Pelea

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Dejo a continuacion un nuevo avería dedicado a Carles Puyol; el defensa del F.C. Barcelona y la selección española. El cual recomiendo leer con uno de esos temas nacidos para inspirar fuerza y confianza. El mítico «Eye of the tiger» de Survivor. Ahí va.

Pelea 

Carles Puyol no era un futbolista. Era mucho más. Ante todo, un ejemplo vital. Cuando pienso en las palabras tesón y sacrificio, vislumbro inmediatamente a mineros, conductores de bus, camareros, albañiles y, sí, también al impresionante defensa del F.C. Barcelona.

Alguien dijo una vez que junto a la estatua de Cruyff, debería haber una suya en el Camp Nou y secundo la moción. Porque si el Barcelona de Rijkaard y Guardiola hizo lo que hizo no fue tan sólo por el talento de Xavi, Ronaldinho, Iniesta, Eto’o y Messi sino por el intenso esfuerzo realizado por futbolistas como Keita, Touré, Abidal y, por supuesto, Carles Puyol. Alguien que con el que siempre se podía contar. Estaba en las buenas y en las malas.

Cuando el Barça se hundía de la mano de Gaspart, ahí estaba él, como un grumete aguerrido, luchando contra viento y marea achicando agua. Y lo que es lo mejor, animando a sus compañeros desmoralizados a arrimar el hombro. No desfallecer. Mismamente, cuando el viento comenzó a soplar a favor, se ocupó de guardar las espaldas a la manada de artistas como si estuviera en juego su vida. Afianzando su preciosista estilo futbolístico con su mirada salvaje y pura. Su corazón guerrero con forma de balón y esas greñas revueltas que lo hacían más parecido a un chaval de barrio (o a un extra de un filme de Pasolini) que a una estrella futbolística. 

Puyol tenía algo muy especial. Era más parecido al esforzado e impetuoso niño que acaba los partidos lleno de heridas y con el traje hasta arriba de manchurrones y rotos que al jugador profesional clásico. Probablemente porque jugaba al fútbol con la ilusión y fuerza, casi con la inocencia suicida, con la que lo hacen los niños durante el recreo. Parecía que lo hacía más por el honor que por el dinero. Más por levantar un trofeo o poder saborear satisfecho un bocadillo de salchichón con mantequilla en casa junto a sus padres y amigos que por algún tipo de prebenda económica. Jugaba, sí, con esa energia, con esa vitalidad incansable de los amateurs y juveniles. Con esa fuerza interior que rige la vida de los chavales de 11 o 12 años en el césped. Lo que explica el porqué cuando se retiró debido a las lesiones, perdonó gran parte de su sueldo al F.C. Barcelona y sólo pensó, a lo largo de su carrera, jugar en el equipo de sus amores.

Para Puyol, el Barça era como su familia. Más que una firma en un contrato parecía que lo que lo vinculaba al club era un pacto de sangre. Uno de esos vínculos eternos de amor y amistad que jamás se rompen porque en ellos se encuentra condensado toda nuestra identidad. Nuestro honor y nuestra alma. 

En gran medida, Puyol era un gladiador en el campo pero sus modales eran los de un caballero cristiano. Tan sólo fue expulsado tres veces a lo largo de su carrera, apagó innumerables fuegos en escenarios a punto de estallar y generó muchísimas más amistades que enemistades. De hecho, resulta muy difícil (sino imposible) encontrar alquien que lo confrontara en los terrenos de juego y le guardara rencor. O dijera una mala palabra de él.

Lógico, porque a Puyol, además, sólo le interesaba el fútbol. La manera de estar más ligero físicamente para la siguiente carrera  o de colocarse mejor para o bien rematar en el área contraria o defender un córner. Tenerlo encima era una pesadilla. Parecía un perro de presa. Una sombra. Para dejarlo atrás había que regatearlo dos o tres veces. Algo casi imposible. Tal vez no fuera, eso sí, tan infranqueable como Paolo Maldini en sus primeros años, pero con el tiempo se le aproximó mucho. Y casi que lo superó. No había manera de esquivarlo corriendo o en jugada limpia. Era un dolor muy profundo en la cabeza de cualquier delantero.   

Puyol era tan constante y noble, tenía tanto tesón, que se ganaba a rivales y compañeros. Todos lo querían tener en su equipo aunque la primera vez que lo vimos jugar al fútbol, la mayoría pensamos que era hosco y bruto. Alguien cuyas prestaciones tácticas eran antitéticas para el estilo blaugrana.

