Sunn O))): el Deutoronomio del ruido

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El sonido de las morsas, los galápagos y los bloques de hielo al quebrarse.  El del diablo al bostezar o los dioses griegos al caer de su Panteón. El sonido que hacen las estatuas de bronce al resquebrajarse por el paso del tiempo, el aire o los golpes recibidos por martillos de bronce y el del cielo al tornarse oscuro y enfrentarse de golpe a la luna o el del firmamento al ser aniquilado por la lluvia y el relámpago. La música que se escuchaba en los altares donde eran sacrificadas las víctimas en la vieja ciudad de Ur o eran quemadas vivas las brujas en tiempos de la Inquisición y los ruidos de la poesía de Friedrich Hölderlin al ser pronunciada en voz alta por los guerreros nazis al realizar sus ejercicios matinales. El rugido de los leones africanos al ser apresados por los romanos y el quejido de la Torre de Babel al desvanecerse. La sonrisa maliciosa del rey Nabucodonosor y el bramido de las tripas de Sansón. Las alas de Satanás al desplegarse sobre una caverna de víboras revueltas con los restos de viejos poetas muertos y la escucha de viejos fragmentos de El paraíso perdido de John Milton y La tierra baldía de T.S. Elliot recitados frente a pirámides egipcias hundidas en medio de verdes océanos y negras selvas. El levantamiento de los zigurats, los gritos de los persas durante las batallas, el eco de los relatos de Tucídides y los berridos de Nerón cuando su madre se negaba a darle de mamar. Los gritos de protesta de Lilith, los de furia de Yahvé y los de los condenados a pasar el resto de su vida en el purgatorio. Los lamentos de una madre que ve cómo Salomón desgaja en dos mitades a sus hijos, los del papá al observar desde su atalaya a Atila entrando en Roma y los de ancianos visigodos al ver caerse una piedra de una ermita.

Una misa en una catedral consagrada al demonio. Una ceremonia en la que cada uno de los asistentes entrega su alma voluntariamente y sin coacción alguna a sacerdotes que rajan con cuchillos su corazón. Un mundo donde el único conato de civilización se encuentra en las manos de los hechiceros y no hay más monumentos en pie que los megalíticos. El signo de kish. Varias mujeres echándose en brazos de una bestia exigiendo ser penetradas por ella. Un hombre arisco con una cicatriz en la cara que golpea a latigazos el cuerpo de sus hijos cada mañana. Aquello que se escucha cuando un dios introduce su pene en el ombligo del planeta. Las pesadillas de los torturados un día antes de ser apresados por sus captores. La mirada en las tinieblas de un dios que ríe junto a otros dioses que ríen y una pléyade de sacerdotes que ríen al posar sus viscosas manos sobre un grupo de niños que lloran y de madres que lloran y de padres cuya cabeza ha sido descuartizada. Los bárbaros invadiendo el imperio romano de Occidente y el de Oriente. La caída de Constantinopla. El derrumbe de las iglesias bizantinas. Las luchas entre iconoclastas y muertos de hambre. La peste en las películas de Ingmar Bergman. Un grupo de leprosos caminando libre por las aldeas invitando a vino a quien se cruza con ellos. Perder la virginidad durante la hora del lobo. Ser Abraham y no detener el brazo con el que sacrificar al niño Isaac. La morgue. La muerte que habla y camina y besa sin piedad y por azar al primer ser humano que encuentra en su camino. El lenguaje de Satán. El primer pecado de orgullo y avaricia. Y el de gula y egoísmo. Un mar de lagartos que ríen y muestran sus dientes cuando contemplan un náufrago a la deriva. Y las carcajadas de todos los seres humanos que han dispuesto de la vida de varias almas en sus manos y han decidido acabar con ellas.

Con pocos recursos, con inmensa intensidad y devoción por la música considerada en sus discos o mantras u oraciones como si fuera un pozo sagrado, una pila bautismal por medio de la que vencer la condena del tiempo e intentar imponerse a la muerte, Sunn O))) han construido la banda sonora de un funeral. No ya el de la civilización occidental sino el de todas la que existieron y existirán. Se han introducido en el fondo de los mares y desde allí han escuchado las voces emitidas por dios cuando sin descanso construyó este mundo. Porque su música es como el Universo, eterna. Se escuchó en Babilonia, en Persia, la mañana en que Satán desenvainó su espada contra un ángel y cuando el Ku Klux Klan realizó su primera matanza y se escuchará cuando los Borgia resuciten, Adán y Eva vuelvan a ser los únicos habitantes de este mundo, los dinosaurios caminen libres por la tierra y el lado oculto de la luna resplandezca. Sea completamente visible a todos los seres de este y otros planetas. Shalam

الصبْر مِفْتاح الفرج

Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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