La futura Sumeria

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Es curioso que ahora que parece que como los mayas indicaban, nuestra civilización se encuentra en fase terminal, languideciendo, sin mayor esperanza que la de extremar el nihilismo y la voluntad de muerte y obediencia (consumismo), su destino se cifre en Oriente Medio y próximo. Es decir, que cerca del lugar que fue una de las cunas de la humanidad, la tierra de sumerios, acadios y babilónicos, allí donde se escribió la primera epopeya épica conservada, la de Gilgamesh y el primer conjunto de leyes, el código Hammurabi, se levantaron las primeras ciudades -Uruk, Ur, Eridu- en cuyas entrañas destacaban los enigmáticos y  sugestivos Zigurats y se cifran majestuosos episodios bíblicos como el del diluvio o el levantamiento y posterior caída de la Torre de Babel, se está dilucidando el posible inicio del fin del Occidente que conocemos. La actual y subversiva guerra global llena de equívocos y supuestos, episodios, tránsitos, huellas y acontecimientos espectaculares que tan difícil resulta desentrañar. Sujetada, movida por los intereses ocultos de empresas, corporaciones político-económicas cuyo lenguaje como la neolengua orwelliana hemos continuamente de re-interpretar o traducir. ¿No es por poner un ejemplo neoliberalismo un eufemismo  de neoesclavismo y la bolsa un mar económico que simula y actualiza aquellos bravíos y salvajes gobernados por piratas siglos atrás?

Veamos. En todo caso, los hechos son fríos y objetivos. Hasta ahora los países de la zona, como es el caso de la Libia de Gadafi o la Irak de Sadam Husein, que intentaron dejar de manejar dólares para las transacciones petroleras -es decir, que intentaron buscar alternativas al petrodólar- fueron invadidos en nombre de la democracia, saqueados o sufrieron boicots. Guerras preventivas o humanitarias, (sí, cinismo orwelliano) las denominaron. Sin embargo, la eclosión de los Brics (Brasil, Rusia, China, Sudáfrica e India) y su deseo de volver al patrón oro o un modo de medir la capacidad y rendimiento económico de los países que no favorezca la especulación -la creación de dinero-deuda inexistente-, ha provocado que por primera vez, USA y los sionistas (dos de los ejes del NWO) no puedan ejecutar sus chantajes ni sus políticas piratas con la libertad con la que hasta ahora lo estaban haciendo. De hecho, si no hubiera sido por la oposición de Putin, las tropas del inmisericorde Obama hubieran invadido Siria hace más de un año dejando el habitual reguero de muertos y devastación desgraciadamente muy comunes a un país desangrado y partido por una cruenta guerra civil.

La eclosión, por tanto, de los BRICS unido al hartazgo de las políticas bélicas y económicas norteamericanas podría provocar que países como Arabia Saudí que tradicionalmente han apoyado estas medidas (y actualmente favorecen ese encubierto ataque a Rusia, Irán y Venezuela por parte de USA que es la bajada de los precios de los petróleo), pudieran plantearse por primera vez muy seriamente junto con otro países de la zona (al tener las espaldas cubiertas por Putin) dejar de usar el petrodólar para sus transacciones, lo que supondría el hundimiento de la economía más endeudada del mundo, sí, la yanqui, y en gran medida provocaría que buena parte de los planes del NWO se vieran o bien retardados o bien finiquitados. Razón por la que, como posesos y con un cálculo endiablado, han permitido y probablemente favorecido (e incluso planeado) atentados como los recientemente cometidos en París contra Charlie Hebdo (o los que supuestamente iban a cometerse en Bruselas) y estén, como ya ocurriera a partir del 11-S, intentando inseminar el odio y el miedo al árabe y al musulmán con el fin de, si así lo consideran necesario, invadir Oriente Medio o continuar haciendo presión sobre esa zona. Estrategia que es acompañada y fortalecida por la instauración de medidas fascistas en toda Europa para que la población libertaria de sus países no pueda oponerse a sus planes a fuerza de sufrir duras sanciones como pudieran imponerse en España si a los ciudadanos se les ocurriera repetir las protestas que llevaron a cabo cuando José María Aznar dio el visto bueno para invadir Irak.

