Remolinos (4)

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Dejo a continuación un breve y nuevo avería dedicado a otra de esas obras surgidas a raíz del torbellino Watchmen. Me refiero a Doomsday Clock. Ahí va.

Remolinos (4)

Lo que más me interesa de Doomsday clock no es tanto cómo Geoff Johns es capaz de continuar Watchmen (que también) ni la manera en que decide unir a los personajes de la obra de Moore con los de la DC (que claro que también) sino el hecho mismo de que el cómic exista. Porque me hace pensar que, siempre, creativamente todo es posible. Como es el caso de la confrontación entre Superman y Doctor Manhattan. Algo difícil de pensar años atrás que aquí se hace realidad y nos proporciona bastantes buenos momentos. Sobre todo, en lo que se refiere a la descripción de los distintos nacimientos, futuros, vidas probables e improbables del héroe de acero.

Un homenaje especial a una figura mítica que, en realidad, es una excusa para profundizar en el rey de este cómic: un Doctor Manhattan cuya percepción de tiempo y espacio conecta perfectamente con las múltiples dimensiones en medio de las que basculan los héroes de la DC desde hace años. Si alguien podía poner orden en esta pléyade de universos cambiantes ese era, sin dudas, el héroe azul. Alguien parecido a una nave centrifugadora en cuanto a su relación con el espacio y una pared en cuanto a lo emocional. Un héroe con maneras de sabio budista pero tan frío como un psicópata capaz de cambiar el destino de las personas con la facilidad con la que otros se hacen un desayuno. En sus dudas, sí, subyace el destino (peor o mejor) de la humanidad.

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Doomsday clock me gusta bastante más que el Watchmen de la HBO porque entiendo que es un producto más honesto. Así que sus defectos (ese nuevo Rorschach que no causa ni la mitad de pavor que el original o la presencia átona de El Comediante) son mucho más palpables. No quedan ocultos en la trama.

En realidad, Doomsday clock es un jugo de frutas ácidas combinado con fresas, plátano, dos hojas de coca y unas pequeñas dosis de morfina. En otras palabras, maneja ideas tan vastas, contradictorias y extremas que resulta realmente difícil pensar en que de aquí podía haber salido una obra equilibrada. Así que entiendo que lo mejor es disfrutar de sus buenos momentos. Que no son pocos. Marioneta y Mimo son dos personajes geniales. El Joker, como casi siempre, nunca decepciona. Todo lo que tiene que ver con los metahumanos está muy bien logrado. La presencia de Lex Luthor llena algunas escenas. Ozymandias vuelve a revestirse con cierto halo solemne. Y, por supuesto, contemplar de nuevo al Dr. Manhattan razonando es algo espectacular.

En cualquier caso, lo que más me agrada del cómic es esa sensación continua que ofrece de estar intentando más allá de lo nunca visto hasta entonces. Algo parecido a lo que supuso Crisis en tierras infinitas en su momento. Y cómo esa sensación de riesgo viene acompañada, a su vez, de otra de nostalgia por la época en que surgieron los primeros superhéroes.

Ciertamente, me seduce esa combinación entre el afán moderno y ansioso de progreso que caracteriza a la DC desde sus orígenes, el nihilismo marciano de nuestra época y la remembranza de los tiempos dorados de los superhéroes que ya no volverán (y continúa costando asumir que no lo harán). Creo que en Doomsday lo interesante surge del encuentro entre todas esas fuerzas contrapuestas y muchas más que no cito porque esto no es una tesis sino un avería. Pero, obviamente, la mayoría de ellas proceden del choque y encuentro (o simplemente la mera presencia) de los distintos universos que cohabitan desde hace tiempo en la DC.

De hecho, la existencia de esos diferentes universos ha convertido la lectura de un simple cómic de esta compañía en un desafío, un reto y a veces hasta un problema (tanto existencial como matemático o físico). Antaño, los comics de la DC pecaban de simplistas frente a los de Marvel. Aunque debería matizar mis palabras. Los héroes de la DC no parecían de carne y hueso y los de la Marvel sí. Los de la DC resolvían problemas externos. Los de la Marvel intentaban resolver además de los externos, los internos (en muchos casos sin conseguirlo).

Ocurre que ese hecho que humanizó a los cómics surgidos de la factoría de Stan Lee provocó, a su vez, que perdieran fuelle posteriormente con los de la DC cuando sus guionistas (menos preocupados por las neurosis y problemas personales de sus personajes) encontraron en el mundo externo una vía de profundizar y llevar a otra dimensión a sus héroes y comenzaron a surgir todos esos mundos coetáneos en los que cohabitan distintas esencias de idénticos personajes a los que Grant Morrison dedicó su famosa El Multiverso hace poco.

Una genial idea que sería digna de ser mencionada en algún discurso de un Nobel de física que, lamentablemente, a veces ha sido tan explotada y mal utilizada que ha generado todo tipo de confusiones y más que intrigar y provocar interés en los lectores, los ha desorientado y hastiado en muchos casos. Más de uno hemos dicho «hasta aquí» entre tantos Supermanes y Mujeres Maravilla pertenecientes a distintos mundos (creo que 52) condenados a opacarse, contradecirse, competir, hacerse sombra o dialogar de forma casi paranoica.

En cualquier caso, Doomsday clock es una obra que se beneficia de todo este (a veces delicioso y otras insoportable) embrollo del Multiverso. Incluso (si no me equivoco) llega a proponer una nueva solución: el Metaverso.

Un invento que no sabemos cuánto durará pero sí sabemos que, obviamente, volverá a ser disgregado en múltiples piezas. Puesto que si algo dejan claras todas las continuaciones de Watchmen y los cómics de la DC es que la realidad es pluriforme. Es un gigantesco cristal que no cesa de romperse, quebrarse, salpicando con sus añicos al resto del mundo. Y ante esa contundente evidencia ni tan siquiera el Doctor Manhattan puede hacer nada. Shalam

من السهل أن تكون سعيدًا ولكن البساطة أمر صعب للغاية

Ser féliz es sencillo pero ser sencillo es muy difícil

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen…..escupitajo en el ojo…………..
    2ºimagen…..desintegracion (the cure)…..huelo a wathmen………
    3ºimagen……directamente………la estelada catalana…………..
    4ºimagen……..todo pop art con iluminacion rorschach…………
    5ºimagen….. demasiados musculos(los cubistas)…………
    PD:https://www.youtube.com/watchv=oGyqB3yC87k&list=PLGFFTE0Sw8tStwmuVsAoeOEdmWBLceK9b&index=6
    lullaby..the cure—desintegration-1989…..

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) El hombre azul drogando al mundo con un trip-ácid-.2) Un gran disco ese de The Cure. Collage del Equipo Crónica llamado El salvador de la humanidad. 3) Furia española. 4) Me imagino una interpretación de Warhol de esta viñeta conviertida en lienzo en blanco y negro abstracto parecido a una radiografía. Accidente de automóvil. 5) El Doctor Manhattan nos mira y nos dice: ¿Os dais cuenta que habéis idolatrado a un espíritu egocéntrico; este tal Superman? Sois culpables. PD; No me sale el video pero entiendo que es Lullaby. Fue el primer disco original que compré de The Cure. Lo he escuchado muchas, muchas veces. Me encanta.

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