Los revolucionarios salvajes

0

Hace varios días terminé de leer un clásico del pensamiento latinoamericano: Del buen salvaje al buen revolucionario, del venezolano Carlos Rangel. Un muy lúcido texto con el que se podrá estar más o menos de acuerdo, pero al que nadie podrá negar su agudeza. La sutileza con la que desmonta una serie de tópicos que, bajo mi punto de vista, pesan como una losa en el inconsciente del continente hispanoamericano, imposibilitando la progresiva, gradual resolución de un sin fin de problemas que parecen enquistados en el tiempo. Rangel desmonta el mito del buen salvaje americano, el consabido tópico de que todas las intervenciones norteamericanas en su “patio trasero” han sido negativas, buena parte de la “leyenda negra” española, demuestra la alianza entre comunismo y catolicismo y finaliza, realizando un ataque feroz a determinados mitos “revolucionarios” del cariz de Salvador Allende, Fidel Castro o Juan Domingo Perón. Demasiado, supongo, para los izquierdistas “clásicos” que, mal que les pese, han contribuido a agrandar los semilleros del caos entre los que se desangra habitualmente aquel continente. Básicamente, porque el tirano revolucionario ha sido la forma más frecuente de responder frente al imperialismo, “la arbitrariedad, la inseguridad o la ausencia de un marco jurídico e institucional estable y adecuado”.

En fin. Leído con atención, el libro explica por qué a los líderes de aquella geografía, les basta con atacar a Norteamérica y acusar a los españoles por la consabida conquista, además de hacer unos pocos guiños a los marginados y humillados, para conseguir ser visualizados como salvadores. Bastiones de justicia y libertad que recuperarán el estado de justicia y bienestar paradisíaco que los occidentales vinieron a substraer al sufrido pueblo americano. Ocurre que, por lo general, quienes sostienen estas consignas tienen apellidos españoles. Se encuentran mucho más cercanos a los conquistadores (si es que no son directamente descendientes de ellos) que los españoles que habitan la Península Ibérica actualmente, y lejos de encontrarse en la miseria, suelen poseer muchas posesiones (a veces, grandes estancias procedentes de la época colonial) y negocios (generalmente con esos norteamericanos que dicen detestar). Lo que inevitablemente, acrecienta el deterioro social y la confusión, al hacer de un sin fin de medias verdades y mentiras, proclamas incuestionables. Consignas por las que se debería morir o a las que al menos se les debería dar el voto ciego sin poner en cuestión lo que esconden. ¡Ojo! Rangel no está en absoluto de acuerdo con los dictadores ni los gobiernos de derechas. Su mirada es más crítica y clínica que partidista y por ello, su intención es desmontar muchos de los mitos latinoamericanos abrazados por la izquierda cuya falsedad y vacío ha propiciado precisamente el ascenso de un sin fin de dictadores. O sin ir más lejos el que, por ejemplo, más allá de sus goles contra Inglaterra, por el hecho de hacerse un tatuaje del Ché o visitar frecuentemente a Fidel Castro, Diego Maradona (quien debe gran parte de su fortuna a los contratos firmados con los clubs de fútbol capitalistas del Occidente y a los mass-media), sea considerado un jugador del pueblo. Y casi, casi que un símbolo izquierdista comparable (es un decir) a Rosa Luxemburgo.

En realidad, es muy difícil encontrar un líder procedente de la izquierda latinoamericana que no haya sido educado en universidades privadas o proceda de una familia con alto nivel económico. Esta circunstancia obviamente, nos habla de un sistema educativo que no funciona, donde el título actúa como factor de distinción social, pero también de que las luchas entre facciones políticas no son tanto entre izquierda y derecha sino entre clanes. Algo semejante a las rivalidades entre condes, duques y caballeros feudales del Medievo. Por más que, en este caso, no se utilizan armas para la batalla sino todo el dinero, mentiras y capacidad de manipulación y convocatoria de los que se pueda gozar. Siendo por ello tan fácil caer en los excesos de una u otra parte del tablero. En fin. Repito. Se puede estar más o menos de acuerdo con las tesis de Rangel, pero todo latinoamericano debería leer este libro. Básicamente, porque su lectura ayuda a trascender uno de los grandes defectos de los habitantes de este continente. Su escasa capacidad crítica y su facilidad para arrojar balones fuera. Todo parece culpa allí de los conquistadores, los españoles y los norteamericanos y sin embargo, tras esa acusación, se esconden un sin fin de complejos, faltas y vacíos que sería necesario reconocer y, sobre todo, acerca de los que sería beneficioso reflexionar (como lo hicieron Héctor A. Murena, Ángel Rama o Ezequiel Martínez Estrada por ejemplo) para convertir aquel pedazo de tierra en aquel continente, esperanza de la raza humana, que ciertos pensadores (tal vez, con cierta ingenuidad) vislumbraron. Shalam

إنَّ هَذا الشِّبْلَ مِنْ ذَلِكَ الأَسَدِ

¿Qué sentido tiene correr cuando estamos en la carretera equivocada?

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo