Turboviolencia

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Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a Turboviolencia; el inquietante disco de VVV [Trippin’you]. El cual recomiendo leer escuchando uno de los temas que aparecen en él: «Lluvias de marzo».

Turboviolencia

Turboviolencia es una puta locura. Un disco que posee ráfagas de Drum and Bass, sintetizadores post-punk, disparos de techno radikal y punk a lo Atari Teenage Riot, guitarras esquizoides, bombos bakalas, letras distópicas, voces que parecen emerger de los altavoces de un coche gripado, imágenes que pudieran perfectamente proceder de una viñeta de Miguel Ángel Martín y nihilismo por un tubo.

VVV [Trippin’you] reflejan perfectamente en su disco ese momento en el que todos sabemos que la sociedad del bienestar saltó por los aires hace un tiempo pero se resiste a caerse del todo y, debido a su increíble capacidad de mutación, continúa mostrándose joven y renovándose continuamente. Una actitud esquizofrénica que provoca continuas distorsiones cognitivas y psicosis en la población que quedan perfectamente condensadas y resumidas en las letras y melodías de una obra tan molona como las pegatinas de una máquina Arcade y tan hiriente como una mamada en medio de un descampado.

Turboviolencia es un disco tan inquietante y vivo, tan violento, complaciente y corrosivo que a veces pienso que es más una performance que una grabación normal. Es uno de esos discos que no se pueden escuchar a un volumen bajo. Están hechos para ser escuchados en el metro en medio de un paisaje urbano distópico. Pues en el fondo es la celebración de una derrota. Celebra el fracaso de una sociedad lobotomizada por los mass-media cuya vida transcurre en gran medida en las redes sociales. Y describe (más con su actitud que con sus letras) el mundo de mentiras en medio del que vivimos con la pose sensible de los pijos y la violencia de esos bakalaeros de clase obrera acostumbrados a drogarse hasta las patas cualquier fin de semana.

Turboviolencia es una jaula. Es una raya de cocaína. Una sórdida masturbación con ropa interior de lujo. La radiografía sentimental de un mundo en el que primero se pierde la virginidad con un desconocido y con los años se le da un beso en la boca al novio. Es una fotografía musical del proceso de vacío y centrifugado cerebral realizado a miles de jóvenes para los que la libertad ha devenido en un acto de consumo, el amor en vicio, la inocencia en tabú, un trío en aburrido conturbenio amoroso y el aborto en un derecho vital absolutamente inalienable.

Creo que Turboviolencia se grabó o compuso antes del confinamiento, pero lo cierto es que refleja perfectamente aquellos infaustos meses. De todas formas, no es un disco zombi. No habla de la muerte sino de la vida cotidiana. Describe el día a día de la juventud española encerrada en ciudades en las que la fiesta, el deporte y el sexo no son tanto ocio como balas con las que sobrevivir en el transcurso de una guerra en la que nadie sabe quién es el enemigo ni quién el amigo y mucho menos cuándo empezó y cuándo terminará. Todos los ciudadanos andan perdidos en el centro de un balde lleno de orín perteneciente a multimillonarios futbolistas, políticos hedonistas hartos de follar putas, empresarios obsesionados con el nuevo juego de la consola y artistas que venden sus escupitajos a precio de oro.

Turboviolencia refleja ese momento en el que no hay marcha atrás. Es un mapa musical de un país en el que los impuestos crecen salvajemente, todos creen tener siempre la razón, las casas de juegos se reproducen rápidamente en cada esquina, twitter se ha convertido en el mercado público más frecuentado, la literatura ha estallado en mil pedazos irreconocibles y la música se ha convertido en un pase de ropa de marca y cuerpos de gimnasio destinada a festivales parecidos a campos de concentración light o masificados resort.

Turboviolencia no es un disco nostálgico. Es la obra de quien toma una raya de speed sabiendo que no le va a subir el colocón y precisamente por ese motivo la disfruta más. Porque puede darse el lujo de tirar el dinero, la ilusión y la droga por el retrete. Es, sí, en definitiva, la crónica sonora de ese mundo en el que da igual que alguien piense que la tierra es plana, redonda o cilíndrica porque lo que es seguro es que todos estamos bien jodidos. Así que no queda otra que bailar hasta morir. De asco, por supuesto. Shalam

من الجيد جدًا ألا تفعل الشر ، لكن من السيئ جدًا ألا تفعل الخير

Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen…..conejo con radioactividad progresiva….tambien la hay regresiva…..
    2ºimagen….practica de radioactividad regresiva…..
    3ºimagen…..de nuevo la calamidad de como perdimos berlin………
    4ºimagen……el fuego que hay dentro de los sayones…….
    5ºimagen….a mi tambien me gustan francis bacon, gorilaz y willen de kooning……sonrisa…..
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=mr-S7B8SD_E….daylight live stern show….confio en las transformaciones de harry styles, ya se vera……

    • Alejandro Hermosilla on

      1) «Homoconejo» de Alfonso García Villalba. 2) Imagen de capítulo de Black Mirror basado en las teorías de Foucault. 3) Vanguardia tipo Sonar juntándose con la Fura dels Baus y las locuras esquizoides del Niño del Elche. Tablao vanguardista. 4) Imagen real y sin filtros de los presentadores de televisión. 5) Agresividad Manga. Kurosawa ha pasado de moda..jajajja. PD: me gusta mucho el aspecto de la batería y la corista. También los pantalones verdes de Harry. Confiemos en las transformaciones. De momento, ahí está.

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