Puyol encajaba más como lateral o central del Bilbao o Boca Juniors que en el F. C. Barcelona. Hacía pensar más en Migueli, Couto o Sergi que en Koeman, Abelardo o Rafa Márquez. Nadie esperaba que saliera con el balón controlado del área o que pudiera secundar el juego colectivo clásico de la defensa del Barcelona. Muchos lo consideramos un aguerrido muchacho que no dejaría huella. Sería una mera anécdota en la historia del club azulgrana. Pero, pronto, se volvió imprescindible. Se ganó su estatua. Demostrando que es mucho mejor (o al menos tan importante) tener en un equipo a un Puyol que a un Lewandonski, un Messi o un Mbappé. Aunque, para ser más justos, diría que si un equipo es capaz de conjugar armónicamente ambos tipos de jugadores, lo más probable es que sea imparable.

Puyol era imprescindible ya no tanto por su juego sino por su actitud. La fuerza moral. El trabajo invisible en los vestuarios. La enorme bola de fuego que su espíritu divulgaba entre sus compañeros. 

Obviamente, verlo jugar era puro rock and roll. Una mezcla entre Barón Rojo y The Who. No era sutil ni fino. Era explosivo. Un guerrero. Un hombre de tribu. Un cazador incansable. A veces fatigaba verlo desplazarse por el campo. Desgastaba.

Dicho esto, lo cierto es que Puyol era un genio táctico y mucho mejor técnicamente de lo que pudiera parecer. El solo era capaz de cubrir muchos de los huecos y vacíos dejados en la zona defensiva del Barcelona debido a su estilo atacante. De hecho, el único hándicap a ese respecto que tuvo no fue otro que le tocó interpretar el papel de batería en una España y un Barcelona que eran puro Mozart. Un ejército de violinistas. En otros equipos, Puyol hubiera destacado a todos los níveles. También técnicamente. Pero junto a Xavi, Iniesta, Messi, Xavi Alonso, Villa y Cesc parecía hosco. Eso sí, simpáticamente hosco. Amablemente visceral. Ferozmente amistoso. Muy generoso en sus esfuerzos. Y siempre dispuesto a luchar. Alguien parecido a un indomable león. A un toro bravo y digno o a Tarzán, como cariñosamente se lo apodó. Un hombre preparado para ir a la guerra en cualquier momento.  

Lo cierto es que junto a Piqué y Ramos, Puyol formó parte de una impresionate línea defensiva. La de la selección española. Una locura. Un muro resposable de gran parte de los triunfos de ese inolvidable equipo, que sólo me parece comparable a aquel mítico torreón erigido en el Milan de Sacchi comando por Baresi, Tassotti y Maldini. Puro granito. 

En verdad, llegado a un punto, partido tras partido, esfuerzo tras esfuerzo, Puyol se convirtió en un jugador legendario. Uno de los mejores defensas de la historia. Pero lo mejor de todo es que nunca se lo creyó. Hasta el último día, continuó jugando con la mentalidad y fuerza del juvenil. Y eso lo hizo muy querible. Lo convirtió en un símbolo. Porque es muy fácil identificarse con él. Basta recordar al niño que fuimos para reconocerse en cada una de sus carreras o golpes en el pecho.

Puyol es un mito del fútbol no por los títulos que conquistó sino porque los logró con idéntica actitud que el joven de 13 o 14 años que alza un torneo de verano. Logrando así que sus triunfos no parecieran suyos sino de todos. Que pertenecieran al pueblo. A esas masas de público de todos los pelajes y nacionalidades que acostumbraban a llenar los estadios en los que jugaba, las cuales, independientemente del equipo al que animaran, sus esfuerzos lograron convertir en una panda de amigos suyos. Colegas de su barrio coreando divertidos su nombre al verle despejar una y otra vez un balón. Shalam

سعداء لأولئك الذين يجرؤون بشجاعة على الدفاع عن ما يحبون

Felices son aquellos que se atreven con coraje a defender lo que aman 

 

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen…..una decision esperanzada…..
    2ºimagen…. animo para todos…………
    3ºimagen……lo suplo con fuerza……………..
    4ºimagen…….expongo y solicito………….
    5ºimagen……toma tu que yo me voy pá fuera…..conviccion……
    6ºimagen……leonardo da vinci llega tarde , el 10 me la ha hecho…..sonrisa……
    PD….no se por que este tema le gustaria al epico carles pujol………….
    https://www.youtube.com/watch?v=SBH_u-vEK30………miriam makeba-1967-pata pata…….

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Soldado Ryan. 2) Tarzan «moral» Puyol. Guerrero romano. Estatua-efigie warhol—italiano. 3) Ninetto Davoli divirtiéndose en un descanso de la filmación de un filme de Pasolini. 4) Look ochentero. En otros tiempos, sería un seguidor de Mecano jugando al fútbol. 5) Capitán cristiano antes de un combate a muerte contra los musulmanes. Reconquista. 6) Estampa perfecta para cuadro pop de equipo Crónica. Pd: Coincido en que le gustaria. Canción muy física. Muy con los pies en la tierra. Muy de barrio africano. El feliz trabajo.

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