La crueldad

0

Caravaggio es el único pintor capaz de conseguir que, después de fijarme durante unos instantes en la escena que retrata, le preste atención a las sombras y negros contornos de sus obras, como si allí se encontrara su verdadero sentido y significado. Pienso que porque la oscuridad que rodea a los personajes es un reflejo de sus deseos prohibidos e insatisfechos. Y también, de los insaciables. Realmente, son pulsiones y no un efecto óptico. Ira y rabia contenidas abriéndose paso a través de lienzos que son un intento de retratar verídicamente lo narrado en los Evangelios, destruir las versiones canónicas, mirar de frente cómo es que el amor se impuso a la crueldad e intentar comprender por qué a pesar del advenimiento de Cristo, el mal es imposible de exterminar.

judithLa  fascinación que continúan provocando las obras de Caravaggio radica, a mi entender, en que no hay idealización en ellas. Si acaso, sí, cierto esteticismo y manierismo trasnochado cuya teatralidad consigue que los fondos y negros destaquen más. Consiguiendo, por tanto, dotar de misterio y nocturnidad, de alevosía y furia a escenas que sin esa obscuridad que las rodea podrían parecer superficiales y, gracias a ella, se convierten en trascendentes invocaciones al horror. Al egoísmo y la frivolidad. Presagios de la escritura de Antonin Artaud. Puñales descritos con saña y agudeza por Charles Baudelaire desde un torreón.

Caravaggio lee El Antiguo Testamento y el Nuevo como si fueran un capítulo de El príncipe de Maquiavelo y retrata a los profetas y santos bíblicos en lucha; como si fueran cualquiera de esos terribles condes renacentistas capaces de llegar hasta los límites para conquistar las cimas del poder. Logrando trazar una línea secreta y prohibida que vincula los héroes bíblicos con, por ejemplo, los atroces representantes de la familia Borgia; la ferocidad de los tiempos pasados con la del presente; la ira de Yhavé con la del papado; y las traiciones de los discípulos a Cristo con las habituales y cotidianas en los palacios renacentistas. Las intrigas por convertirse en el ojo derecho de los reyes con las llevadas a cabo por conquistar el amor de dios.

 caravaggio-the-calling-of-saint-matthew1328282570878Caravaggio es un pesimista. Casi un pícaro crecido en medio de los estertores del último saqueo de Roma. Un masturbador compulsivo. Un asesino. El inesperado encuentro entre Francois Villon y el Marqués de Sade en las fronteras de la pintura. Un puñal clavado en el vientre de Miguel Ángel y un guiño cómplice a Da Vinci. El hastío del canon renacentista y eclesiástico. Pero, al mismo tiempo, el masoquista sometimiento a su reglas, leyes y deberes. La traición vista como una de las bellas artes. El deseo de acabar con toda trascendencia. Una súplica oculta por el retorno del paganismo. Shakespeare de viaje de estudios por Italia. Los ojos de satisfacción de los soldados romanos al golpear el cuerpo de Cristo. San Pedro jurando tres veces no conocer al Salvador corriendo a través de callejuelas por las que en cualquier momento puede aparecer un evangelista con un puñal. Los textos santos reinterpretados al cariz de los últimos asesinatos llevados a cabo por la Mafia. Y un desesperado intento de vincular a Roma con su proverbial historia. Casi un escupitajo a la religión.

El arte de Caravaggio es una acusación sin dobleces contra el cristianismo de ser el principal causante del declive del Imperio Romano de Occidente. El encuentro entre el vino y el agua, los mitos latinos y los cristianos, la sangre y la hostia divina. El kitsch homosexual antes de que supiera qué era el kitsch. Y una mirada fascinada a los abismos barrocos. En suma, un imagen crepuscular de Dionisos sodomizando a Apolo en medio de tempestades que preanuncian el romanticismo y el cine de Pier Paolo Pasolini. La eterna subversión.

caravaggio_-_john_the_baptist_1610_oil_on_canvas_159x124cm_galleria_borghese_rome_small-600x0Caravaggio es el Rimbaud de la pintura. La sugerencia y la rotundidad -ambas juntas- hecha arte. La frescura y el hastío. La decadencia y la vitalidad. Y, sobre todo, la venganza. Pues da la sensación de que no hay una sola obra suya que no haya sido trazada como un acto vengativo. Sabiendo que, antes o después, los dardos que estaba colocando en el lienzo golpearían a la persona adecuada incluso después de muerta. Como si estuviera jugándose a las cartas su lugar en la inmortalidad a riesgo de poder ser encerrado en la cárcel o excomulgado para siempre.

El pintor italiano es la violencia ancestral de la tierra siciliana hablando y casi gritando a través del cuerpo flagelado de Cristo, la taimada sonrisa de sarcásticos y violentos ángeles y la carnalidad de las santas. Y también a través de los ojos humedecidos de la Virgen María en trance de ser desgarrada. Es sí, la religión convertida en exhibición y enigma sexual. Y probablemente, en escenario sadomasoquista. Una montaña incontenible de semen invadiendo las catedrales románicas y góticas, anunciando el futuro advenimiento del ateísmo. La contradicción entre el texto escrito y la realidad, la teoría y la práctica que haría desangrarse a cientos de homosexuales creyentes en Cristo. Una clara insinuación de que, tras la represión, se esconde la perversión. Y de que si el hijo de dios volviera a nacer, ni siquiera se le permitiría pronunciar un sermón. A la primera palabra, alguien le rebanaría el cuello con una daga afilada y saldría corriendo, dejando su cuerpo en el suelo para solaz de las ratas. Shalam

إنَّ هَذا الشِّبْلَ مِنْ ذَلِكَ الأَسَدِ

El que nace para ser ahorcado nunca morirá ahogado

encabezado_averia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo