Siouxsie en Oriente: Arabian knights

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Sin dudas, otra canción que podría perfectamente ejercer de banda sonora del libro que escribo actualmente es “Arabian knights” de Siouxsie and The Banshees. Un tema repleto de gotas de arena y polvos mágicos que aparece en el cuarto álbum de la banda, Juju. Un disco que hace de la paranoia y la intensidad, poesía y se revuelca en los escalofríos de un tiempo oscuro entre los que la voz de Siouxsie se alza como la de una profetisa. O más bien, una bruja. Una hechicera rodeada de súcubos y demonios, que canta sobre la destrucción del mundo con cierta ironía que le permite convertir su tétrico arte en una fiesta. Celebrar  algo tan difícil como es el fin de la libertad que es a lo que, en cierto sentido, la mayoría del post-punk inglés aludía con más o menos furia y tristeza. No me gusta especialmente esa etiqueta -gótico- que se puso a muchos grupos de pop y rock durante las pasadas décadas. Pero entiendo que tiene su lugar. Porque lo que conjuntos como Siouxsie hicieron, fue cantar a la muerte. Poesía del declive. Crearon un magma musical que reflejaba el ocaso de la esperanza, la desesperación de no poder enfrentarse eficazmente al derrumbe y la satisfacción mórbida de dejarse arrastrar por los remolinos.

Una crisis económica gigantesca, Margaret Thatcher y la guerra fría estaban dejado sin esperanza a los jóvenes ingleses. Permitiendo entrever el futuro rumbo alienante que nuestras sociedades occidentales han tomado. Adónde podían conducir las doctrinas neoliberales que “la dama de hierro” comenzó a aplicar en su país como ensayo de lo que posteriormente veríamos en el mundo entero. Además, la eclosión de la MTV y el vídeo como soporte y medio para vender pop contribuyeron a acelerar este proceso en el que música y moda se fusionaron y confundieron de tal modo que resultaba muy difícil diferenciar o identificar si el artista era real o un mero montaje. Algo que no importaba en definitiva pues se trataba de vender canciones, discos como una mercancía más.

Antes de que Pet Shop Boys consiguieran hacer arte del cinismo (véase su “Paninaro”), los grupos del post-punk bailaron en torno a los estertores del cadáver del rock, corroborando lo que los artistas nihilistas habían denunciado. Si el punk le escupió en la cara al rock para enterrarlo, el post-punk se reunió en torno a su cadáver y compuso la banda sonora del sepelio. Ellos fueron quienes introdujeron los restos en la tumba y de paso, calibraron las posibilidades de resucitarlo y darle nueva vida. En este sentido, Siousxie jugó un papel esencial. Con discrección e inteligencia, contribuyó a canalizar nuevos medios expresivos para expresar la decepción colectiva al tiempo que hacía poesía de la derrota. Una derrota que si bien era plausible y evidente para muchas facciones de la sociedad inglesa, no lo fue para todas. Basta revisitar esa oda al futuro pop (“Planet earth” de Duran Duran) que inauguró los 80 junto a otras de Depeche Mode, Ultravox o Human League. Al escuchar a esos grupos, se siente que algo novedoso está comenzando. Una especie de viaje hacia el futuro de la humanidad, una nueva aventura. Y resulta desde luego, difícil entrever en qué finalizaría el porvenir estimulante que melódicamente retrataban. Sin embargo, al escuchar a The Fall, Joy Division o Siousxie no quedan muchas dudas. Parece claro que el caramelo que se nos vende viene con veneno dentro. Y que la sociedad del futuro poco tendrá de utópica y esperanzadora. Será orwelliana o no será.

En los cánticos del post-punk, en efecto, ya no existe confianza. Sus canciones están llenas de gritos solitarios y desesperados que atisban un fin. Y el sentido del humor y la ironía que desprenden, se debe más a la necesidad  de buscar medios y formas de sobrevivir que a una una jocosa postura vital. Los artistas son conscientes de que crean en tiempos de resaca. Su papel es componer las melodías que se escucharán justo antes de que amanezca, sabiendo de antemano que el sol no volverá a salir. Que viviremos un eclipse continuado. Y por eso, su sentido del humor es tan cáustico e inteligente y de ahí salieron francotiradores como Julian Cope. Porque situaciones apocalípticas contribuyen a crear personalidades clarividentes y resistentes, en el límite de las reglas sociales y el arte.

“Arabian knights” es, a mi entender, un tema que busca salidas al agujero negro y lo hace, como ha solido ocurrir en otras ocasiones, mirando a otra cultura y realidad. A Oriente. Dejando soñar a la imaginación con efrits, lámparas maravillosas y alfombras mágicas, espejismos, oasis y desiertos en los que la conciencia se pierde y puede olvidarse del opresivo destino que vive en el día a día.

 Creo que lo que me fascina de “Arabian knights” es el hecho de que sea un tema donde las guitarras arden, protegidas por el manto seductor de un bajo que estalla de tanto en tanto. Es, sí, un tema que posee el sonido clásico del post-punk pero es capaz de introducir ciertas modulaciones orientales que dan aire y fantasía a las creaciones de un grupo que de haber nacido en los años 60, estoy convencido de que hubiera podido crear auténticas gemas psicodélicas. Siousxie no niegan la situación, las opresivas circunstancias sociales, tampoco huyen de ellas pero entienden que para retratarlas con más eficacia es necesario viajar a otros mundos. Esos paisajes adonde nos conduce la imaginación cuando hablamos de la cultura árabe.

Otro asunto sería qué hacer cuando al descender de los cielos, nos encontramos con un público distraído y confuso, perdido en el fanatismo o engatusado por las nuevas tecnologías y la publicidad. Pero eso es otra historia. Acaso la triste historia del rock (como movimiento ideológico) durante las dos últimas décadas, a cuya decadencia cantaron con lucidez y plena conciencia no exenta de locura, entre otros muchos, Siouxsie and the Banshees. Ese grupo que buscó bálsamos para reanimar un cadáver y casi que se ahogó haciéndole el boca a boca. Shalam

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Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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