Gaza o el horror

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Durante todo este verano, estamos asistiendo a una muestra de la fuerza airada del dios Yahvé elevándose a través del tiempo y los vientos para someter a los remisos e insumisos a su culto. Los gnósticos afirmaban que Yahvé era el demonio y por ello fueron perseguidos, satanizados y casi que fueron eliminados de la historia. ¿Algún gnóstico leerá este texto? Lo dudo mucho. Más que nada porque casi no hay y los escasos conocedores de esta sabia doctrina a veces rivalizan entre ellos por cómo emplearla o interpretarla, poniendo más hincapié en lo contingente que en lo esencial de la gnosis. Un hecho bien triste porque junto al budismo, el gnosticismo es la filosofía o conjunto de creencias y textos que, en mi opinión, mejor ha explicado el sentido de nuestra vida, el por qué nos sentimos tantas veces encerrados y exiliados en este mundo y a merced del mal. Y me gustaría reivindicarla en cuanto a lo que se refiere a mí, me ha ayudado a comprender mucho mejor que la sociología, la filosofía clásica o ciertos analistas políticos, cientos de los procesos, guerras, injusticias y desastres que se producen habitualmente en este mundo.

Simplemente basta saber que para los gnósticos, como ya he dicho, Yahvé es el diablo y por tanto, leer en esa clave cada una de las apariciones del dios semita en el libro sagrado para comprender mejor nuestra realidad y cultura. Del mismo modo, los Evangelios del Nuevo Testamento tendrían que ser puestos en cuarentena pues ocultan mensajes muy relevantes de ese gran iluminado y santo y señor que es para los gnósticos, Cristo, que nos ayudarían a entender la verdad. Alcanzar el conocimiento. Algo que por supuesto la Biblia no permite si la leemos en sentido literal, a no ser que recurramos a una lectura gnóstica que nos permita acceder a su tema central: cómo el diablo se ha hecho con nuestro mundo haciéndose pasar por un único y verdadero dios y las maneras y formas que tiene el ser humano para resistir a su empuje. Una de las cuales es la creación. El arte. Mensaje secreto que tal vez Cristo diera a sus discípulos antes de ser crucificado por esas pétreas leyes que animaba a cuestionar.

¿Un dios verdadero necesitaría considerarse único? Esta es la pregunta que los gnósticos se hacían respecto a la religión judía y su respuesta es negativa. Si fuera realmente el dios de la iluminación, el del amor y la paz, no necesitaría realizar esa afirmación ni demostrar su poder una y otra vez ante sus súbditos. Si posee un carácter airado y orgulloso es porque probablemente es un usurpador. Es, sí, en esencia el rey del mundo material que controla la humanidad con mano de hierro y lengua de fuego pero no del espiritual, aunque así pueda parecerlo, dado que sus engaños son tan grandes que ha llegado a ser cabeza de la mayoría de iglesias de este mundo.

Para los gnósticos, de hecho, el verdadero, omnisciente y generoso dios se encuentra en los pleromas o mares de luz que dan acceso al conocimiento absoluto al que llegan los iluminados. Quienes meditan y comprenden la cárcel que es el mundo material y que esta vida, al ser carnal, se encuentra irremediablemente dominada por los hijos de Satanás. Un hecho que en absoluto puede ser excusa para desesperarse y arrojar la toalla o hacer el mal sino todo lo contrario: es la prueba y reto que necesitamos para resistir y engrandecer el espíritu humano. Demostrar que somos más fuertes -aun y a pesar de nuestra aparente debilidad- que el diablo y las bombas y el mal y las torturas y las injusticias y los políticos y los sacerdotes impuros y las violaciones.

No sé si esto que acabo de indicar suena muy ingenuo pero es lo único que se me ocurre ante la tragedia diaria que desde hace años viven los palestinos por culpa de unos tiranos. Unos manipuladores esclavizados al dinero que se instalaron en Oriente Medio con el consentimiento de la comunidad internacional cuando obviamente, si se trataba de reparar los crímenes cometidos por Hitler el genocida, se debían haber aposentado en Alemania. Cerca de Munich o Buchenwald o Auschwitz. Y si se trataba de pagar ciertos favores y deudas, pues mismamente podían haberlo hecho en las proximidades de Londres o Nueva York.

Cualquier palabra que se diga no sirve para expresar lo que deben estar viviendo en Gaza. Lo que han soportado a lo largo de los años. ¿Espera Hollywood que los sionistas exterminen a todos los palestinos para dedicarles al menos una película? ¿Cómo se llamará? ¿La lista de Menahem, La lista de Ehud? ¡Venga ya! Da asco comprobar cómo a lo largo de las últimas décadas se han estado rodando películas y más películas sobre la matanza cometida en la Segunda Guerra Mundial contra los judíos no tanto para honrar a las víctimas sino para justificar la existencia del estado de Israel y el exterminio de los árabes que, lentamente, se está realizando allí con la coartada de la intolerancia de muchos de los dirigentes de los países musulmanes o de los atentados del 11-S. En fin. ¿Qué se puede añadir a tanta sinrazón? Podría citar alguno de los hermosos textos gnósticos pero no lo haré.

Dejaré que hable en este caso, el personaje que protagoniza Ruido que, al fin y al cabo, tiene muchos, muchísimos menos pelos en la lengua que yo y como está muerto no tiene miedo a nada ni a nadie: “Fíjate cuándo abre la boca el dios Yahvé en sus libros. Ahí ruge la marabunta humana, los animales y las montañas pero no de respeto. No hay respeto sino miedo y temor en ese rugido, en esos gritos que se extienden por el horizonte hasta desatar violencia y tormentas. Porque el dios Yahvé es una bomba. Una metralleta. Una granada. Un tanque. Un guerrero. Un poeta egoísta. La sonrisa en la boca de tus hijos muertos. Un profesor de poesía en una Universidad. Un sinfín de contradicciones entremezcladas a favor del odio y la maldad. Un ángel destructor que demuestra que la Biblia comienza por su final. Porque vivimos actualmente el fin de los tiempos y el Apocalipsis, la “revelación” y la buenaventura consisten básicamente en regresar al principio: retornar al origen, justo antes del paraíso, donde no existían los mares ni las tierras ni se tenía noticias afortunadamente de Yahvé. Ese señor de la nada que nos ha hecho entender exactamente, palabra por palabra y punto por punto, a qué se refería el coronel Kurtz cuando aludía al horror y rogaba porque un diluvio, el fuego, yo que sé, algo procedente de los cielos o de la tierra o de los mares se encargara de quitar la simiente del hombre blanco de este planeta para siempre y jamás. Y si es sionista, mejor”. Shalam

ما حكّ جْلْْْْْدك مثل ظْفرك

 Se puede vivir sin un hermano pero no sin un amigo

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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