Armas

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La orquestación de la estafa que sufrimos actualmente los españoles y gran parte de los ciudadanos occidentales tuvo lógicamente varios frentes, capítulos y partes. Por supuesto que la telebasura, los noticiarios, la publicidad o el deporte fueron utilizados para distraer la atención de la población de los sucesos y acontecimientos realmente importantes. Ese obsceno espectáculo que políticos, banqueros y constructores desarrollaban diariamente y era, o bien ocultado capciosamente, o jaleado indiscriminadamente. Pero hubo otras decisiones y estrategias mucho más sutiles que contribuyen a visualizar con igual claridad los planes de las élites. En el caso concreto de España, hay dos que con el tiempo parecen obvias pero no me lo parecieron así en su momento. Algo lógico porque cuando los ciudadanos comunes estamos subiendo la montaña, las élites están bajando y resulta muy difícil poder analizar ciertas decisiones con lucidez cuando se producen porque  no vemos el mapa al completo al contrario que quienes rigen los destinos del mundo desde lo alto de las colinas. Hablaré hoy de una de ellas. La abolición del servicio militar obligatorio por parte del gobierno de José María Aznar.

Ok. De acuerdo. ¿Qué hay de malo en prohibir el servicio militar y apostar por un ejército profesional? Si bien apostar por la paz y pagar un ejército profesional no es muy coherente, en principio, nada. Esta decisión podría considerarse una invitación a la comunión y continua comunicación entre los hombres de buena voluntad. Toda una declaración de intenciones a favor de la hermandad. La plena comprensión de que en el siglo XXI, en un mundo cada vez más  globalizado en que culturas diferentes se mezclan y están en contacto diariamente, no deberían ser necesarias las armas puesto que aludirían a viejos conflictos que ya perecieron. Esta resolución, por lo tanto, permitiría modernizar el país. Contribuiría a la ampliación de la conciencia de las personas y de una masa civil empoderada en sus derechos dispuesta a resolver sus posibles conflictos sin usar las armas a través de los instrumentos legales y legítimos vigentes. Pero esto, en el fondo, es una falsedad que nadie puede creer. Una enorme mentira que no se sostiene a poco que rasquemos en su superficie. De hecho, es otra medida de manipulación capciosa que fue tomada, en mi opinión, debido a principalmente a tres razones (entre otras muchas) que favorecerían siempre y en todo momento a las élites y los designios y futuros movimientos del NWO.

1) En primer lugar, es muy dificultoso creer que en un mundo en el que existen millares de armas de destrucción masiva, bombas atómicas y racimo y decenas de centrales de energía nuclear, se abogue por el pacifismo. Casi imposible, diría yo. Pues de ser así, ¿qué hacen todos esos proyectiles guardados en complejas fortificaciones? La primera declaración real y absoluta de paz que no dejaría lugar a dudas ninguna, sería consecuentemente destruirlas todas de un lado a otro de los Polos. Todo lo que no sea esto, es en el fondo puro maquillaje. Y en este sentido, como no sólo no se ha tomado esta medida sino que al contrario, continúan ampliándose fondos para el desarrollo de armas cada vez más complejas y sofisticadas, no hay muchas dudas al respecto. La prohibición del servicio militar en los países periféricos o de segunda fila pertenecientes a la OTAN no sería más que una consecuencia del inmenso desarrollo tecnológico de las armas en los Estados Modernos y de que, por tanto, ya no son necesarios amplios gruesos de población como anteriormente para ir a la guerra. De hecho, no fue hasta la finalización de la Primera Guerra Mundial que comenzó a considerarse un error, una afrenta o algo verdaderamente nocivo alistarse en el frente para defender la patria. Hasta entonces era un absoluto honor, casi un privilegio digno de los héroes. Y a esto contribuyó definitivamente el que fuera uno de los primeros conflictos donde se comenzó a utilizar armamento y vehículos de gran potencia -tanques, armas químicas, dirigibles, aeroplanos, submarinos, ametralladoras, morteros- que hacían inútiles los antaño épicos combates entre tropas. Los soldados de hecho comenzaron a ser una parte secundaria (aunque todavía muy importante) en el combate y no su principal foco y conducto. Por lo que, de alguna manera, el hastío y la sensación de vacío -alentados por las élites- debido a su participación en un conflicto en el que apenas se les tenía en cuenta, se instaló en muchos ciudadanos europeos sembrando las primeras semillas de antibelicismo que, a medida que transcurriera el siglo XX y la tecnología se desarrollara aún más, se irían agrandando. Con el tiempo, se llegó al límite de que una sola persona apretando un botón podía hacer más daño que un batallón de cien mil personas disparando un día tras otro contra una ciudad. Por lo que, en esencia, la formación militar de los civiles ya no le era de tanta utilidad como antes ni a los Estados ni a las corporaciones empresariales que podían invadir y destruir un país con unos cuantos soldados excelentemente formados que terminaran de ejecutar los planes estratégicos y operativos diseñados en herméticos y asépticos lugares donde no llegaría una sola gota de sangre. Y consecuentemente, el servicio militar obligatorio fue desapareciendo de Occidente. Y si en el caso de España no lo había hecho antes fue debido probablemente a la asombrosa duración de la dictadura franquista que dificultó a los poderes políticos liberarse de las presiones del ejército y toda una serie de vicios adquiridos que el neoliberalismo -las sirenas del eterno bienestar y crecimiento económico (¡Compra, consume y no te esfuerces!)- terminaron por hacer estallar.

2) En segundo lugar, hemos de tener en cuenta cuál está siendo el modelo de organización política desde hace varias décadas: los grandes bloques (de los cuales la Comunidad Económica Europea no es más que una consecuencia). Si un hecho tiene claro el NWO es la necesidad de formar estados supranacionales que funcionen casi como empresas o grandes corporaciones en donde se puedan abolir las diferencias entre naciones y las pequeñas culturas se ahoguen o perezcan en el olvido, en pos de un mandato y universo cultural global. Y, en este horizonte, es donde también cobra sentido la desmilitarización de los ciudadanos de una nación teniendo en cuenta que el brazo ejecutor y organizativo del NWO -la OTAN- se nutre de militares profesionalizados de un alto nivel, procedentes de distintos países. Algo importante en cuanto así les puede imponer el inglés como idioma común, potenciando el olvido de su origen (con lo que si hiciera falta serían capaces de luchar en contra de su patria de nacimiento) y el progresivo lavado de cerebro que se lleva a cabo en los ejércitos.

En realidad, invocando y renovando alianzas, atenuando posibles rebeliones internas a través de los mass-media y, gracias a la continua evolución del armamento, la OTAN tendría más que suficiente para cumplir sus objetivos y definir sus intereses, con una élite de soldados. Y, en este sentido, desde luego que no estaría interesada en que los civiles aprendieran a manejar armas en cuanto de este hecho podrían surgir focos de rebelión que se opusieran a sus políticas totalitarias frente a los cuales habría que gastar tiempo, fuerzas y -lo que más le duele al FMI- dinero. Desde este punto de vista, lo que hizo José María Aznar no fue más que rendir armas y cuentas a los jerifaltes a los que servía y se debía, agachar la cabeza frente a sus amos (no creo que este señor de haber tenido autonomía hubiera clausurado el servicio militar) siguiendo un proceso que había comenzado previamente con ese engañador de serpientes (a mí me engañó no una sino cuatro y cinco veces) llamado Felipe González. Ocurre que José María Aznar era además un cínico embustero y quiso vender, promocionar un acto que era totalmente contrario a sus convicciones profundas y realmente antipatriótico y cobarde como un canto a la paz. Una concesión a los jóvenes y la libertad que sirviera para dibujar ciertas gotas de humanismo en el retrato monstruoso de su persona que habían ido construyendo las izquierdas y movimientos anti-sistema. Algo que por supuesto que no conseguiría, a pesar de que lo intentara una y otra vez. Pero esa es otra historia.

