Sonidos (2)

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Continúo con el repaso de las canciones que me han sido imprescindibles para escribir Martillo.

Ahí vamos:

Eurythmics: “Sex crime (nineteen eighty-four)”.

El tema pertenece a uno de los discos más infravalorados de esta banda que contribuyó a expandir de manera sumamente personal y deliciosa el techno-pop durante los años 80. No hay mucho que decir sobre el mismo. Como una ametralladora golpea los oídos del oyente gracias a sus sintetizadores y a efectos como el vocoder. Annie Lennox canta con la fuerza necesaria para introducirnos de lleno en los intersticios de una dictadura mundial como la que relata Orwell en su famoso libro y al mismo tiempo, con la sensibilidad suficiente para que tomemos conciencia lo que esta abominación supone. Exactamente, esta es una canción que invita a tomar conciencia de la opresión y el horror pero que paradójicamente, retiene algunas de las características de los Eurythmics más festivos. Música para danzar pensando si nuestros pasos y bailes no estarán siendo acaso controlados y programados por el Gran Hermano; para escribir sin temor a encontrarse con verdades nada agradables.

College: “A real hero. (feat. Electric youth)”.

Otra de las canciones estrellas de Drive. ¿Qué tendrá este film que no me gustó especialmente aunque he rememorado sus imágenes una y otra vez escuchando dos de sus temas centrales? Hoy finalizaba Martillo y sonaba esta melodía y todo parecía cobrar sentido. Tal vez porque tanto la canción como la película explotan un sentimiento que olvidamos con los años: que todos somos únicos, nuestro espíritu es irrepetible y si nos morimos, una nota de las infinitas que existen, dejará de escucharse en la tierra. Sí. Probablemente tópico pero no por ello falso. No es que no existan los héroes. Es que no hay ningún ser humano que luche o aspire a cumplir sus sueños que no lo sea. Por ello siempre supone un gozo y una ayuda escuchar este tema que nos invita a continuar por más que la coyuntura no sea muchas veces la mejor.

Kate Bush: “Wuthering heights”.

No sé si se puede añadir o decir algo más (y que sea relevante) sobre esta escalofriante recreación musical del clásico Cumbres borrascosas de Emily Bronte. A muchos, la voz de Kate Bush les parecerá empalagosa. Algo lógico porque no parece proceder de un ser humano sino de un duende o un ángel recién llegado a la tierra. Pero a otros tantos, les resultará afectuosa, pues al escuchar esta canción, siente uno que no está solo, que su trabajo es guiado desde el cielo y que alguien venido desde allí lo está acompañando. “Wuthering heights” es, en definitiva, un boca a boca espiritual. Una oración pop que no importa que se crea en dios o no, autentifica su presencia y de paso, la del ser humano en este planeta, obligándonos, forzándonos a resistir.

Ciber People: “Doctor Faustu’s”.

De nuevo el italo-disco. Canciones divertidas para mover los pies y los dedos cuando escribimos. Hay personas que me han dicho que mi cama se mueve cuando escribo en ella y se preguntan si es que estoy acompañado por alguna mujer invisible. Sin dudas, un error de óptica. Porque probablemente esos quejidos que mi lugar de descanso emite, se deben a los saltos que acostumbro a dar mientras escucho esŧa oda espacial de Ciber People. Un tema que hace pensar en videojuegos de marcianitos, amores interestelares y que deconstruye de manera festiva durante su desarrollo ese mito y personaje, el Doctor Fausto, al que alude en su título. ¿Es posible retratar la felicidad en escasos segundos y hacerse una idea de lo que fueron las discotecas de media Europa durante los 80? La respuesta en los minutos que dura este formidable tema. Música para escribir sin pensar en el qué dirán.

Laserdance: “Humanoid invasion (Dance Mix).

¿Más italo disco? ¿He dicho ya que Martillo es un libro italo? ¿Sí? ¿No? Pues habrá que repetirlo cuantas veces sea necesario. ¡Pasajeros del planeta Tierra, preparémonos para resistir la invasión de humanoides y mezclar mundos, personajes insólitos! ¡Para combinar el gore con la novela rosa, el terror con el romanticismo, edificios modernos con dinosaurios y estructuras arquitectónicas procedentes de la época arcaica! Porque todo es posible escuchando este tema que no es que contribuya a que mi cama se mueva sino que más bien lo que hace es que mi cuerpo levite, dándome alas y más energía que cinco Red Bulls y además no me agota ni hace daño a mi salud. ¿Qué más se puede pedir?

Patty Ryan: “(You’re) muy love, (You’re) my heart”.

Además de “The call of Ktulu” de Metallica, este es el único tema que aparece mencionado en Martillo varias veces. Y lo hace por derecho propio. Estaba componiendo una escena que no sabía cómo resolver y cuando comenzó a sonar la voz de Patty Ryan,  la narración volvió a fluir. Vi claro que el poeta que protagoniza el libro debía subirse a un tubo de bailar para intentar animar a su triste audiencia: un grupo de ancianas y dos homosexuales que lo observan como si estuviera muerto o fuera un demonio encerrado en un cofre de bronce. Un efrit que, a pesar de su poder e increíble presencia, no provoca más que indiferencia en el público.


Tina Turner: “We don’t need another hero”.

Tendría unos 10 u 11 años cuando fui a ver la tercera parte de la saga Mad Max al cine. Una primera parte demoledora y una segunda, flojísima me hicieron salir un tanto pensativo de la sala donde la proyectaron. A pesar de ser un niño, no me recuerdo feliz tras verla. ¡Eran tan fascinantes sus primeros cincuenta minutos que dolía ver cómo se desarrollaba luego el film!  En cualquier caso, lo que nunca me decepcionó fue una de las canciones de su banda sonora: el famoso tema de Tina Turner que, casi treinta años después, sigo escuchando varias veces al año. En el caso concreto de este mes, más de cien. Pues ha sido uno de las mejores compañeros para crear el ambiente mítico de Martillo, hablar de la ciudad de Ubar y construir algunas frases como aquellas que hacen referencia a los hijos del mañana y el futuro inexistente de la humanidad. Shalam.

عِنْد الشدائِد يُعْرف الإخْوان

Con las pasiones uno no se aburre jamás; sin ellas, se idiotiza

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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