Razbityye goroda

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Dejo a continuación la decimosegunda reseña del libro Los 100 mejores discos del Siglo XX. En este caso, dedicada a Razbityye goroda de Karamazov. La próxima semana me ocuparé del puesto 88 en esta lista: knep del grupo sueco Svarta Tornet.

Quien desee por cierto saber más del proyecto puede pinchar en el enlace siguiente:

http://www.averiadepollos.com/los-100-mejores-discos-del-siglo-xx/

Y quien quiera leer la reseña anterior puede hacerlo aquí:

http://www.averiadepollos.com/razbityye-mechty/

Si alguien se anima, asimismo, a leer este texto con música, le recomiendo hacerlo escuchando este tema de The Third Eye Foundation: «Lost».

89. Karamazov. Razbityye Goroda. (1975)

En uno de los libros esenciales, Paz y Gravedad, de la sociología contemporánea, el filósofo iraní Roshni Norouzi afirmaba que “la verdadera guerra comienza justo cuando terminan los conflictos y enfrentamientos armados. Cuando ya no se corre el riesgo de ser herido por el disparo de una bala”. Una célebre frase que describe perfectamente la tensión que, durante los años posteriores a la caída del Imperio germano-nipón, se produjo en muchos países como es el caso de Italia, Austria, Alemania o USA.

En cualquier caso, esta sentencia no es sólamente útil para reflejar una situación política-social sino que también lo es para comenzar a comprender algunos de los referentes y motivos en los cuales se inspiró Karamazov (seudónimo a través del que el moscovita Rodion Vólkov homenajeaba a su adorado Dostoievsky), para dar a luz gran parte de su obra. Una obra enigmática, espectral, de morfología ténebre que se convirtió en una de las más lúcidas y certeras radiografías que se conocen sobre los años de la post-guerra europea y la progresiva decadencia occidental.

Rodion nació en Moscú pocos años antes (1942) de la firma de tratado de no agresión (algo que, de manera más o menos velada, suponía una declaración de colaboración) entre el régimen nazi y el estalinista. Su madre era una reputada cantante de ópera y, en cuanto la Segunda Guerra Mundial concluyó, viajó junto a ella por los más diversos países donde tuvo la oportunidad de asistir a clases de canto y composición con reputados maestros y familiarizarse con distintos instrumentos pero, a su vez, de tomar contacto con una realidad muy distinta a la que tanto la propaganada stalinista como nazi pretendían vender. En esencia, sí, la tan manida «reconstrucción mundial» no era tal. Tanto en países victoriosos como es el caso de Italia como en derrotados como Francia o Inglaterra pesaban más las bajas y pérdidas, los destrozos realizados en edificios emblemáticos o sagrados, que el febril deseo de reconstrucción. Occidente, sí, se encontraba traumatizado. En ruinas. Era tierra desolada.

A mediados de los 60, gracias a su esmerada educación musical y contactos, Rodion fue contratado por empresarios cinematográficos germanos para dar forma a un experimento muy interesante. Realizar la banda sonora de unas cuantas películas mudas alemanas que el régimen nazi deseaba proyectar en los cines de media Europa. Una experiencia que sería capital para animarle a grabar música centrada en sus propios proyectos: soundtracks de una época repleta de incertidumbres marcada tanto por la pesadumbre y la tristeza como por cierta esperanza y, por supuesto, los excesos triunfalistas germanos.

Desde su primer disco, (Odinochestvo), Karamazov trabajó añadiendo leves sonidos de ritmos programados a las tenues composiciones que componía, interpretadas por lo general por una pequeña orquesta clásica -que, en ocasiones, quedaba reducida a cuarteto de cuerda-. Describiendo gracias a pasajes abstractos, espectrales y, en su mayoría, inquietantes, el espíritu de su época. En cualquier caso, algunas de sus primeras obras (por ejemplo, Vibratsi o Zasushlivyye zemli) no fueron más que experimentos para encontrar su propia voz y mirada. Algo que se produjo definitivamente en 1975 cuando, en medio de un clima enrarecido debido al progresivo debilitamiento del régimen nazi tras haber sido traicionado por el jerarca ruso Boris Gólubev, da a luz el lánguido y hermoso Razbityye Goroda. Un disco que rezuma decadencia y tristeza a partes iguales que dedicó a las ciudades destrozadas tras la Segunda Guerra Mundial y acompañó de un sobrio álbum fotográfico de las mismas.

Ya desde la escucha del primer tema con el que se abre el disco, el intrigante “Stolbets”, sentimos que nos encontramos en un lugar que nos es tan familiar como inhóspito, tan perturbador como acogedor. Resulta en cualquier caso difícil resistirse a la fuerza con la que las baterías programadas revolotean insistentemente por toda la composición persiguiendo nostálgicas melodías en medio de las que violines, contrabajos, tambores y todo tipo de instrumentos dialogan acerca de la levedad humana, en lo que parece una especie de danza carnavalesca fúnebre.

