¡Sigue al conejo de la suerte!

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¡Steven Tyler! ¡Menudo personaje! Hace unas horas terminé su biografía de la que destaco varios detalles y pasajes.

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Me gusta obviamente la hiperactividad de Steven y que se vea a sí mismo por momentos como un personaje de Alicia en el país de las maravillas. Una parte de Aerosmith es drogas, peligro y blues y la otra es fantasía y dibujos animados. Durante su primera y segunda etapa, el rock, la chulería y la autodestrucción se impusieron y, desde hace dos décadas, lo que se proyecta en pantalla es una película edulcorada apta para todos los públicos. Un vídeo de la MTV.

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Hay que felicitar al biógrafo que fue capaz de traducir a palabras el ritmo alocado del cerebro de Tyler. Hay párrafos en los que, aunque habla con sencillez, el cantante lo hace con tanto entusiasmo que parece referirse a tres temas a la vez. En realidad, Tyler es instintivo. Es bluesy. Parece que está cantando en vez de escribiendo. Sus frases son parecidas a gorgojeos vocales y aspavientos. Riffs festivos de guitarra entre los que va pegando gritos y contando historias como un mono salvaje.

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Hay algo en Steven absolutamente psicodélico. De joven era un émulo de Mick Jagger. En una ocasión, cuando aún era un desconocido, lo confundieron con el stone y la multitud casi acaba con él. Creo que la anécdota llegó hasta salir en el telediario. Pero Steven también tenía mucho de Huckleberry Finn. Era un personaje de Twain crecido en la era pop. No resulta difícil imaginarlo de niño caminando por bosques buscando la madriguera del conejo blanco o asomándose a los lagos donde se bañaban las chicas ni adivinar lo que tuvo que suponer para esa caótica, genial y alborotada cabeza el primer cigarrillo de marihuana que fumó. Uno de esos viajes que terminan con uno en un sanatorio o lo convierten en un alma libre para siempre. Alguien colgado de la punta de un cometa.

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Steven habla y mucho de sus matrimonios, relaciones amorosas y ligues casuales y muy poco de su voz. Tal vez podría haberlo hecho más porque es absolutamente personal. Es puro sexo. Muchas veces cuando entona una melodía parece que está chupando el coño de una groupie y otras que lo están masturbando. Y el caso es que en sus inicios era batería. ¡Madre mía! ¡Pero si con la marcha que tiene en el cuerpo, este hombre sería capaz de poner a las monjas de un convento a bailar en una santiamén! No me extraña que cuando se subiera a un tablado junto a Joe Perry y se pusiera a gritar, ya nadie lo sacará de ahí más que la droga y el vicio. La expresión “es el puto amo” se hizo para tipos como él. Da igual lo que haga en un escenario que no dudas en pagarle. De hecho, es en gran medida, la gran prostituta del circo rockero. Cuando camina por el escenario parece que está haciendo un striptease. Que está follando con el micrófono y desvirgando mentalmente al público.

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Steven fantaseaba con grabar una canción que, mil años después de su muerte, alguien en las más remotas galaxias escuchara y le hiciera decir en tono reverencial: “¡Es él, el extraño Ser Inmortal!”. Esa canción es, sin dudas, “Dream on”. El “Hotel California” de Aerosmith. Basta escucharla para volar. No importa que te caigan mal Steven y sus colegas, no importa que no te guste el hard rock, que tu novia te dejara ayer, que mañana sea lunes o que haga frío o calor. Cuando suena “Dream on” algo se paraliza. El viento cesa de rugir y las estrellas brillan con mayor profundidad de lo habitual. Porque tiene el espíritu de los clásicos. Hoy suena incluso más urgente que cuando fue grabada. Y probablemente también más necesaria.

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Una de las tretas que Aerosmith idearon para pasar droga por los aeropuertos fue la siguiente. Puesto que los fans siempre los llenaban de regalos, decidieron esconderla en paquetes llenos de palabras de sus admiradores. Así, en caso de que un agente los detuviera al detectar una sustancia prohibida, podían alegar que ellos no tenían nada que ver con eso. Que quien debía haberlo puesto era un entusiasta seguidor. En palabras de Tyler: “Así transportábamos el combustible para nuestro cohete. Echa media onza de cocaína en un sobre, y escribe en su exterior con grandes letras de colores ¡SOIS LA LECHE! ¡AEROSMITH MOLAN QUE TE CAGAS! ¡AQUÍ VA UNA PEQUEÑA MUESTRA DE MI AFECTO! (FIRMADO) DWAYNE, y lo escondes en la batería”.

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No he podido evitar reírme al leer esta anécdota fechada en 1977. Una época en la que Aerosmith era una farmacia ambulante y estaban a punto de sufrir desgarradoras crisis internas: “Estuviésemos donde estuviésemos, pedíamos batido de huevo a un deli de Nueva York que mandaban en avión hasta Checoslovaquia, pero se perdía tanto en la traducción que lo recibido no era para nada un batido. Algo parecido a recibir una caja de escrotos de mono en salsa de tapioca de un país que aún no ha sido descubierto”.

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Hay un pasaje en la biografía que deja muy claro dónde se encuentra actualmente Steven. A finales de los 90 recibe una llamada de Liv preguntándole si debe aceptar participar en un filme comercial –Armageddon– junto a Bruce Willis y Ben Affleck. Está preocupada porque desea ganarse una reputación como actriz de cine independiente. No quiere tirar por la borda lo logrado en Belleza robada y Eso que tú haces. Su padre le responde: ¿Qué hay de malo en ser famoso?. Años después, al recibir la propuesta de participar como jurado en American Idol, se dijo a sí mismo algo parecido: ¿Qué hay de malo en participar? Así que el rock fue pasando a segundo plano en su vida en beneficio de las drogas y la fama. Por más que, obvio, Steven sigue siendo un animal escénico. Y si tiene el día, es capaz de mover montañas y tenerte pensando varias semanas en lo que acabas de ver. Una pantera rugiendo en libertad.

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Creo que el mensaje que transmiten los últimos conciertos y discos de los Stones es el siguiente: “Ok. Tal vez no conseguimos estar a la altura de los grandes del blues, pero lo intentamos y seguiremos haciéndolo hasta nuestra muerte”. Por el contrario, la obsesión de Aerosmith por tocar baladas para quinceañeras en estadios llenos de mecheros y madres desmelenadas, la interpreto como si fuera un modo de respirar aliviados por haber sobrevivido a todo tipo de excesos. Una manera de homenajearse a sí mismos y tener la fiesta en paz no tanto por los discos grabados sino por haberse metido por el cuerpo edificios enteros de droga y encontrarse vivos para contarlo. Shalam

المحبة والمحبة هي كل ما نحتاج إلى معرفته

La voz humana conspira para profanar todo en la Tierra

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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