Zooropa

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Zooropa es mi LP favorito de U2. Cuando apareció por sorpresa, (o al menos sin la habitual y descomunal publicidad que estos artefactos suelen llevar detrás) en medio de una gira mundial del grupo irlandés, lo escuché una y otra vez. El verano de 1993 va unido en mis recuerdos a este disco. El segundo de una especie de gloriosa trilogía involuntaria (que completarían los majestuosos, fríos y elegantes Atchung baby y The passengers) con la que concluyó la etapa más esquizoide, cínica, confusa y creativa de la banda.

De lo que vino después prefiero no hablar. Lo que sí tengo claro es que por mediocre que fuera, no va nunca a poder quitarme el buen sabor de boca que me dejó esta metamorfosis artística gracias a la que U2 pasaron de convertirse en un grupo épico e incisivo con aires mesiánicos en uno vanguardista, esquivo e imprevisible capaz tanto de ir en sintonía con los acontecimientos políticos y sociales como de adelantarse a ellos sin necesidad de nombrarlos. Logrando captar el zeitgeist de la época a través de melodías en espiral interpretadas por riffs de guitarra parecidos a grafitis, letras evasivas e inconexas llenas de sugerentes ideas que plasmaban perfectamente la inquietud contemporánea y una producción (detrás de la que se encontraba, entre otras, la mágica mano de Brian Eno) que convertía cada canción en un experimento sin restarle capacidad de evocación ni pegada.

Zooropa es un disco nihilista y casi punk. Ok. Sí. No el punk clásico que conocemos, (el de los Ramones y Sex Pistols), sino uno más cerebral pero igual de contaminante. Un punk intelectual y artístico dispuesto a quebrar cadenas televisivas, corromper consignas políticas y sofismas universitarios.

Zooropa es una obra cuyo sonido refleja perfectamente la incertidumbre creada en el mundo occidental tras la caída del muro de Berlín y la Guerra del Golfo: el habitual circo político de los funcionarios de Bruselas y la Comunidad Económica Europea, la grieta abierta por la guerra de Bosnia y el desmembramiento de Yugoslavia o el fin de la URRS. De repente, U2 eran una banda que parecía surgida de un cabaret berlinés o del estudio de un artista vanguardista. Por momentos, hacían krautrock y por momentos, house y lo mismo se recreaban en bases y atmósferas tecnológicas que inyectaban rabia y autenticidad malsana a ritmos pregrabados y sintetizadores. Bono jugaba con distintas personalidades. Ya no levantaba una bandera blanca y abogaba por la paz sino que se reía de sí mismo y de su público. Se disfrazaba de Mefisto, invocaba la memoria de Lou Reed y los artistas glam mientras jugaba frívolamente con unas gafas negras rodeado de televisiones que auguraban el panóptico mass-mediatico que reina en el mundo actual. La guitarra de Edge no creaba únicamente atmósferas sino que se rompía y disgregaba como una batería o un cacharro electrónico creando abruptos efectos de sonido que invocaban una suerte de continua disgregación mental. Y tanto Adam Clayton como Larry Mullen Jr. exploraban nuevas dimensiones de sus instrumentos convertidos ahora en células líquidas y movedizas que lo mismo disolvían y quebraban que fortificaban la base rítmica de las canciones, contribuyendo a expandir la melodía como si bajo y batería fueran pigmentos pictóricos de un lienzo abstracto.

Zooropa era un disco nocturno, decadente y futurista. Un erupto en el inicio del fin de la historia. Un disco que retrataba indirectamente la Europa neoliberal y comenzaba a vislumbrar el final de la era pop. Algunos de sus temas podrían haber servido perfectamente de banda sonora de una novela de William Gibson o pincharse en una discoteca previa proyección de Blade runner.

Zooropa es una obra que, al igual que todos aquellos seductores juegos con la falsedad y la verdad protagonizados por Bono en los escenarios, se entiende seguramente mucho mejor en el año 2021 que cuando surgió. En realidad, lo que más me gusta de él es que es malsano. (La aparición por cierto de Johnny Cash es gloriosa). No es un éxtasis ni es cocaína. Es un disco parecido a una resaca emocional y alcohólica. A una descomposición intelectual y espiritual. Es lúcido por hastío y desgana y visionario por aburrimiento y cinismo. A su manera, es el 1984 de U2. Nos advierte de la cárcel construida en Europa entre el poder político y económico.  Es un disco orwelliano que saca petróleo de la confusión y anticipa la globalización profundizando en las rutinarias distopías del mundo del espectáculo. Shalam

سريره محارب يستحق أن يموت في ساحة المعركة. ليس في

Un guerrero digno desea morir en el campo de batalla. No en su lecho

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..plantilla pop, con escafandra central…..(luis gordillo)……+ sigue sigue sputnik……………..
    2ºimagen:…..mi gorro en venta ……..sr……….el matrimonio millonario de christo y jeanne claude(art land)………
    3ºimagen:……reproduccion prohibida…..no te mires tanto, el espejo es el demonio (eso decian antes la gente mas mayor)…………………rojo-rosa vs verde-amarillento (teoria del color)………………

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Factory siglo XXI. El arte es nada. No pensar también esa arte. 2) Performance sobre la imposibilidad. No importa lo que hagas que no conseguirás nada. El marqués de Sade es el mercado 3) Al fin saco mi verdadero yo. Lo que deseaba era ser adorado y ganar dinero. ¿Se darán cuenta? No. Ni aunque lo escenifiques.

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