Se da la circunstancia (aun por ver) de que Estados Unidos ha comenzado a producir petroleo de esquisto lo que le permitiría ser autosuficiente en un futuro no muy lejano a este respecto por lo que sus intereses por controlar Oriente Medio (más teniendo en cuenta que la mayor parte del petroleo que recibe procede de Canadá y México) se observan con mayor claridad: intentar sostener el dólar todo lo posible y tener bajo su dominio una zona vital para dañar a los BRICS e imponer el NWO. Más aún, teniendo en cuenta lo próxima que se encuentra a Israel que es en gran medida el cerebro en la sombra de todas estas operaciones cuyo genocida comportamiento con Palestina y regiones limítrofes (no se encuentran tan lejanas ninguna de las dos guerras del Líbano) además le obliga a un continuo y desgastante  esfuerzo para tener controlada la región.

 

En cualquier caso, aunque finalmente no he podido evitar hacerlo, no quería hablar hoy en avería sobre estos sucesos sino como testimonio y metáfora de una situación que estoy intentando describir -obviamente de manera muy abrupta y simbólica y casi sin líneas de apoyo con la realidad- en Los puercos. El hecho de que nuestra actual decadencia, nuestra insoportable inconsistencia esté muy relacionada con el uso que hacemos de una substancia que se encuentra en el fondo de la tierra. Es decir, en el vientre del planeta o incluso en sus nalgas, el petróleo, cuya asimilación con la mierda se ha realizado en múltiples ocasiones y no por casualidad ha sido denominado oro negro. El material nocturno, dionisíaco, que posee el mismo color que las fuerzas de la noche, las demoníacas y vampíricas, cuya entronización ha provocado que las guerras se multipliquen por mil y, sobre todo, nuestra capacidad destructiva y aniquiladora, a cambio de un bienestar que hubiera sido el mismo o mayor (desde luego que hubiera conllevado un menor coste para los usuarios) si hubiéramos continuado la línea de investigación propulsada por visionarios como Nikolai Tesla o desde hace unas cuantas décadas en vez de seguir ahondando en un modelo insostenible y degenerado por los intereses de unas pocas empresas, se hubieran incentivado y desarrollado al máximo la energía solar, fotovoltaica y muchas otras más.

 

En realidad, cuando se eche la vista atrás, posiblemente nos vean o califiquen como los hijos de la mierda. Los puercos. Los esclavos del petróleo. Quienes mancharon sus manos en mierda y construyeron un mundo a partir y en base a la mierda hasta que obviamente la mierda acabó enfangando todas sus instituciones, animales, bosques, océanos y mundo, como está ocurriendo actualmente. Pues como advertían  aquellas tribus y culturas primitivas que o bien Occidente ha aniquilado o ha envuelto en el manto de la superstición, al ser humano no puede salirle gratis transgredir ciertos límites. Penetrar en determinados conductos sagrados como es el caso del cuerpo terráqueo sin un mínimo de respeto. Desde el principio, el petróleo provocó rabia y odio. Dallas, el pastiche televisivo, es un claro ejemplo de ello como la mítica Gigante de George Stevens con un James Dean desatado gritando ansioso al ser bañado por la diarrea incontenible del planeta.

 

Aunque probablemente, no exista un film que con mayor destreza haya puesto de manifiesto la locura, la inmensa sacudida de furia y codicia que supuso el petróleo, el territorio sin escrúpulos al que nos condujo, que There will be blood. La película de Paul Thomas Anderson. Una especie de Corazón de las tinieblas a la inversa que muestra sin ambages el momento en que Occidente y, en este caso concreto, Norteamérica fue colonizado por este tipo concreto del mal. Un virus acaso más dañino que la muerte que aceleró su proceso esquizofrénico. Se convirtió en propulsor de sus delirios y gigantismo transformándolo en un monstruo airado creído, ahora sí, de poder superar a los dioses. Pues su (nuestra) alma fue contaminada al tiempo que la influencia del lodo negro se extendía por el aire, inundaba nuestros pulmones y pasaba a formar parte del ADN de la sociedad capitalista. Un mundo sin límites ni trabas para el deseo, torturado históricamente por su indefensión ante la naturaleza, la mortalidad y otros procesos de la vida que con tanta exactitud describían por ejemplo los relatos de Edgar Allan Poe. Oscuras gárgolas, calaveras viciosas que de alguna manera anticipaban el romance y posesión por parte de los ásperos y esquivos espíritus pegados como garrapatas al oro negro, al alma occidental exiliada o desterrada en América. Ese generador continuo de retorcidos seres o incontrolables fuerzas destructivas como pusieron de manifiesto también los escritos de H.P. Lovecraft.