3) En tercer lugar, hemos de volver a revisar las dinámicas del neoliberalismo. Rodrigo Rato, José María Aznar, Felipe González o el FMI sabían perfectamente dónde querían conducir a nuestro país aplicando las políticas liberales que crearían la burbuja económica: a la destrucción de la clase media y el tejido cultural y obrero hasta hacer de España un inmenso paradero turístico destinado íntegramente a servicios, manejado con mano de hierro por una élite de empresarios. Para conseguir este propósito, claro, se magnificó el espectáculo futbolístico, se liberalizó el comercio, se hizo entrar al país en el euro, etc. Pero, a pesar de todas las distracciones y el consumismo espiritual, la élite no podía fiarse del todo de que no estallara una rebelión cuando la población en su conjunto tomara conciencia de la estafa a la que estaba siendo sometida y es, en esta línea, que se decidió también aparcar el servicio militar. No es lo mismo llevar a cabo un programa de destrucción de derechos y confiscación de bienes a la clase media, si la mayoría saben manejar armas y explosivos que si no han visto un arma cerca más que en un film de Quentin Tarantino o Takeshi Kitano. En absoluto. Y por supuesto que los maquiavélicos gobernantes se dieron el tiempo suficiente para llevar a cabo esta medida que si bien en el 2001 fue implantada definitivamente, hacía tiempo que de facto ya había sido puesta en práctica. Algo lógico. Pues quienes menos tienen que perder y más se arriesgan suelen ser los jóvenes. Quienes aún no tienen un hijo. Y urgía que quienes tienen entre 20 y 30 años actualmente, no se adiestraran militarmente, puesto que la generación que hoy bascula entre los 35 y 50 años por más preparada que estuviera y más rabia que latiera en su interior, muy posiblemente no se arriesgara a tomar un fusil o una pistola y meterles un tiro entre las cejas, por miedo a lo que pudiera suceder con sus familias e hijos. Porque ellos sí que tenían algo que perder.

A lo dicho anteriormente, debemos añadir esa retahíla de mensajes que en las tres última décadas se han escuchado desde todos los mass-media invocando las grandezas del budismo, la paz y de ciertos líderes indios y sudafricanos profetas de la no-violencia, provocando una mala conciencia (individual y social) respecto a quien pensara ejercer la violencia para defender sus derechos. Consiguiendo, de este modo, desactivar algunas de las vías de respuesta más directas y eficaces (no digo sabias) contra el TERRORISMO de estado que se ha ido practicando. O al menos permitir debatir sobre ellas. De hecho, creo que este debate de una u otra manera tendría que estar en la calle a todas horas. ¿Nos organizamos militarmente para acabar con la matanza y el fin de nuestros derechos que la clase política y las corporaciones económicas están provocando y promoviendo o dejamos que nos quiten lo que deseen y lo que quieran y casi que nos dejamos matar? Y aunque posiblemente mi respuesta fuera no, aunque supongo que votaría que no, me gustaría que esta conversación se produjera más a menudo de lo que hace pues entiendo que sería un símbolo de que no nos han idiotizado absolutamente y podemos hacerles frente realmente. No ser únicamente sus cobayas como actualmente somos. Un signo de lucidez y libertad a partir del que, cualquiera de nuestras ofensivas civiles tendría otro sesgo y sería más respetada. Precisamente, de hecho, es el derecho a tener armas de sus civiles lo que en cierto modo ha provocado que el FMI no haya ajustado las tuercas a USA como tenía en sus planes y hará, claro, cuando no le quede otro remedio.

Sí. Lo siento. Nunca creí que hablaría en estos términos pero me parece urgente y necesario  hacerlo. La violencia llama a la violencia y ellos la practican diariamente con nosotros, de tal modo que finalmente he comprendido la existencia de la mafia. Una organización que, más allá de la épica fílmica, antes se escapaba de mi horizonte de entendimiento y que ahora, sin justificar ni apoyar, desde luego que visualizo con claridad que tiene una razón de ser tanto como barrendero del Estado (la mafia se hace cargo de los trapos sucios de los que el Gobierno, al tener que responder a unas leyes y una opinión pública y, por tanto, mantener una imagen, no puede ocuparse a costa de traicionarse) como contra-poder necesario frente a ese poder institucionalizado con los votos que asesina, quita vidas, invade, desprecia, penaliza. Ese Estado que al menos en España se ha convertido en un inmenso monstruo que causa más terror que nada en este mundo. Porque lo que más pavor puede dar es saber que nuestra vida depende y pende de un hilo manejado por esos psicóticos seres que gobiernan sin piedad alguna sobre los que consideran sus súbditos, a los que desde luego no sería yo quien llorara, si alguien -habiendo hecho el servicio militar o no- quitara de en medio con una bomba o unos cuantos disparos para siempre y jamás. Shalam

 من تسمّع سمِع ما يكْره

Los bellos y fáciles caminos no llevan lejos

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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