Episodio VII: podemos

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Dados los acontecimientos que estamos viviendo, parece evidente que las élites económicas tienen un plan para cuyo cumplimiento no les importa manipular o jugar con la población. De la misma manera que los sindicatos de trabajadores se reúnen para velar por sus intereses (o al menos lo hacían en tiempos pretéritos), resulta bastante lógico que quienes verdaderamente rigen los destinos de la economía y los países (o lo que va quedando de ellos), se unan para trazar estrategias, planes que les permitan mantener y multiplicar sus ganancias. Y esto no es conpiranoia sino sentido común. Son leyes de clase y de grupo, derecho de pernada de los jefes de la manada, que en gran medida explican muchos de los procesos que estamos viviendo además de los pasados. Decía Adrián Salbuchi, por ejemplo, en El cerebro de mundo que la consabida y mitificada lucha entre comunismo y capitalismo que tuvo lugar desde la Segunda Guerra Mundial, fue un experimento creado por la aristocracia empresarial del planeta con el objetivo de comprobar cuál de los dos sistemas se adaptaba mejor a sus intereses. Lo que explicaría aún mejor procesos vividos en ambos bloques como las purgas estalinistas o la caza de brujas del macartismo. Este combate les servía para continuar haciendo prevalecer el miedo sobre el mundo, observar cómo se podían controlar y unificar diversos países y culturas en torno a grandes bloques e ir creando los mecanismos de control (Pacto de Varsovia, Otan) a los que acudirían cuando, tras el enfrentamiento entre los dos rivales, eligieran el modelo más fuerte con el que poder imponer elNWO. Para finales de los años 70, muy posiblemente ya se habían cerciorado de que el sistema ideal a imponer era el capitalismo y poco a poco fueron realizando los movimientos y dando las órdenes necesarias para desmantelar el telón de acero. Provocando que los jerifaltes de, por ejemplo, la Marvel o Hollywood comenzasen a realizar toda una serie de obras en las que más o menos quedaba bastante claro qué es lo que podía suceder. Entre ellas, por ejemplo, Rocky IV, (¿acaso no era una advertencia de que el bloque comunista estaba próximo a caer frente al empuje del capitalismo, el hecho de que en 1985, el boxeador del pueblo americano, Rocky Balboa, tumbara al ruso Iván Drago en pleno centro de Moscú?)  y, por supuesto,  Star Wars.

De una manera u otra, todos los films de la saga creados por George Lucas han hecho referencia (siempre veladamente) a sucesos que estaban ocurriendo y, sobre todo, por ocurrir, inoculando ciertos mensajes en el inconsciente colectivo. En la trilogía original,  tras cientos de esfuerzos y décadas de incontenible lucha, los rebeldes, demócratas y aliados de los jedis (esos primos-hermanos de los ciudadanos del país que décadas después realizaría guerras humanitarias en Oriente Medio) acababan con los maquiavélicos planes del Imperio y años más tarde, caía el muro de Berlín. Provocando que, a tono con las celebraciones de los acólitos de Han Solo y Luke Skywalker al final de El retorno del jedi, Occidente se convirtiera en una fiesta inmensa de crédito, dinero fácil y “supuesta” democracia durante la década de los 90. A lo que contribuía la infantilización de gran parte del cine de Hollywood de la época y por supuesto, ciertos detalles del Episodio VI de Star Wars. Tanto es así que a veces en mis delirios, he pensado que los ewoks, esos muñecos surgidos en medio de un planeta perdido y utópico, eran en gran medida el lado amable  del “dinero deuda”, igual que los Gremlins, aquellos monstruitos de la película de Joe Dante, eran una advertencia de sus peligros. He imaginado que los ewoks eran una metáfora del dinero que no existía y se invertía alegremente en acciones de bolsa, commodities, casas, etc, que eran una excusa para regodearse en el “maquiavélico” infantilismo económico neoliberal que se iría progresivamente imponiendo. Pues la enorme victoria de los jedis, justificaba que el mundo occidental y capitalista, sí, viviera un recreo, un tiempo de ocio y dicha desconocido desde los años 50, que permitió que la población en su conjunto hiciera la vista gorda a todos los desmanes cometidos en Irak durante la Primera Guerra del Golfo o en la ex-Yugoslavia con la vulgar criminalización de Slobodan Milosevic y los serbios.