En este sentido, la posible vuelta al oro que estarían postulando los BRICS y muchos de los economistas de la eurozona estupefactos, indignados ante el continuo aumento de moneda-zombie o no-dinero, debería ser un motivo de alegría. Pues como ya dijimos y sabían perfectamente los alquimistas, los metales son objetos simbólicos que están relacionados con aspectos de nuestro alma que deseamos desarrollar. Y el oro evoca iluminación. Cambio de conciencia. El desarrollo de una cultura solar que pudiera potenciar los aspectos luminosos del ser y no tanto los oscuros como la distópica actual (no tan lejana a esa Negociudad cuya energía proviene de las heces de cerdo diseñada por George Miller en Mad Max III) sometida al dinero-deuda pantanoso y los fosos de mierda petrolíferos. Un mundo más próximo al primero, al mesopotámico, pero adaptado a los siglos por venir que pudiera contrarrestar si es que todavía es posible, los cientos de perjurios y guerras cometidos en nombre del Dios único y la posesividad. El anhelo de inmortalidad y velocidad que no es más que deseo de autodestrucción. Impulso suicida más o menos reprimido o maquillado.

Por más que no seamos ingenuos -y basta echar un vistazo a la cultura azteca o egipcia para tomar conciencia de ello- el sol y la luna se encuentran íntimamente unidos igual que el bien y el mal o el oro físico y el negro. Es decir, una cultura solar no sería necesariamente mejor que otra lunar. De hecho, es necesario recordar que la fiebre por el metal dorado provocó tantas muertes y rabia como el frenesí y la ansiedad petrolíferas. Algo lógico porque en este caso también se estaría penetrando la tierra y retirando algunas de sus partes más preciadas identificables en este caso con el cerebro o corazón. Por lo que al fin y al cabo, se trataría de unir opuestos y no de negar. Efectivamente, necesitamos cagar, reconocer la mierda y no tirar del retrete y olvidar. Al igual que para vivir debemos entender la muerte. Y mientras no seamos capaces de construir una síntesis, una filosofía y ética vital que vincule los contrarios sin despedezarlos ni oponerlos seguiremos condenados a destrozarnos. Al engaño. En la prehistoria de nuestra historia aún por escribir. Muy lejos de la cifra, siglo XXI, que marca nuestro calendario. Sometidos al mandato de lo uno y enceguecidos para comprender las maravillas de los reinos plurales. Estaremos o bien sometidos a las ley del Talión babilónica, la inquisitorial católica o las visiones ortodoxas (y no simbólicas) del Corán. Bajo el dominio de Yahvé. El dios del sacrificio apocalíptico  y la guerra. Lo que nos indica que urge construir cuanto antes formas de conocimiento que incidan en el análisis simbólico de los hechos y objetos reales que favorezcan su múltiple e infinita interpretación sin por ello caer en el relativismo.

La futura Sumeria, el mundo por venir al cabo de los siglos no ha de ser una ciudad-estado sino un mundo de ciudades-estados en el que la palabra extranjera sea escuchada con arrobo, secreto y misterio, como un tesoro del que gozar, y los reyes se multipliquen y desaparezcan como el dinero porque ya no existe. Ya que, allí donde los restos de cientos de pozos petrolíferos se confunden con los de la Torre de Babel, se vislumbra y se concibe que aunque sólo fuera por un segundo, pudiera ser posible que reinara el amor. Shalam

كُنْ ذكورا إذا كُنْت كذوبا

                      Sólo los peces muertos siguen la corriente

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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