En realidad, la genialidad del disco de Karamazov radica en su capacidad de añadir un aroma sobrenatural a su tono maquinal y abstracto. A unas composiciones que se encuentran tan cerca del infierno como del cielo en las que se presiente ese algo indefinible, casi divino, que ciertas obras de arte poseen. Probablemente porque Karamazov no se contentó únicamente con describir un estado de cosas. De ser así, le hubiera bastado con ir filtrando ritmos programados tras las ingrávidas notas de un piano, un saxofón o un chelo. Sin embargo, lo que el músico intentó fue mucho, mucho más osado: fomar una especie de trágico caleidoscopio coral del que brotaban melodías íntimas, secretas, sagradas que tenían su primer referente en coros y canciones clásicas de la música rusa. Por tanto, utilizó los ritmos electrónicos como un color más que recubría las envolventes masas sonoras desarrolladas y a los distintos instrumentos de la orquesta para dotar de todo tipo de tonalidades y connotaciones -tristes e inquietantes en su mayoría- a unas composiciones que describían con una descomunal intensidad al Occidente de la postguerra. La fragilidad espiritual de los habitantes de ciudades en continua reconstrucción que se habían convertido, en cierto modo, en purgatorios.

En esencia, por tanto, Karamazov puso en contacto musicalmente el pasado remoto de Rusia con su fulgurante presente tecnológico. Y se dedicó a describir la incertidumbre europea en composiciones que no dejan de soprender -en ocasiones, incluso de asustar- cuando se escuchan. Hay algunas de hecho que dejan en el oyente un sabor parecido al de un vaso de fuego helado. Se encuentran llenas de calor; de letanías y cánticos conmovedores que podrían escucharse en cualquier iglesia pero, a la vez, son frías; describen sobriamente el inhumano mundo regido con mano firme por Hitler y el emperador japonés Itoku. Tal y como deja claro, por ejemplo, la melancólica y aguerrida «Barrikady» en la que un saxo hace virguerías continuas mientras un coro de inhóspitas, telúricas voces que parecen proceder del infra-mundo entona una especie de mantra infinito e inacabable -AOAM- que aparecerá y desaparecerá continuamente a lo largo de un disco irrepetible, infinito, inagotable. Shalam

الفلسفة ليست عقيدة ، لكنها نشاط

La filosofía no es una doctrina, sino una actividad

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen….la «farola», cada vez que hacia un encargo el arquitecto calatrava tendria que haber puesto una farola a una distancia y grados determinados como firma de su «obra»……(mejor una cerilla usada)….jajajj
    2ºimagen……pvp de un ladrillo macizo 0,30€……..calculemos¡……
    3ºimagen……perfecto equilibrio izq – dech…..tambien de planos (la sombra)…..
    4ºimagen……con el trabajo que cuesta hacer una casa y mira cuanta idiotez¡……..
    5ºimagen…..limpiamos todo….las torres verticales sobre todo….solo dejamos las paretas de 2 a 5m o sus prolongaciones en horizontal…….el titulo es el jardin de los ladrillos…..sonrisa…..
    6ºimagen…… hierro a 0,20€ el kg …..anthony caro(1924-2013), (el escultor ingles plenamente industrial…..en 1945 tenia 21 años……..
    PD…..https://www.youtube.com/watch?v=eJbWwVxug0M….fred astaire´s dancing &golf tricks….en estos ladrillos de las fotos vivirian encantados tom &jerry, bailando el claque de fred astaire………sonrisa

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Imagino esas torres como zigurats y los edificios como torreones. Ciudad mesopotámica en medio de las aguas. 2) Fotografía para ilustrar una libro llamado «La decadencia del Imperio romano». 3) La furia de Atila. 4) La frase que tú me pones es digna de Buñuel. Casas rotas que parecen influenciadas por las casas típicas mayas. Encuentro entre civilizaciones desmoronadas. 5) Bonita frase: «el jardín de los ladrillos». Yo me imagino esta fotografía apareciendo o bien al principio de un filme de Win Wenders o en medio de un filme de Chris Marker. 6) Imagen con la que comenzaría un filme de Resnais o de Max Ophuls. A elegir. A partir de aquí el libro o el juego de cartas trazaría un argumento u otro. PD: Excelente gag de Astaire. El espectro de la ideología. Cuando alguien baila jugando al golf, quiere decir que la sociedad enla que se encuetra es opulenta. Los que vencen la Guerra bailan siempre.

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