Sabiendo que Hollywood y el cine comercial en general es un altavoz más o menos velado de las élites, no pude por tanto sino estar absolutamente prevenido cuando apareció el que, durante años, consideré el peor film de la historia del cine junto a Abre los ojos de Alejandro Amenábar. Me refiero, claro, a ese desastre estrenado en 1999, conocido con el nombre de Episodio 1, La amenaza fantasma. Aunque no fue hasta que contemplé el Episodio III, La venganza de los Sith (2005), que entendí la jugada completamente y comencé a vislumbrar con claridad el futuro de los tiempos que venían. El mundo que se avecinaba. El Episodio III ha sido muy denostado como los otros dos de esta mediocre precuela. Sin embargo, a partir de su media hora inicial, a mí consiguió emocionarme. Incluso diría que me impactó. Tanto es así que, a pesar de sus defectos, lo he revisado varias veces puesto que, aun siendo tal vez demasiado obvia, la historia de aquel joven caballero jedi que cayó atrapado en manos del lado oscuro, me fascina. Creo además que, por más típica que pueda parecernos, tiene un mensaje secreto que comunicarnos (y con el que inquietarnos y quién sabe si emocionarnos) a todos. Pues uno entiende que un músico como Saltieri o aquel muchacho acomplejado de nuestra clase que babeaba de rabia con la felicidad de los demás, se hayan convertido en monstruos al crecer pero, ¿un rockstar de la galaxia jedi, un joven apuesto con un futuro prometedor que había dado su vida por la galaxia educado además entre maestros de luz? Sí. Ok. No sabemos quién fue su padre y su madre muere asesinada pero en cualquier caso, su inmersión en el lado oscuro, resulta bastante más incomprensible que la de monstruos siths como, citando ejemplos que resulten entendibles para todos, Marhuenda o Florentino Pérez. ¿No es así?

Cuando yo era niño y escuchaba a Obi-Wan Kenobi o a Yoda hablarle a Luke Skywalker de su padre sugiriéndole entre líneas qué podía haber sucedido, me estremecía de imaginar en qué abismos insondables de locura había caído aquel caballero jedi cuyo destino no estaba tan lejos del Capitán Kurtz de El corazón de las tinieblas. Pues bien, años después y contra pronóstico,La venganza de los sith, me ofreció una respuesta a esta interrogante. Y lo hizo sin piedad. O con toda la crueldad que le era posible a un film comercial.

Decía Slavoj Zizek y puedo comprenderlo, que para él la transformación de Anakin en Darth Vader, carecía “de grandeza trágica, porque en vez de centrarse en el orgullo de Anakin visto como un deseo irresistible de intervenir, de hacer el Bien, de ir hasta el final por aquellos a los que ama (Amidala), extraviándose de este modo en el Lado Oscuro, Anakin es presentado simplemente como un guerrero indeciso que se va deslizando gradualmente hacia el Mal al sucumbir a la tentación de Poder bajo el influjo del maligno Emperador. Dicho de otra forma, George Lucas carece del valor para establecer realmente el paralelismo entre República-Imperio y Anakin-Darth Vader”. Pero por lo que a mí respecta, la transformación sí está bien conseguida. De hecho, sentí un agobio tremendo y un dolor intensos justo en el momento en que Anakin se unía para siempre al negro traje por el que sería conocido y temido. Y, desde luego, en su proceso de conversión al mal no me parece en absoluto pasajero que el héroe del bien asesinara de un tajo de su espada la cabeza y cuerpo de decenas de niños aprendices de jedi (cortando, cercenando de paso la escasa inocencia que restaba en Occidente).

Sucede que para Zizek, el problema central del film de Lucas radica en que dado que Anakin se acerca al mal por no ser capaz de controlarse a sí mismo: “el taoísmo” jedi ” se presenta como la baza para volverse la ideología hegemónica del capitalismo mundia. Una suerte de “budismo occidental” que se presentaría ahora como remedio contra las tensiones de la dinámica capitalista. Y permitiría que nos desengancháramos y conserváramos la paz y la serenidad interior, funcionando como un complemento ideológico perfecto (del capitalismo)”. No voy a contradecir al esloveno por más que lo que dice al respecto del Episodio III sea atribuible a toda la saga. Sea la esencia misma de Star Wars y no tanto de esta película en concreto. Y no lo haré, porque en realidad, si salvamos este desliz (que tal vez únicamente sea un problema de apreciación mío) sus palabras son muy lúcidas. Pues como se ha demostrado en estos últimos años, pareciera que los ciudadanos tenemos muy claro que debemos serenarnos, meditar y perdonar en lo posible a nuestros verdugos o enemigos o al menos no perder el control. Es decir, el capitalismo nos necesita taoistas para que no le causemos más problemas de la cuenta. Y la mansedumbre y sumisión es rociada con el matiz de la filosofía oriental para que nos sintamos esclavos “cool”. Miembros del lado luminoso de la fuerza que con su actitud “oriental” -aunque esto les suponga perder todos sus derechos y dignidad como trabajadores- no caen en los abismos del lado oscuro como Anakin.

Como suele ser habitual en él, Zizek acierta en sus reflexiones o al menos nos estimula, pero en cualquier caso, deseo aclarar que a mí no me interesa tanto como a él la forma a través de la que se produce el proceso de transformación maligna sino el hecho de que se produzca y la podamos contemplar. Esto es; que la última imagen (sí, ya sé que el film finaliza con la entrega del recién nacido Luke a su familia adoptiva en Tatooine pero convendremos que la esperanza del cambio queda aún muy lejos) que nosotros como espectadores tengamos de la sagaStar Wars, no sea la de Han Solo abrazándose a un puñado de ewoks sino la de Darth Vader ubicándose a un lado del Emperador mirando la galaxia que intentará doblegar imponiendo el mal. Eso es, repito, lo que me interesa. Que la última entrega de Star Wars termine mal. Con el odio imperando a sus anchas y la democracia rota y desestructurada por las artimañas de manipulación de astutos políticos que imponen una dictadura de modo global. Porque existen allí demasiados paralelismos con nuestro mundo actual, (¿no es así?), como para no entender que desde algún lugar, las élites deseaban comunicar cierto mensaje a la población con este film. De hecho, desde el estreno del Episodio III, Occidente se ha convertido en una cárcel aún mayor que antes donde la palabra democracia es una mera quimera. Y si alguien me dijera que los misteriosos empresarios que dan sus órdenes desde despachos invisibles para imponer su idea de mundo tienen un rostro similar al de Darth Vader o el Emperador Palpatine, o -tanto da- que ambos dos existen y están a sus órdenes actualmente, podría llegar a creérmelo. Pues desde la conversión de Anakin en Darth Vader, no hemos hecho más que adentrarnos en la oscuridad. Resistir como nos ha sido posible frente a un imperio del mal que ha perdido toda la vergüenza y decoro para imponerse. Siendo inevitable además no establecer comparaciones entre la huida de Yoda y los escasos jedis que sobreviven a la matanza ordenada por las tropas imperiales, con los cientos de jóvenes españoles, griegos, portugueses, italianos que han debido marcharse a otros lugares buscando una vida mejor. O al menos no ser arrollados por un Imperio globalizado y neoliberal que en cada lugar del mundo utiliza sus armas al límite. En México, asesina estudiantes. En USA, los endeuda. Y en España, les prohíbe manifestarse y les sube las tasas.

Dicho esto, se comprenderá mejor las expectativas (en mi caso mucho más políticas que cinematográficas) provocadas por el Episodio VII. ¿Puede ser casual que Star Wars esté de vuelta de nuevo? En absoluto. Por supuesto que puedo equivocarme pero tengo claro desde hace tiempo que el 2015 marcaría el punto sin retorno de la “estafa económica”. Sería el año donde muchos occidentales vislumbraríamos el fondo. Uno de los peores de nuestra era. Y me parece bastante lógico (¡Ya se sabe, los esclavos no han de desfallecer, han de seguir creyendo y consumiendo!) que para diciembre del año 2015 tengamos con nosotros esta nueva entrega teniendo en cuenta además que este debe ser el momento en que la Resistencia y la República contraataquen por medio, a su vez, de partidos políticos como Syriza en Grecia o Podemos en España y el Imperio Hegemónico del NWO se enfrente a los BRICS. Ya lo dice el subtítulo de la nueva entrega, todo final es un nuevo comienzo. Con lo que, de alguna forma, pareciera que se nos está preparando para el ocaso definitivo (¿devaluación del dolar y el euro, más pérdida de derechos, ley mordaza global, vuelta al patrón oro, instauración del TTIP y el NWO?), soportar la decadencia y los sufrimientos que aún nos quedan hasta el 2019-2020 (fechas en las que la nueva trilogía debería haber terminado) o un poco más allá ante las expectativas de ese nuevo principio y recuperación que, sí, durante este año tendrá sus primeros momentos de existencia pero se me antoja que no llegará ni se sentirá totalmente en la ciudadanía hasta que los nuevo episodios hayan concluido.

Aunque desconfío totalmente de la marca Disney y J.J. Abrams es un director que me da repeluz, he de reconocer que el thriller del nuevo episodio me ha seducido. Así como la idea de encontrarnos con los viejos adalides de la fuerza y los nuevos. ¿Cómo lo leo a raíz de sus posibles contenidos en clave política? Pues que efectivamente los nuevos representantes jedi emergen (Podemos, Ganemos, Syriza, BRICS). Lo cual ya es un nuevo principio y esperanza. Pero para que termine de cuajar su lucha, deben entremezclarse con la vieja guardia (Han Solo, Luke Skywalker, Julio Angüita, lo que queda sano en el PSOE, antiguos economistas al servicio del FMI y USA que pasan a integrar ahora las tropas de la resistencia) y antiguos conceptos, apotegmas y principios, lo quieran o no. El cambio no será unidireccional. Habrá que mezclar lo pasado con lo nuevo para construir el presente. En el caso español que lógicamente es el que mejor conozco, es lógico, por ejemplo, que Podemos deba pactar en determinados lugares con IU pero también deberían valorar establecer un pacto con el PSOE para poder gobernar (si no es que el PSOE pacta con el PP) y en el peor de los casos, -al menos mientras la nueva trilogía Star Wars no termine o esté a punto de hacerlo- hemos de asimilar desde ya que posiblemente no puedan llevar a cabo hasta el límite sus propuestas y medidas. Sabemos además que durante los años de estreno de la trilogía (2015-2017-2019) irán apareciendo diversos spin-off. Por lo que estos próximo cinco años prometen ser muy movidos y probablemente tomarán protagonismo diversos agentes políticos que aún están por desvelar hasta que definitivamente llegue el nuevo principio que esperamos (y nos preparan).

No me gustaría, en cualquier caso, que este atípico post (si es que algo puede ser atípico en avería) se viera como una llamada al optimismo o a dejarnos llevar por la fiebre galáctica, sino más bien, como una llamada a leer de la más lúcida de las maneras el acontecimiento cinematográfico por venir. Seamos además realistas. El panorama que se nos presenta en España no es demasiado alentador. El PP (o los secuaces del Emperador Palpatine), nos ofrece dictadura neoliberal sádico-genocida donde no tendremos ni un solo derecho más que la obligación de trabajar hasta morir. El PSOE, una dictadura neoliberal “blanda” y “débil” en que se nos cederán ciertos derechos haciéndonos creer que vivimos en un mundo feliz.Podemos, una simulación de democracia en la que recuperaremos gran parte de nuestros derechos. E IU, otra democracia simulada en la que también recuperaremos muchos derechos y además, posiblemente gocemos de nuevo de una vida en común. Obviamente, lo mejor para los ciudadanos comunes, sería votar a IU pero, teniendo en cuenta lo embarrados que ciertos miembros del partido se encuentran en la corrupción o su comportamiento en regiones como Extremadura, da que pensar si votarles no es votar más decadencia. En eso, desde luego, las élites han sido inteligentes. Han encontrado y creado un nuevo partido (dentro del sistema) sin contaminar repleto de nuevos jedis (y Moisés) que aporten nueva fe a los esclavos y nos conduzcan por la vía de en medio -sea cual sea ésta- para que el nuevo orden global continúe en pie y no se desmorone a pesar de los nuevos cambios que vienen. Efectivamente, sí, las buenas noticias son que para diciembre del 2015 (y antes en España y Grecia) llega la fuerza en nuestro rescate. Las malas, que ya está previsto que venga y que, de una manera u otra, en la medida de sus posibilidades, las élites nos siguen controlando (¿No es al fin y al cabo todo Star Wars un lavado de cara del NWO?), pues la resistencia, la real, -digan lo que digan- está fuera de los bancos, las empresas y el consumismo. ¿Pero dónde se encuentra ese “fuera”? ¿Es realizable? ¿No será que el futuro de existir, sí, está en las estrellas? ¿Quién lo sabe? Desde luego, no yo. Shalam

 ربّ اغْفِر لي وحْدي

Dios, cuando hizo el tiempo, lo hizo de sobra

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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