Agente Smith

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Esta pandemia va a dejar unos cuantos ganadores y muchos perdedores. En lo que se refiere al plano intelectual, uno de los vencedores es, sin dudas, William Burroughs. Basta abrir un periódico o asomarse a los medios para que ya no quede ninguna duda de que el lenguaje es un virus. El más peligroso. Mata, embrutece y hace creer a los capturados en su libertad. En una guerra imaginaria. En una unión imposible entre las naciones. En lo que los sociólogos han convenido en llamar globalización que no es más que un bomba de racimo contra la soberanía de los estados nación y la libertad colectiva. Un escudo tan eficaz como el de las corporaciones y las grandes empresas para que el ciudadano común no dirija su mirada al verdadero enemigo: la socialdemocracia. Esa fantasmagórica ideología líquida llena de consenso, cobardía y oportunismo y generadora de constante placer y comfort que no permite a los ciudadanos tomar conciencia de que en la mayor parte del mundo occidental la palabra democracia es sinónimo de dictadura desde hace unas cuantas décadas -casi desde el fin de la Segunda Guerra Mundial- como votar lo es de esclavitud consentida, servidumbre voluntaria o directamente, borreguismo, como apuntaba otro de los hombres cuyas teorías han salido reforzadas por esta situación: Antonio Trevijano. El Buñuel de la teoría política. Un sabio de aires quijotescos cuya clarividencia ha permitido distinguir a sus lectores cuáles eran exactamente los molinos y cuáles los gigantes en medio de la ceremonia de la confusión diaria. Del caos mediático habitual alentado desde las Universidades y los mas–media.

Otro triunfador es Jean Baudrillard. Puesto que, hoy más que nunca, la realidad se ha convertido en simulación. Un juego de rol. Ha sido completamente sustituida por una pantalla virtual. El mar de hecho es ya para muchos un fondo de pantalla de su computadora; el cielo, un simulacro del que aparece en sus videojuegos favoritos; los muertos y el dinero, no más que cifras; y el ambiente en la calle recrea la atmósfera de una película sobre la era nuclear. Además, la verdad se ha convertido en la gran ausente de esta enorme perfomance que estamos protagonizando (tan parecida a El ángel exterminador) que ha quitado un sinfín de máscaras que muestran tanto una serie de evidencias consabidas -que las encuestas son armas de manipulación al servicio de los asesores de los políticos y los presentadores de telediarios no son más que militares propagandistas- como una serie de transformaciones repentinas -los conspiranoicos han pasado a convertirse en profetas y sesudos analistas, el mundo “libre” en esclavo, los deportistas en seres anónimos sin trascendencia alguna, nuestros vecinos en delatores y los policías capitalistas en agentes de la Gestapo- que demuestran que nada es definitivo. Todo está mutando. Y que si bien aparentemente la realidad aún no ha desaparecido, sí que se encuentra a punto de desaparecer. Prueba de que, como sugería el filósofo francés, nada, absolutamente nada existe, como probablemente nos sugiera Matrix 4 cuando se produzca su estratégico estreno el próximo año. Y los supervivientes al virus y el confinamiento estemos preparados para descubrir unas cuantas claves de nuestro incierto porvenir. De los siguientes niveles de juego en los que nos vamos adentrar una vez que pasemos la fase del Apocalipsis zombie en la que actualmente nos encontramos y accedamos a la de Los juegos del hambre. El western del consenso. Shalam

لا يوجد مثير للشهوة الجنسية مثل البراءة

No hay afrodisíaco como la inocencia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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