por su espectaculo, chicas con medias de rejilla y borlas en los pezones jajajjj ……aqui a cartagena venia el «teatro argentino» espectaculo similar al de manolita chen…..sonrisa…………(ponia su carpa en la zona de la lonja, por la calle del parque)……..(el cabaret de los pobres)…….

    • Alejandro Hermosilla on

      Ah. Vale. Ahora si lo entendí. No conocía ese teatro de nombre fascinante. Comienzo a mirar un poco en internet. Estos días le echaré un vistazo a todo esto. Teatro argentino, suena a soledad y decadencia en tiempos áridos. Muy David Lynch todo en el fondo. Pienso también en la serie Carnivale que por cierto creo que podría gustarte o al menos interesarte.

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