Leones

0

No me extraña que The Sound escogieran uno de los lienzos de Briton Riviére para ilustrar la portada de uno de sus discos: From the lions mouth. Más que nada porque su música refiere a un ocaso. Nace de los estertores del movimiento punk, se encuentra a mitad de camino entre la new wave y el post-punk y comienza a plantear un pregunta clave en el desarrollo del pop y el rock durante las últimas décadas: ¿no es ya este vitamínico estilo musical un cadáver? ¿cuándo morirá?

Preguntas que revelan una conciencia de decadencia que emparentan interna, secretamente sus composiciones con las obras de arte del pintor inglés. Ante todo, porque en la mayoría de ellas, más allá de su esplendorosa hechura, existe una conciencia crepuscular. Hay implícita una despedida. Pues reflejan con precisión el momento en que, debido a la Segunda Revolución Industrial, los animales comenzaron a dejar de ser “daimones”. Potencias de carácter divino con rasgos humanos y salvajes. Pasaron de ser bestias temibles a domesticables. De fuerzas sagradas incognoscibles a sujetos familiares.

daniel-in-the-lions-den-briton-riviereDurante siglos, -al menos hasta la invención de las armas de fuego- los animales reflejaban la fiereza del alma humana y divina. Eran lo innombrable. La presa a cazar y a batir. La pieza sacrificada que daba vida al grupo. De ellos, de su carne, dependía la supervivencia de muchas tribus. Por lo que, consecuentemente, en muchas culturas, los dioses poseían rasgos animales que les concedían fiereza y explicaban tanto su rabia como su carácter imprevisible. Y no era extraño que los grandes héroes y soldados portaran algún fetiche -diente, cabello o zarpa- procedente de un animal, resaltando su valor y salvajismo en combate más allá de toda racionalidad o explicación.

c704c293cde463e542a166ceb0d82276Sin embargo, contrariamente a su naturaleza ancestral, los animales de Briton Riviére no golpean. No muerden el cuerpo de aquellos a quienes acompañan porque han perdido su fiereza. Mantienen cierto aura temible pero ya son -no importa que sean leones y tigres- animales domésticos. Se encuentran domados. Y, de hecho, la tranquilidad de los humanos que se encuentran ante ellos tiene que ver con esta circunstancia. Con un proceso que se ha completado: la racionalización y control absoluto del mundo animal. La instauración definitiva del mundo apolíneo que la tecnología prometía en un principio de la cual, como preconizaba el romanticismo, terminaron de brotar todo tipo de monstruos.

En este sentido, y por comparación con lo dioses-animales del pasado, en las creaciones de Riviére hay una separación absoluta entre animales y hombres. Lo que no significa que exista una objetualización de los animales o una mirada altiva y degradante hacia ellos.  Todo lo contrario. Porque su obra es una sacra despedida de su fiereza. A pesar de su colorido, es un funeral en el que se los identifica por última vez con un objeto santo, mágico. Y se los presenta, aunque han dejado de ser reverenciados y concitar miedo, con un halo maravilloso recubierto en determinados casos de cierta santidad. Como si de alguna forma, su función para la evolución del ser humano se encontrara cumplida. Y estos lienzos fueran un altar de agradecimiento donde además, fuera posible comenzar a vislumbrar el futuro desarrollo de las relaciones humano-animal. Y ese porvenir probable influyera a su vez en el pasado, transformando de algún modo, las nociones que teníamos de esta ligazón desde nuestra estancia en el jardín del Edén

2bddf690f767fe4f2bbade282cf23059Lo curioso del caso es que aunque Briton Riviére ha pasado a la historia de la pintura por sus retratos de animales, a mí lo que me llama la atención, al menos en primera instancia, son las figuras humanas que retrata. Las cuales -es cierto- no destacarían tanto de encontrarse solas. Pues entiendo que su pureza, marcialidad, porte y gestos cobran realce y trascendencia junto a las  bestias con las que se encuentran fijadas en el lienzo.

Frente a los caballeros y doncellas retratados por Riviére vuelvo a sentir, recuperar el “aura” mágico y magnético que durante ciertas épocas poseían los seres humanos. Probablemente por el hecho de que el artista inglés guarda en su estilo algunos de los rasgos del romanticismo. Se siente arrastrado por el vértigo de su tiempo pero aun se encuentra fascinado por el pasado y las temáticas idealizadas por los artistas románticos. De tal forma que no sería extraño considerarlo un cruce extraño entre un pre-rafaelita y un costumbrista. Un incipiente decadentista y un acomodado burgués de la era victoriana (o en este caso, eduardiana). Además de un extraño precursor del kitsch y “lo cursi” porque, sin dudas, algunos de sus retratos en tonos apastelados y acaremelados, han servido para decorar cientos de habitaciones de niños (y no tan niños) platónicamente enamorados de sus mascotas. Aunque, en algunos casos, como en sus incursiones medievalistas o clásicas, consiguió penetrar en los linderos del más allá, alumbrando imágenes misteriosas de hermosos simbolismos. Una extraña actualización pictórica de los textos de Novalis y las leyendas artúricas.

briton_riviere_-_requiescat_-_google_art_projectTal y como me ocurre cada vez que escucho un disco de The Sound, cuando enfrento los lienzos de Riviére siento paz. Tal vez por su capacidad de realzar, iluminar (y en algún caso mistificar) las más cotidianas escenas o de conseguir naturalizar tanto lo fantástico como lo clásico. O quién sabe si por el respeto con el que contempla y retrata cualquier actividad y personaje. Pues como ya apunté anteriormente, a pesar de que los más fieros animales aparecen domesticados en sus lienzos, no pierden su “aura” ni su esencia. Al contrario, esta -sea cual sea- es realzada. Porque el artista británico desea que su luminosidad no se pierda entre las luces del progreso industrial. Consiguiendo dotar a sus retratos de una fuerza que trae de vuelta la “potencia” daimónica del animal. Tal vez porque es consciente de que el fin de los dioses-animales representa también el de los hombres-dioses, el ocaso del misterio humano y el progresivo advenimiento del gobierno de las maquinas. Un viaje apocalíptico dominado por la bomba milagrosa. La explosión total que termina con todo rasgo de espontaneidad en los hombres y animales y, consecuentemente, también en la cultura.

eb9628dc11558cb7da05eda57af5289aEn fin, creo que si Riviére no ha perdido su halo seductor es porque sus lienzos encarnaron una de las últimas posibilidades de observar la pureza animal. La bestialidad humana y la humanidad bestial. Ciertos aires de libertad entretejidos aún en los rugidos de las panteras.

De hecho, la siguiente ocasión en la que los occidentales prestaron atención a los animales ya no sería en una obra de arte sino en un zoológico o en el cine. Convertidos en esos mutantes o gigantescos monstruos -King Kong- a través de los que distintos creadores intentaban recuperar su naturaleza divina y hacer reaparecer ese incontrolable terror que, desde tiempos inmemoriales, provocaron en humanos de distintas razas y culturas. Un miedo ancestral que los rifles y explosivos vencieron quién sabe si para siempre o hasta que se produzca de una vez el FIN y se haga realidad el futuro distópico augurado en obras de ciencia ficción del cariz de El planeta de los simiosShalam

إِذَا دَرَّتْ نِيَاقُكَ فَاحْلِبْهَا

El hombre que se levanta es más grande que el que no ha caídoencabezado_averia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo