Ese vómito consentido

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Leyendo el notable libro de Carlos Gamerro, Harold Bloom y el canon literario, encuentro una frase que me parece, sirve para definir la esquizofrenia e histeria cultural actual. Ese vómito consentido y  repetitivo. Esa atrofia de indignación y gritos consustancial a una de las épocas más represivas que han existido jamás (precisamente por la liberalización absoluta de la sexualidad y las opiniones) donde, bajo la excusa de la democracia, el respeto a las diferencias y los derechos humanos, las élites continúan manipulando a la población. Y se cometen todo tipo de salvajadas y censuras (encubiertas) encaminadas tal vez a frenar y obstaculizar el libre desarrollo del espíritu humano y artístico. Negar la posibilidad de errar y equivocarnos. Como si arrojar piedras y más piedras contra la prostituta o el villano, nos liberara de nuestras propias culpas o pecados (judeocristianos o no). Como si por ejemplo, acusar al canon forjado por Bloom de ser anglófilo, blanco y occidental prestigiase el canon realizado por un congoleño, una lesbiana o un disidente o lo invalidara totalmente sin -más allá de los errores que hubiera podido cometer- permitirse leerlo y disfrutar con sus hallazgos y lúcidas reflexiones que seguro que las hay.

El humanismo, sí, es un totalitarismo. Quizás no lo sepan sus practicantes, quienes ingenuamente (o no) levantan sus banderas, pero sí lo sabe el poder. Al fin y al cabo, el organismo que más presume de ser humano. El ejército abelita guardián (controlador y manipulador) de los derechos de las minorías.

Dice Gamerro: “En el pasado, una obra literaria podía ser condenada por herética o blasfema, es decir, lo estético se juzgaba y condenaba desde los valores religiosos. Hasta mediados del siglo XX una novela podía ser condenada por inmoral; nuevamente un criterio extraestético -la moral sexual de una sociedad determinada- era invocado para juzgar el valor de una obra literaria. Hoy nos vanagloriamos de haber dejado atrás esas oscuras épocas de censura, y sin embargo, señala Bloom, la “escuela del resentimiento” ha traído toda una nueva batería de criterios morales y axiológicos -extraestéticos- para juzgar el valor de una obra literaria. Acusaciones como “herética” o “inmoral” han pasado de moda, pero han sido reemplazadas por otras como “reaccionaria”, “imperialista”, “machista”, “homofóbica”, etc”. Shalam

fالصبْر مِفْتاح الفرج

              Los necios no cambian nunca de opinión

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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