La ley y el orden

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Creo que el gran mérito de Better Call Saul no se debe tanto a su estupendo intérprete o cualquier otro aspecto técnico y artístico sino a la manera tan divertida y áspera con la que ha retratado la “esencia” de los abogados. Esos perfumados servidores de la ley y el orden cuyo trabajo parece consistir a veces más en seducir a los clientes que en defenderlos. Si tradicionalmente ha existido un producto aburrido en la historia de la televisión, éste ha sido cualquier serie relacionados con abogados. En muchas de esas producciones, eran pintados como seres angelicales. Gente responsable, con alto nivel de conciencia ético, muy preocupada por la justicia y sus clientes. Personas duras pero compasivas con una idea del bien platónica que intentaban ajustar a la sucia realidad. Algo oneroso y cargante que afortunadamente, Better Call Saul se ha encargado de tirar por tierra. Haciendo un retrato de ellos probablemente mucho más ajustado a la verdad que el edulcorado que estábamos acostumbrados a aguantar. Soportar.

Better Call Saul hace cierto el dicho de que es más difícil encontrar una aguja en un pajar que un abogado honesto. Demostrando que la mala suerte no radica tanto en ir a juicio o ser demandado sino en tener que recurrir a un abogado. Y el objetivo, por tanto, no debe ser encontrar un abogado íntegro -¿los hay?- sino uno barato. Pues cuando se contrata a un abogado no se tiene un problema sino dos: la demanda y el abogado. Y estoy seguro de que será más fácil librarse de la demanda que del abogado. Better Call Saul deja claro que la mayoría de los abogados no viven tanto para defender al cliente sino para esquilmarlo. No viven del prestigio sino del dinero que extraen de sus clientes. En México, un país donde la corrupción es tan común como la arena en la playa, al menos la sociedad civil ha escarmentado y por lo general, aparte de un primer adelanto, el cliente no debe pagarles ninguna retribución más a no ser que ganen el juicio o se pacten otras condiciones. Una medida que debería ser implantada, pienso, en España, donde los abogados son lo más parecido a la banca del casino. No importa lo que hagan -ya sea mentir o defendernos chapuceramente- siempre van a cobrar.

No he pensado demasiado sobre los motivos de la habitual falsedad y retorcimiento de quienes practican esta profesión y tampoco Better Call Saul da explicaciones pero entiendo que puede deberse a las muchas horas pasadas durante su juventud estudiando o más bien, atragantándonse con códigos llenos de artículos subdivididos en decenas de artículos. Alguien que vive gracias a la ley y consulta diariamente los tomos de la ley, respira decisiones judiciales y se sienta habitualmente frente a libros donde están escritos todos los artículos de la ley, ha de creerse forzosamente, antes o después, que es LA LEY. Que está en posesión de la ley y la verdad.

Hace varios días, le comentaba a un estudiante de derecho que no había conocido aún un abogado honrado y su respuesta fue bien sencilla: “¡No pretenderá usted que con las noches que he pasado en vela estudiando no quiera después cobrar!” Es decir; que su esfuerzo justificaba todo tipo de tropelías. Sus sacrificios le daban carta de libertad para forzar la realidad a su antojo. De hecho, éste en concreto tenía muy claro que su trabajo futuro no consistiría tanto en beneficiar a “otros” con sus conocimientos sino en extraer todos los réditos posibles de los mismos. Sí es cierto que conocí hace años a una abogada recta y honorable. Tenía pesadillas cotidianamente y su conciencia no le dejaba descansar dado que debía usualmente utilizar todo tipo de trucos y ardides para ganarse el sueldo. Algo que acabó desgastándola y sumiéndola en una crisis nerviosa que la condujo a tomar la decisión de dejar su profesión y echar a la basura, todos los años de estudio. Desde luego, no hablaba bien de sus colegas. Cuando se refería a uno de ellos, su boca se arqueaba y sus labios se tornaban ariscos. Sus ojos se enrojecían, sus manos temblaban y a continuación, iracunda, soltaba todo tipo de improperios contra estos profesionales de la mentira descritos a la perfección por Vince Gilligan, Peter Gould y todo su equipo.

Los abogados suelen vestir bien. Son una figura de poder. En eso se parecen a los sacerdotes. Están acostumbrados a escuchar problemas y es muy fácil que utilicen las dudas, problemas y aspectos sombríos de sus consultantes para favorecerse. Una de las grandes enseñanzas de la serie de la AMC es mostrarnos que, en realidad, pagamos a un abogado para librarnos de él. Pues generalmente, nos meten en problemas más grandes que los que teníamos previamente y cuanto más dinero les damos, más quieren. Sus tácticas de manipulación son infinitas. Por lo que el verdadero premio no consiste tanto en ganar o perder un juicio sino en tener la suerte de no encontrarnos con uno jamás. En fin, Better Call Saul nos sugiere que un abogado es parecido a un pistolero. Siempre tiene a mano un bolígrafo y un papel para redactar una demanda y lo peor es que saben cómo utilizar el arma y acostumbran a tener menos piedad que los sicarios. Shalam

اِحْذَرْ عَدُوَّكَ مَرَّةً واحْذَرْ صَدِيقَكَ أَلْفَ مَرَّةٍ

Irritarse por un reproche es reconocer que se ha merecido

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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