(Muchos) Ikeas plurales

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Hace ya tiempo, que Occidente es Ikea. O Ikea es Occidente. Un mueble armable. Un eterno “do it yourself”. Básicamente, se trata de construir camas, mesas (y cerebros y cuerpos) que sean fácilmente plegables y transportables y el cliente pueda montar en pocos minutos, echando un vistazo rápido a las instrucciones. Al concluir la tarea, se hace un silencio. El tiempo justo para que el usuario se sienta eficiente y probablemente más autónomo e incluso sonría inteligentemente. Si es posible, moderna e independientemente. Como si hubiera triunfado, tras librar una difícil batalla. Aunque quien la haya ganado, haya sido Ikea. La Empresa. La discográfica y la casa de cambio.

Occidente es Ikea porque sus muebles son las noticias actuales. La forma en que las consume el ciudadano medio. O más bien, el que presume de inteligente. Independiente y culto. Ikea impone la forma de leer los periódicos como la de montar la casa. El hogar cerebral y el físico. Parcelando y estructurando la mente con muebles parecidos a los nuevos rotativos virtuales y funcionales, financiados (aparentemente) sin publicidad. Con el dinero de los suscriptores. Esos que poseen dos o tres muebles Ikea en su hogar, si es que tienen un hogar diferente a la computadora y la mesa en la que la colocan. No importa. Ikea siempre está ahí. Presente en el inconsciente colectivo de una generación tan inteligente y comprometida que parece subnormal. Y demasiado manipulable. Por lo que no tiene otra opción que informarse bien. Estar bien informada. Agolparse diariamente sobre cientos de medios alternativos y oficiales, un enorme conglomerado de frases que ocultan un vacío: la verdad. Y nos obligan a preguntarnos parafraseando a Magritte, ¿es este mueble un mueble? Interrogación que podemos repetir indefinidamente de cada una de las noticias que leemos en medios alternativos (o no): ¿es este robo un robo?, ¿es este asesinato, un asesinato?, ¿es esta huelga, una huelga? Más que nada, porque la realidad ya sabe de antemano -nos lo ha enseñado Ikea- que podemos montar muebles. Por lo que, tranquila, piensa que probablemente no tendremos problemas en montar noticias. O lo que es lo mismo, hacernos con una idea de la verdad. Que hoy en día se ha convertido en un mueble. O no. Un eterno “do it yourself”. Ese bucle.

Intentaré explicarme mejor. Sin que el lector tenga que desmontar este texto, para disfrutar del mueble. Repito. Ikea es Occidente. U Occidente es Ikea. ¿Por qué? Veamos un ejemplo práctico. Por ejemplo, los atentados contra la revista Charlie Hebdo. Antes de la era Ikea, tal vez todos tendríamos una foto fija en el cerebro. Probablemente, una afirmando que los terroristas eran unos vástagos musulmanes que luchaban contra la libertad de expresión. Pero ahora no. Para empezar, porque ni siquiera tenemos claro que los yihadistas no hubieran sido formados por los servicios de inteligencia europeos. Y que alguien hubiera hecho la vista gorda para dejarlos pasar y, tras sus fechorías, poder imponer más control en Oriente Medio y en Occidente. Acabar -con la excusa del terrorismo- las libertades en Europa y terminar de destrozar Siria o cualquier país gobernado por dirigentes molestos para los intereses de Israel. Y desde este punto de vista bastante factible, por tanto,  en realidad, los acontecimientos de París responderían punto por punto a un atentado de falsa bandera. Una especie de autoatentado o atentado permitido por el país víctima, para tener la excusa perfecta de declarar la guerra y acometer operaciones militares sin problemas con la opinión pública. Ya se sabe que está mal visto comenzar guerras pero no así responder a un ataque.

En fin. Por lo tanto, ya tenemos dos piezas del mueble. Dos lados de la noticia. ¿Es el atentado de París un atentado o es un autoatentado? La pata izquierda y la derecha del mueble enviado por Ikea. Uno monta el mueble (o noticia) según lo considere. O atentado o autoatentado. Y sigue su camino. Escuchando datos y argumentos de los defensores de la versión oficial o la alternativa. Dos versiones Ikea por supuesto. Dos muebles diferentes según la persona que uno desee ser. O llegar a ser. A lo que Ikea no se niega sino que nos da un empujón. Un pequeño apoyo. Siempre y cuando nosotros hagamos el esfuerzo de montar la cama o el sofá. Gastar minutos de nuestro tiempo -tampoco demasiados- para certificar qué hay de cierto en la primera versión y en la segunda. Intentar distinguir y aplacar los extremismos de ambas. Y finalmente, sonreír inteligentemente. Si es posible, moderna e independientemente. Como si hubiéramos triunfado, tras librar una difícil batalla. Aunque quien la haya ganado, haya sido Ikea. La Empresa. La discográfica y la casa de cambio. Ya que se nos ha obligado a realizar un trabajo que no nos corresponde. Por el que no somos pagados. ¿Compramos la cama o las partes de la cama?

Al fin y al cabo, esa es una de las consecuencias directas de vivir en la era Ikea: montar un mueble y no saber si es un mueble o no. Qué grado de verdad o falsedad hay en lo que leemos hasta el punto de que únicamente tras revisar las instrucciones de uno u otro bando en los medios más diversos, alcanzamos a tener un mapa certero de lo sucedido. Que sin embargo no podemos asegurar nunca que sea verdadero. ¿Quién mató a John Fitgerald Kennedy? Y si lo hacemos, no será sin dejar de dudar. ¿Se caerá la silla en el momento menos indicado? ¿Quién lo sabe? Desde luego, no yo. Aunque pienso que lo que sugiere Ikea es que si se cae, será porque somos estúpidos. Porque ellos nos han explicado bien cómo hacerlo. ¿No es así? Lo que significa básicamente que si los ciudadanos no están bien informados de lo que sucede no es culpa del poder o los telediarios y periódicos, sino suya. Es decir, que en la era Ikea es responsabilidad nuestra si el gobierno decide mentirnos. O decirnos la verdad. O algo parecido. Porque dado que cualquier mueble o noticia se puede montar o desmontar con suma facilidad, lo que afirmaba ayer, a lo mejor ya no vale hoy y viceversa. Y mañana será verdad que España no participó en la guerra de Irak como pasado, que sí lo hizo. ¿Qué importancia tiene al fin y al cabo la verdad si podemos disponer de cientos de utensilios funcionales en uno de esos enormes almacenes Ikea, que ni en el mejor de sus sueños hubiera imaginado el sultán de Arabia?

Exactamente, en Occidente todos nos hemos acabado convirtiendo en montadores de muebles.  Y por ello, si  no estoy en absoluto seguro de que todos seamos Charlie Hebdo -yo desde luego no lo soy, como tampoco soy París- de lo que sí estoy totalmente convencido es de que todos somos Ikea. Sí o sí. ¿Es necesario añadir una lista con instrucciones para que se me entienda? Shalam 

ذَا طَالَتِ الطَّرِيقُ كَثُرَ الْكَذِبُ

Cuando se alarga el viaje, aumentan las mentiras

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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