Scherezade

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La Scherezade de Ferdinand Keller es la viva imagen de la lujuria, el pecado y la abominación. Una Scherezade más parecida a una matrona bíblica que a la sutil, sensual mujer descrita en Las 1001 noches. De hecho, no parece estar narrando una de esas historias llenas de alfombras mágicas, tapices persas y esclavos negros que aparecen en el libro oriental sino estar aludiendo a batallas y guerras del pueblo judío o a los airados gritos de Jahvé.

Existe algo sádico en esta Scherezade. Cierto matiz perverso que su mirada esconde. Esta Scherezade no parece indefensa. Es una mujer sensual, sí, pero también fuerte.  Tanto que cabría pensar que no es su vida la que corre peligro sino la del sultán y que si éste no la escuchara con atención sería su cabeza y no la de la bella mujer la que rodaría por los mosaicos de su palacio. Esta Scherezade me recuerda a Salomé. No parece una narradora sino una bailarina. Guarda en su interior brumas del espíritu de Krinilda y anuncia estallidos de niebla sobre la conciencia humana: guerras, locura y decadencia.

Percibo que Keller se encuentra fascinado por Scherezade. Seducido, abrumado y asustado por sus encantos. En cierto sentido, creo que vislumbra el mundo cultural persa como una amenaza. Que siente muy profundamente que el arte de los pueblos germánicos es inferior al de esta civilización proverbial. Inmemorial. Keller está enamorado de Scherezade y desea destruirla. Encadenarla a un árbol y golpearla. Su Scherezade, en gran medida, es una bruja. Un reflejo que sobredimensiona no tanto las dulces perlas y frutos cultivados en Oriente sino la oscuridad occidental: los oscuros templos calvinistas, el negro Medievo o las cruces de hierro ardiendo grabadas en las espaldas de los herejes.

Esta Scherezade es inquietante porque no necesita masajear los intestinos de los perros para realizar un conjuro. Sus hechizos son sus palabras. Cada una de las narraciones recitadas con su voz tersa, sensual y oscilante capaz de relajar, entumecer y despertar la lujuria del esforzado trabajador protestante. La Scherezade de Keller, sí, es peligrosa porque incita al ocio. A disfrutar del tiempo libre. No invita a trabajar sino a soñar. Es la comandante de una rebelión. Una deliciosa serpiente que conduce a sus enamorados a alzarse contra el Estado y cortarle la cabeza de un tajo al sultán. Shalam

الْبِطْنَةُ تُذْهِبُ الْفِطْنَةَ

                 La gordura es enemiga de la sagacidad

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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