Remolinos (2)

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Dejo a continuación otro avería sobre uno de esos productos surgidos a raíz del huracán Watchmen; el cómic de Moore y Gibbons. En este caso, uno dedicado a la secuela producida por la HBO y llevada a cabo por Damon Lindelof. Ahí va.

Remolinos (2)

Quiero dejar claro que el mero hecho de atreverse a realizar una secuela televisiva de Watchmen es un reto de tal magnitud que merece todos los respetos por mi parte. Algo así tiene 95 por ciento posibilidades de fracasar y sólo unas pocas de triunfar. Así que entiendo, en cierto modo, los elogios que ha despertado la visión de Lindelof. Capaz de aportar nuevos matices y crear nuevas sinergias al clásico Universo de Moore sin traicionarlo del todo.

Desde ese punto de vista, es un notable producto. Casi sobresaliente. El único problema es que, más allá de los inmensos y esmerados esfuerzos por casar esta continuación con la historia original, (lo que, repito, me parece algo muy meritorio), el Watchmen de la HBO es una especie de cascarón vacío. Un producto en el que importan más los sutiles guiños a los fanáticos del cómic, los sorprendentes golpes de efecto y la necesidad imperiosa de atar todos los cabos (de la manera que sea y como sea, tal y como denotan sus dos vertiginosos y precipitados capítulos finales) que el fondo de la cuestión.

Ok. El Watchmen de Lindelof es la serie perfecta actual. Es un coche fardón. Un cuerpo bien musculado y aceitado. Su discurso es políticamente correctísimo. Glorifica a la raza negra (¡gustaría tal vez a las hijas de Obama!), le hace varios guiños a los asiáticos y le suelta unos cuantos mordiscos y puñetazos a los seguidores de Trump. Su banda sonora viene firmada ni más ni menos que por Trentz Rernor y Atticus. Músicos transgresores y cool. Su aspecto formal es apabullante. A veces hasta recuerda a Matrix. Y, obviamente, se encuentra llena de tramas y subtramas que mantienen a los curiosos fans ocupados pendientes de por qué tal personaje hace esto o de dónde ha surgido. Pero, como suele ocurrir en muchos productos actuales, Watchmen no posee un fondo filosófico a la altura de su diseño formal.

¿Qué nos quiere decir esta obra? ¿Qué cambia después de verla? ¿Cuál es su mensaje? ¿Hemos aprendido algo tras contemplarla que antes no sabíamos? Yo al menos no. Tal y como ocurre como muchos productos posmodernos parecidos a anuncios publicitarios que me estimulan formalmente pero no me alimentan. Me dejan, repito, vacío. Caso de Abre los ojos, las secuelas de Matrix o las de Star Wars. Esos seductores videojuegos que, en algún caso, también aspiraban a ser considerados trascendentes entretenimientos.

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No obstante, más allá de su fardona estética, existen aspectos que me gustan de este Watchmen. Sobre todo, Don Johnson. Un actor cada vez mejor y más carismático. Cuando aparece muerto al final del primer capítulo no lo lamenté tanto por el personaje que interpreta (el jefe de la policía de Tulsa Judd Crawford) como por no verlo más en la pantalla. Pues no sólo me parece totalmente creíble sino que entiendo que le aporta dignidad y carácter a la historia. Empaque. Cuando él habla sientes que hay algo trascendente que está ocurriendo en la sociedad allá fuera y cuando calla, percibes que guarda importantes secretos que harían estallar el mundo. En cualquier caso, cada uno de los instantes que aparece en pantalla convierten la serie en algo importante. Su presencia aporta realismo y contundencia. Severidad y credibilidad.

También me encanta por cierto la interpretación que realiza Jean Smart de Silk Spectre II. Dura, concisa, resabiada y cínica. Decadente y realista. Sus ojos reflejan cansancio y dureza. Hastío. Transmite más una de sus miradas que todos los fuegos de artificio que se desarrollan a su alrededor. Si alguien parece una superviviente es ella. Y además, de hierro. Alguién herida pero con el vigor, sabiduría y descaro suficientes para reírse del mundo cuando es preciso. 

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En realidad, lo que más me gusta de este Watchmen, repito, es el esfuerzo inmenso realizado por sus creadores de hacer algo digno. Por superarse. Pero una cosa es superarse y otra excederse en ambiciones. Una cosa es querer hacer una secuela digna o notable y otra un producto que marque la televisión y se codee con el de Moore o incluso que lo supere (que entiendo es la aspiración secreta de Lindelof). Más que nada porque eso no permite en muchos casos centrar la historia. Una trama que siempre se aspirar a llevar más allá.

Si juntas Lost con Watchmen (con unas gotitas de Leftlovers) eso no significa que vayas a tener lo mejor de ambas propuestas puesto que son muy diferentes y es muy fácil caer en desequilibrios. Tal y como ocurre aquí. Puesto que el esfuerzo por hacer encajar todas las piezas del guión y realizar unos impresionantes decorados termina por quitar el prisma del fondo argumental. Hacemos como que sabemos lo que quiere decir Lindelof (para no parecer tontos o no estar al día y para ello si es necesario nos leemos cada uno de los epígrafes de la Peteypedia) pero, en realidad, no tenemos ni idea.

El decorado de Watchmen no cesa de mutar pero no así el espectador. Cuando el espectáculo terminó yo al menos me quedé igual que cuando había empezado. Sentí, eso sí, que Lindelof esperaba mis aplausos y en caso de no recibirlos, tampoco le importaba demasiado. El problema lo tenía yo. No él. Algo que jamás y, en ningún caso, me ha ocurrido con Moore. Un creador que no quiere mis aplausos sino transformarme. Cambiarme. No desea ser considerado un genio (aunque no le caiga mal un halago) sino conocer la verdad. Y no responsabiliza al lector o al espectador de sus desmanes sino a sí mismo.

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En fin, para no dejar muy en el aire mis palabras citaré aspectos concretos que no me gustan de Watchmen.

Para empezar, el arco narrativo de Ozymandias me parece demencial. Adoro a Jeremy Irons pero esta serie casi que me ha hecho odiarlo. Necesitaré descansar de él durante años. No podía evitar mientras lo veía comparar, por ejemplo, lo que hizo Cronenberg con él en Inseparables (recalcar su frialdad y mudez y enfatizar sus silencios) con lo realizado por Lindelof. Convertirlo en un demente esquizofrénico. Un caricatura ridículo de ese ser ególatra pero sumamente misterioso que era el Adrian Veidt de Moore. En fin.

Tampoco soporto (ni entiendo qué hace ahí) a Lady Trieu por más que se me diga que es la propietaria de la corporación que compró la empresa de Adrian Veidt tras las noticias de su muerte. Si esta mujer apareciera al principio o al final de un capítulo de Lost probablemente lograría crearme curiosidad saber quién es o qué hace allí. A qué se debe su extraño comportamiento. Pero aquí me es totalmente indiferente. No puedo concebir un personaje más falso e impostado. Artificial en suma.

¿Qué decir del final? El Dr. Manhatan encerrado en una jaula. Un político en paños menores paseándose por acá y por allá. Desapariciones y apariciones propias de un episodio de Expediente X o un telefilme de ciencia ficción vespertino. Y todo esto en medio de una reivindicación de la raza negra, menciones al Ku Klux Klan, el uso y abuso de una droga esquizoide y la presencia de un anciano en silla de ruedas (el antiguo Will Reeves) que no es precisamente Tiresias.

En fin. No digo que este Watchmen no tenga méritos. Los tiene y muchos. Pero me sorprenden los múltiples elogios que ha recibido que achaco a que probablemente era mucho más fácil que el experimento resultara un auténtico fiasco a que lograra unos resultados notables. Por supuesto, el final queda abierto porque, según parece, los poderes del Dr. Manhattan han quedado condensados en un huevo y su esposa los atesora ahora. Así que donde Moore creaba un interrogante descomunal tipo Dimensión desconocida que no aspiraba a continuación alguna, (aquel diario de Rorschach llegando a un periódico) los productores de la HBO dejan todo preparado por si alguien viene con una nueva idea y se anima con una segunda temporada sea cuando sea. Confiemos que eso no ocurra nunca. De verdad. ¡Por favor! Shalam

أنتظر الله مثل الحلوى

Espero a Dios como una golosina

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen…..pero que veo el hombre mercurio, la obispa de solsona(jjj), y dos mendrugazos, todo negros y todos policias……………………
    2ºimagen……..ojos de escultura clasica (vaciados)…….brazo pseudo fascista…………
    3ºimagen……juro que me case con la hija de tippi hedren (marnie la ladrona)1964…………
    4ºimagen……el brillante me lo pones aqui, por favor…………..
    5ºimagen…….en la gramola suena:….https://www.youtube.com/watch?v=BbVjgaY842M….oh mambo-conga…..
    6ºimagen…..mas tambores de calanda que la bruja de blancanieves aunque lleve el nudo horca kkk…..

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Video clip de disco music funk setentera homenajeado por grupo techno duro de ahora. 2) Imagen onírica. ¡Este es el hombre que se me aparece en sueños, papá!. 3) Todos los hombres del presidente. 4) Secuestrador y secuestrada. 5) Yo me imagino más bien un tema techno onda banda sonora de Drive. Si no fuera porque la escena se desarrolla alguna que otra década antes. 6) Los marrajos nunca serán vencidos.

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