El doble (o el otro)

0

En el mundo del capitalismo tardío, el barrio con seguridad privada repleto de mansiones burguesas, no es el opuesto del marginal lleno de parados, inadaptados o drogadictos sino su complementario. Como tampoco es el opuesto de la biblioteca universitaria, una casa sin libros, sino, repito, su complementario. Afirmación que puede aplicarse a muchos otros pares de conceptos, objetos o ideologías como machismo-feminismo, fútbol y cultura o santidad y prostitución. Veamos. Al capitalismo básicamente le interesan los extremos. Quiere la rentabilidad máxima con menos esfuerzo. Por tanto, no desea una sociedad armónica y mucho menos, igualitaria. Es cierto que una sociedad armónica no es una absolutamente igualitaria pues, en ese caso, sería una cédula homogeneizada y sin libertad. Por lo que probablemente una sociedad armónica sería aquella en que se respetasen las diferencias e intensidades. Los ritmos de trabajo y, sobre todo, los deseos siempre y cuando no entraran en conflicto. Algo que es prácticamente imposible y de lo que se aprovecha el capitalismo para precisamente imponer aquello contra lo que dice luchar: la homogeneización. Del deseo (claro). Y del acto de consumo. Y si puede, de la opinión pública. Pues se trata de conseguir que todos demos el máximo de nosotros mismos. Compitamos como si estuviéramos en las Olimpiadas, por ser los más ricos, pobres, santos o cultos. El capitalismo desea lo más y en ese deseo por convertirnos en lo más, inoculado a todo el cuerpo social es como consigue reblandecer las oposiciones aparentemente infranqueables entre enemigos. El capitalismo le dice al asesino. Mata, sí, pero mata cuanto más sea posible. Y al pobre. Pasa hambre, sí, pero cuanto más sea posible. Consiguiendo, exactamente, lo que desea: extraer lo mejor de cada uno. Su máximo. El récord. Que finalmente, unos y otros le sigan el juego. Respondan a sus intereses. Sus deseos que básicamente son controlar la vida y acabar con la muerte. Que cese el flujo de la vida y que no pare el flujo de dinero. Para lo que es necesario, claro, que no exista el ahorro y si es posible, tampoco la sociedad. Únicamente la empresa.

Intentaré explicarme mejor. Recurriendo a la naturaleza. Hay una hora, un minuto, un segundo en el día que el sol calienta y alumbra más que nunca (punto de ebullición total del trabajo capitalista) y otra hora, minuto, segundo durante la noche, en que hay más oscuridad que nunca (punto de ebullición total del ocio capitalista). El día y la noche, el sol y luna se necesitan. Sabemos que más que opuestos, son complementarios. Ocurre que entre medias, hay cientos de minutos y horas en que el sol no calienta a su máxima potencia ni la oscuridad alcanza su máximo. Respetar estos otros tiempos, aceptarlos, y darles su lugar en la vida, su real mérito, sería un principio bajo el que acaso podría sostenerse, fundarse una sociedad armónica: cada uno según puede dar. Que no siempre es el máximo.

Sin embargo, esto no le es válido al capitalismo que se basa en oposiciones absolutas que, por arte de magia, consigue que convivan armónicamente. Pero siempre y cuando, repito, den lo máximo. Es decir; el capitalismo no puede enfrentar a la clase media. Es capaz de sembrar cizaña y separarla. Pero no llevarla a una guerra si no consigue un par de opuestos que superen los hilos más finos o resistentes que los unen. Por ejemplo, sin ir más lejos, el terrorismo o el nacional-fascismo. Que son problemas (reales o no) que básicamente, el dinero consigue que se conviertan en excusas para ejecutar sus planes: la separación y fragmentación social. Consiguiendo que cientos de miles de personas luchen o bien por no caer en la marginación o llegar al punto más alto de la escala social que es lo que realmente quiere lograr y le preocupa, y en absoluto el terrorismo o el nacionalismo que, en esencia, son armas de pánico masivas, lanzadas contra la clase media o el país que se desee conquistar y controlar. Con lo que, sí, el barrio marginal opuesto al lujoso no es un error del sistema. Sino un deseo de éste. O más bien, un recurso de su programación para conseguir el objetivo deseado: que todos demos lo máximo y lleguemos a enemistarnos si hace falta con la familia para obtener dinero. Sustento. Ya sea trabajando o robando -lo mismo da- pues al fin y al cabo, ese dinero (por lo general deuda) siempre irá a algún lugar -no importa que sea un banco o la construcción de un auditorio- donde el capital ya tiene puestos sus tentáculos. El rock o la canción-fórmula. Lo mismo da. Pues lo repito, el capital no piensa en términos de opuestos sino de complementarios. Crea, sí, opuestos y divide a la sociedad en base a ellos, (como ese par capitalismo-comunismo donde llegó a incluirse a sí mismo como un medio a través del cual experimentar qué sistema era mejor para sus intereses) pero en esencia, estas oposiciones no son más que la treta y argucia que utiliza para continuar expandiéndose. Determinando nuestras vidas.

Exactamente, cuantos más contrastes hay, más necesario y también más fácil es guardar o imponer un orden. El capitalismo no sólo es maquiavélico pues domina a través de la manipulación y el miedo. Sino que sobre todo es maniqueo. Razón por la que tanto la New Age o la fuerza jedi (el supuesto bien) acaban por servir tanto a sus propósitos como el lavado de cerebro que realiza diariamente a través de los mass-media a su servicio. El capitalismo es Luke Skywalker y Darth Vader. Y también el Dalai Lama y Obama. La corbata torcida de Bill Clinton y un berrinche de Nerón. Básicamente, porque ha conseguido que todo tenga un precio. Incluido el tiempo que ya no es que sea lo más valioso porque existe la muerte sino precisamente porque el dinero con que se paga el tiempo, es la justificación para acabar con la muerte. Y comenzar el ciclo de la eternidad. La época Rothschild. O drone. El mundo hecho videojuego. Y el público convertido en fan. De Is-ra-el. Is-ra-el. O el dios Yahvé. Una eterna pantalla de televisión donde el héroe mata a ricos y pobres indistintamente. No importa. Pues para el capital, son cuerpos. Excusas para acelerar la producción. La necesidad de que el mundo entero clame por más seguridad a cambio de su libertad. Shalam

إِذَا وَقَعَ الْجَمَلُ كَثُرَتِ السَّكَاكِين

El río sigue su curso sin esperar al sediento

encabezado_averia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo